viernes, 8 de febrero de 2019

UNA, GRANDE Y MACHISTA 


Las mujeres, y también muchos hombres con conciencia igualitaria y feminista, estamos indignadas. Indignadas pero poco sorprendidas. Estamos viendo la materialización de un desastre anunciado. Sé que no consuela, pero por lo menos debería hacernos reflexionar como sociedad. Deberíamos plantearnos la verdadera importancia de ejercer el derecho y a la vez deber democrático del voto con mayor responsabilidad. Y eso va no sólo por los que lo ejercen y luego se arrepienten o reniegan de la opción elegida sino, sobre todo, por quienes se quedan en casa el día de las elecciones.

Un partido de extrema derecha obtuvo doce diputados en un parlamento autonómico, en Andalucía, el pasado 2 de diciembre. Ahí estuvo la sorpresa porque ninguna encuesta, ningún experto o experta fue capaz de vaticinarlo. Lo que está ocurriendo a consecuencia de ese resultado, era de esperar. Ese partido puede, y debe, ser acusado de muchas cosas relacionadas con su falta de cultura e intención democráticas, pero nadie de las casi 400.000 personas que le votaron puede decir que le engañaran. Cosa distinta es que algunas ya estén arrepentidas. pero lo que es incuestionable es que se presentó a las elecciones con las cartas sobre la mesa. Su programa, incluso en su versión reducida de 100 medidas, habla de derogar las leyes de igualdad y sobre violencia de género, así como de otras muchas propuestas que suponen una clara involución en los pasos hacia adelante - a veces con titubeos, cierto - dados por este país en los últimos cuarenta años, esto es, en Democracia.


Derogar el Estado de las autonomías para regresar al Estado centralizado:  "Una, Grande y Libre", ¿recuerdan? Proteger a la familia, pero no a todas las familias ni a sus diferentes versiones, sino a la tradicional, la que fundamentaba las bases del Régimen, con la mujer en casa y con la pata quebrada, familias numerosas a las que hace sesenta años se otorgaban premios y distinciones, como refleja este NODO, y más permisos de maternidad, que no de paternidad, porque la corresponsabilidad es cosa de rojos y feminazis. Pretenden, además, una tarifa plana impositiva que termine con la progresividad del IRPF y, en consecuencia, con la redistribución de la riqueza. Vamos, que contribuyan de igual manera los que cobren 15.000 euros anuales que los que ingresen 60.000 al año. Privatizar las pensiones, eliminar cualquier enseñanza relacionada con la coeducación, la ética o la educación sexual... Y, por supuesto, arremeter contra el aborto, sacarlo de la sanidad pública. Y frenar, como no, la eutanasia que el PSOE quiere aprobar, que hay que "proteger la vida desde la concepción hasta la muerte natural", aunque sea con sufrimiento insoportable y se trate de una vida indigna de ser llamada así.

No me estoy inventando nada, ni siquiera exagero. Hay muchas más aberraciones en el programa de ese partido que atenta contra los fundamentos de nuestra democracia y contra los derechos humanos, porque los derechos de las mujeres, de la mitad de la población española, están amenazados. No sería así si la derecha española fuera como la francesa, por ejemplo. No habrían saltado todas las alarmas si, como ocurre en otros países europeos, la sombra del fascismo hubiese topado frontalmente con un muro de solidez democrática construido al unísono por derechas e izquierdas. Lamentablemente, PP y Ciudadanos están cediendo a las presiones de ese partido ultraderechista para poder conseguir lo que ansían: el poder. Ni regeneración, ni nada de nada, solo el poder, cueste lo que cueste. 

