domingo, 4 de octubre de 2015

¿SALIMOS TAMBIÉN NOSOTRAS DE LA CRISIS?



Los brotes verdes están asomando tímidamente, o al menos eso apuntan algunos datos macroeconómicos, a pesar de que cuando bajamos al terreno de lo cotidiano esas cifras no acostumbran a resistir la prueba del algodón. Aun suponiendo que verdaderamente haya motivos para el optimismo, ¿veremos esos rayos de sol en igual proporción las mujeres y los hombres?

De vuelta a los datos, todo parece indicar que no. Si nos fijamos en los más recientes, el paro registrado en septiembre aumentó 5,5 veces más para las mujeres que para los hombres. Ahora hay en España casi 400.000 mujeres desempleadas más que hombres buscando trabajo.

El punto de partida ya no era el mismo, las mujeres entrábamos con desventaja en ese periodo oscuro y cuasi barroco que empezó llamándose recesión y desembocó en una de las crisis más terribles de los últimos tiempos. Una crisis que ha dado al traste con las esperanzas e ilusiones de muchas familias que se han quedado sin trabajo y en muchos casos también sin hogar.

Y la salida tampoco será igual para ellos que para ellas, porque por el camino, y con la excusa de la crisis, el neoliberalismo ha dado al traste con muchos de los derechos conseguidos en las últimas décadas, con esfuerzo y con lucha, por las trabajadoras y los trabajadores. La reforma laboral ha precarizado el mercado laboral, que ya nunca será lo que fue. Los contratos indefinidos son ya poco más que una anécdota en un marasmo de contrataciones temporales, en muchos casos por días o incluso por horas. Y las mujeres son, ahora más que nunca, candidatas a dedicaciones parciales. La feminización de la pobreza es un hecho, especialmente entre las familias monoparentales, que están compuestas en la mayoría de los casos por mujeres y sus descendientes.

Por si todo eso fuera poco, los recortes en políticas sociales afectan aun, lamentablemente, mucho más a las mujeres. Lejos de conseguir liberarse del rol de cuidadoras, se ven obligadas cada vez más a dedicar tiempo al cuidado de las personas mayores -descuidadas por una ley de la dependencia que se ha reducido a la mínima expresión- y de las niñas y niños que ya no tienen oportunidad de acudir a las guarderías que el neoliberalismo en auge ha cerrado o ha dejado de subvencionar. Una consecuencia de todo ello es la reducción de las tasas de actividad femenina: las mujeres están volviendo a renunciar a la conquista del ámbito público para replegarse de nuevo en el privado, esto es, en el del hogar. ¡Enhorabuena, pues, a los defensores del patriarcado, os estáis asegurando su perpetuación!

No podemos conformarnos con una salida de la crisis que devuelva a un estatus parecido al de hace más una década a tan solo la mitad de la población. Para poder tener esperanzas de recuperación verdadera, la sociedad poscrisis debe sustentarse en el talento del cien por cien de sus componentes, no puede permitirse el lujo de renunciar a la mitad. En España, la economía basada en el ladrillo, un sector altamente masculinizado, nos llevó a padecer de una manera especialmente contundente la crisis. No repitamos, pues, esos modelos fracasados. El siglo XXI debe avanzar, por el bien común, hacia la igualdad plena y tiene que hacerlo generando un nuevo modelo económico y social. Si no es así, tendremos crisis para rato.

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