Pero me temo que es aún peor que eso. Ese partido, su líder sin ir más lejos, se gestó en el seno de esos otros que ahora pactan con él. Y dirigentes de PP y de C's comulgan con sus esencias. Hace bien poco, el PP anunció que iba a abordar de nuevo el tema del aborto porque "no lo considera un derecho" . Tampoco hace tanto que Ciudadanos ponía en cuestión la ley sobre violencia de género y que uno de sus diputados, virtual candidato a las autonómicas en Valencia, Toni Cantó, defendía la existencia de denuncias falsas a mansalva. Por todo esto, es entendible que, pese a sus resistencias de cara a galería, les cueste poco renunciar a algo en lo que realmente o no creen o consideran meramente accesorio e insustancial. Por eso no me sorprende lo más mínimo que Moreno Bonilla esté cediendo a las pretensiones de los ultraderechistas en materia de violencia de género.


Todavía hay una oportunidad para rectificar en ese camino con renglones torcidos que han empezado en Andalucía. Aún está a tiempo la derecha española de demostrar que está a la altura de sus compañeros de grupos políticos en la UE quienes, por cierto, ya han lanzado señales de alarma ante esos posibles pactos. No soy nada optimista, por todo lo dicho y citado. Pero, desde luego, ocurra lo que ocurra en Andalucía, habrá que aprender la lección. Y decir la verdad. Y escucharla. Y actuar en consecuencia. 

Como dijo George Orwell, "en una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario". Quizás ir a votar y hacerlo con responsabilidad también lo sea. 

Artículo publicado el 5 de enero de 2019 en Tribuna Feminista

viernes, 4 de enero de 2019

TODO ATADO, PERO MAL ATADO 

El patriarcado está reactivo. Sus defensores siguen haciendo lo que siempre han hecho, imponer sus modos y criterios y echar un pulso, por decirlo finamente. Los hacen a través de sus resortes en las instituciones. Lo hacen a través de sus aliados en la judicatura, en la política, en los medios de comunicación y en la Iglesia. Todo en orden. Todo atado y bien atado. Pero, pese a sus ansias de involucionismo, el siglo XXI ha traído la afirmación del feminismo, determinado a frenarlos.

Los cinco miembros del Tribunal Superior de Justicia de Navarra han confirmado la condena a los procesados por la violación de los sanfermines, conocida para bien o para mal como La Manada. Lo han hecho sin ponerse de acuerdo entre ellos. Algo que, vista la sentencia, no es del todo malo. Si queremos ver la botella medio llena - cuestión que no está exenta de dificultades en este caso bochornoso de justicia patriarcal- tenemos que valorar la disonancia de los dos miembros del Tribunal que sí ven lo que ocurrió, esto es, una violación en toda regla. Luego, los hechos probados y la podrían haber dispuesto al resto de los jueces a pensar lo mismo que los dos que han suscrito un voto particular. pero no ha sido así, igual que ocurrió con la primera sentencia del caso, la de la Audiencia Provincial. Además, la Sala ordena que se dicte una nueva sentencia respecto al delito contra la intimidad del que fueron absueltos y, de ser así, la pena de prisión inicialmente fijada en 9 años podría agravarse. 

Cabe preguntarse qué formación y qué poso ideológico campa por las mentes de ciertos magistrados para no ver lo obvio. Pero, sea como fuere, y ya que por falta de perspectiva de género en la aplicación de la ley o por ideología intrínseca - vamos, de serie- en ciertos casos, no sólo en éste, pasa lo que pasa y tenemos sentencias como la referida, urge cambiar el Código Penal. Y urge formar a los y las jueces que abordan temas relacionados con las violencias machistas. En ambas cosas está el Gobierno. El grupo de expertos y expertas de la Comisión de Codificación del Ministerio de Justicia están trabajando en la reforma para sacar de la legislación española el término abuso y considerar como agresión todos los atentados contra la libertad sexual. Y, así, recuperar el delito de violación y dejar poco o nulo margen a la interpretación. En cuanto a la formación de la judicatura, sólo recordar que la primera ley que presentó el grupo socialista para su tramitación en el Congreso tras la formación del nuevo Gobierno de Pedro Sánchez se refería a eso.  

Ahora bien, la batalla va más allá de los tribunales. Pese a la reacción indignada de la sociedad española ante sentencias como la que vuelve a ser noticia, un partido de extrema derecha asoma la cabeza en el Parlamento andaluz. Lo hace diciendo que quiere derogar la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Y casi 400.000 personas van y le votan. Eso sí, son en un 80% hombres. Quiero pensar que a esas 400.000 personas les importa la vida y la dignidad de sus hijas, de sus hermanas, de sus madres. Lo peor es que quien encabeza la lista que han votado es un juez de familia que manifestó en su día claramente su animadversión ante la citada ley y que prevaricó. ¿Habrá más jueces y fiscales, quizás algunos de violencia sobre las mujeres, o de familia, que simpaticen con esos postulados de Vox? 


En la Iglesia, ya han dicho amén al resultado de las elecciones en Andalucía. El obispo de Córdoba ha celebrado con un "espectacular" como calificativo el vuelco electoral en aquella comunidad. Más allá de si la curia debe o no pronunciarse políticamente - yo creo que cada cual a lo suyo, si no, que no se ofendan cuando los políticos opinamos sobre temas por los que se sienten especialmente aludidos- lo que ha hecho hoy Demetrio Fernández es hundir a la iglesia española aun más si cabe en el pretérito y la anacronía. Un dato: fue el mismo obispo que se negó a apartar de sus funciones pastorales a un cura condenado a varios años de cárcel por abusos sexuales contra una niña. El mismo que sentenció que "cuanto más varón sea el varón, mejor para todos en la casa" porque aporta la protección y la seguridad. Cuánto más mujer y más femenina sea la mujer, mejor para todos en casa".

Hoy me he sorprendido a mí misma desempolvando el primer libro que publiqué, hace ya quince años, "Soy mujer y pretendo trabajar". Citaba allí al jesuita Enrique Herrera Oria quien aseguraba, allá por 1941, en los primeros años del franquismo, que "el error sectario que ha habido en España en los últimos años antes del Movimiento ha sido apartar a la mujer de su futura misión de madre de familia, llevándola a los centros de educación en las mismas condiciones de los hombres". El franquista ya tiene su digno heredero. Pero la diferencia es que estamos en una democracia consolidada y que las mujeres, que sólo en una ínfima minoría apoyan estos postulados eclesiásticos, políticos o judiciales, estamos también reactivas frente a estas ofensas contra nuestra dignidad y contra nuestros derechos. Ladran, luego cabalgamos. Ah, y no es abuso, es violación.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

NUESTRO CUERPO Y EL CAPITALISMO 

Acción, reacción. Las feministas estamos hartas de que el capitalismo busque excusas y cómplices que parapeten e intenten justificar su pretensión de utilizarnos a las mujeres como objetos para seguir lucrando las arcas de algunos. Lo hemos gritado en las calles de las principales ciudades con motivo del 25 de noviembre, Día Internacional por la Erradicación de la Violencia hacia las Mujeres. No consentiremos que ni partidos políticos ni tampoco algunas organizaciones que se reclaman feministas pero que han optado por una deriva peligrosa para los objetivos del feminismo, usurpen nuestros lemas, tergiversen y manipulen nuestras profundas convicciones, o nos descalifiquen. Lo acabamos de vivir con algunos cansinos intentos de defensa de dos cuestiones que atacan al núcleo de los derechos de las mujeres, a través de la mercantilización de sus cuerpos disfrazada, con mayor o menor habilidad, de libertad sexual: la prostitución y los vientres de alquiler.

En Barcelona, la alcaldesa Ada Colau continúa haciendo proselitismo del proxenetismo. Así, tal cual, sin ruborizarse. Lo último, el Consejo de la Juventud de la capital catalana coorganizaba con Aprosex y Otras una charla titulada "Feminismo y trabajo sexual"En un equopamiento declarado de interés histórico por el ayuntamiento. Desde que accedió a la alcaldía, Colau ha tenido como una de sus principales obsesiones el apoyo y legalización de la prostitución. Ya en 2015 intentó una regularización de los locales, acogiéndose a una propuesta de Ciudadanos, pero las críticas lideradas por el PSC la obligaron a retractarse. Ante la polémica inscripción de los estatutos del sindicato Otras, de nuevo la alcaldesa y su gobierno salieron en su defensa y en contra del empeño del Gobierno socialista de deshacer el entuerto que le costó el cargo a una directora general  del Ministerio de Trabajo. 

Este intento, felizmente fallido, de legalización de un sindicato que pasaba por defender los derechos de las mujeres que ejercen la prostitución cuando en realidad defendía los de la patronal - ergo, no es un sindicato - no es sino una de las muestras de rearme y ofensiva del capitalismo frente a un movimiento feminista que está poniendo en evidencia sus ansias depredadoras. Algunos medios se han hecho ya eco del dinero que mueve los hilos del fracasado "sindicato de prostitutas", y no es dinero del que se beneficien ellas precisamente. A pesar de ello, instituciones, partidos políticos y personas que se reclaman feministas - luego deberían defender verdaderamente los derechos de las mujeres, máxime de las más vulnerables- apoyan estos postulados tras los que se esconde el neoliberalismo más feroz. Como dice Rosa Cobo en "La prostitución en el corazón del capitalismo", a medida que se han globalizado las políticas económicas neoliberales, ha ido en aumento la industria del sexo. Una industria que, no olvidemos, está indefectiblemente ligada a la trata de seres humanos con fines de explotación sexual. Ya en 2014, una resolución del Parlamento Europeo consideraba la prostitución como un fenómeno con innegable componente de género y una forma de esclavitud incompatible con la dignidad de la persona y sus derechos fundamentales.

Otros intentos del capitalismo para hacer negocio con el cuerpo de las mujeres, pasan por legalizar algo que es rotundamente ilegal en España: los vientres de alquiler. Y no, no los voy a llamar como quiere Ciudadanos o Son Nuestros Hijos, con eufemismos del tipo "gestación subrogada" porque prefiero llamar a las cosas por su nombre. Esta semana han aparecido carteles en Madrid y Barcelona defendiendo esta práctica ilegal con uno de los lemas más emblemáticos de la lucha feminista, el que sirve para defender el derecho de las mujeres a abortar: "Nosotras parimos, nosotras decidimos". Y ahí está el error, que no es tal sino un burdo intento de manipulación. Las mujeres que deciden abortar, lo hacen en conciencia. Lo hacen por mil causas que se resumen, básicamente,  en que no quieren o no pueden traer al mundo a una criatura en el momento en el que la naturaleza ha decidido convertirlas en gestantes. Hay incluso abortos que salvan vidas de mujeres, no lo olvidemos. En cambio, las mujeres que venden sus vientres para gestar el hijo o hija de otros son, en el mejor de los casos, personas con alta vulnerabilidad que de la misma manera que venden su vientre podrían terminar vendiendo, por necesidad, un riñón o su propia sangre. Y quienes gestan para otros, lo hacen con un alto precio para su libertad y para su salud mental y física. Yo, a eso, no le llamo libertad sino esclavitud.

En la madrileña plaza de Callao se han iluminado pantallas publicitarias que cuestan mucho dinero con un reclamo feminista utilizado por una asociación pro vientres de alquiler. Sus defensores usan la misma estratagema que los proxenetas al presentar mujeres supuestamente libres y pretendidamente elegidas al azar entre el colectivo para defender la causa. En "El Proxeneta", Mabel Lozano recoge el testimonio de un ex empresario del ramo arrepentido y cuenta como la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne, ANELA, dedica ingentes recursos a la creación de foros en Internet y redes sociales para lavar la cara a la prostitución. Amelia Tiganus, - que igual que El Proxeneta también lo ha vivido desde dentro, en este caso como víctima-, dijo hace poco que hay gente infiltrada en el feminismo para frenar la ofensiva contra la prostitución. Gente aliada con el capital, con los que son capaces de utilizar a las mujeres más vulnerables para enriquecerse, sin ningún escrúpulo. Algunos partidos que aún no se han definido respecto a estos temas y otros que lo han hecho del lado del capital y del patriarcado mientras se reclaman de izquierdas y feministas, deberían hacérselo mirar. 

Es el capitalismo aliado con el patriarcado, estúpidos. Por si alguien no se había dado cuenta.

Artículo publicado en Tribuna Feminista el 29 de noviembre de 2018

miércoles, 28 de noviembre de 2018

NO VALE MIRAR A OTRO LADO 


El Gobierno está desarrollando el Pacto de Estado contra la Violencia de Género que el Congreso aprobó en septiembre de 2017. El ejecutivo de Pedro Sánchez le está dando cumplimiento, sin mirar hacia otro lado e intentando recuperar el tiempo perdido por un PP que nunca creyó en él, que sólo se vio arrastrado y no tuvo más remedio que asumirlo. 

Este domingo, 25 de noviembre, se conmemora el Día Internacional por la Erradicación de la Violencia contra las Mujeres. Un día en torno al cual se articula la visibilización de la lucha contra las violencias machistas. Afortunadamente, es una cuestión que ha conseguido calar en la agenda política, en la mediática y que está permeando en la sociedad, aunque con distintas graduaciones. Una cuestión de suma gravedad que se está empezando a abordar más allá del 25N. 
Foto: La Hora Digital

Sin duda, es el feminismo el que está marcando su agenda y, en ella, éste es un tema prioritario y urgente. Para el anterior Gobierno del PP, en cambio, no lo fue. Sólo accedió a sentarse a negociar el Pacto de Estado cuando perdió la mayoría absoluta. Lo pactó, lo aprobó pero no lo dotó económicamente en los Presupuestos del Estado de este año. De nuevo fue la oposición, encabezada por el PSOE, quien forzó a través de enmiendas el cumplimiento de los compromisos económicos que incluye. Tampoco impulsaron los populares ninguna medida de las más de doscientas que configuran ese acuerdo que es de mínimos, sí, pero que está anclado en el consenso. 

El pasado mes de junio, nada más vencer en la moción de censura y conformar un ejecutivo, Pedro Sánchez hizo gala del feminismo intrínseco a su gobierno y pasó a los hechos. La primera ley que el grupo socialista llevó al Congreso fue la que modifica la Orgánica del Poder Judicial y que contempla la formación de los operadores jurídicos para que puedan abordar adecuadamente los casos de violencia contra las mujeres. Para que no se produzcan sentencias como la de la violación de los Sanfermines, conocida como de La Manada. Ahora se trabaja para reformar el Código Penal en lo que afecta a delitos sexuales, de manera que, sin un sí explícito, todo lo demás sea un no rotundo. 

En agosto, una nueva iniciativa legislativa recogía algunas medidas urgentes para el desarrollo del Pacto de Estado. Entre ellas, la devolución de competencias en esta materia a los municipios, que es donde se atiende, en primera instancia y desde la proximidad, a tantas y tantas mujeres que sufren violencia de género. A las medidas recogidas en el decreto del 3 de agosto se sumarán otras hasta completar en los próximos meses, con la mayor celeridad posible y confiemos que con consensos, el desarrollo legal del Pacto. Entre otras cosas, la ley debe proteger más y mejor a los y las menores, garantizar a las mujeres víctimas mayor acompañamiento, asesoramiento, atención y protección y perfeccionar la tipificación de algunos delitos, como los del ámbito digital.

El acuerdo que salió del Congreso lo está cumpliendo el Gobierno y está transfiriendo las partidas a Comunidades Autónomas (120 millones de euros) y Ayuntamientos (20 millones de euros) En los Presupuestos Generales del Estado de 2019 se incrementará además la cantidad destinada a los municipios y alcanzará la cifra de 40 millones de euros, el doble de lo comprometido en el acuerdo.  En lo que al Gobierno de España se refiere, se están ejecutando los restantes 80 millones que el Pacto destinaba a sus competencias. Esta misma semana, el ministerio del Interior ha presentado una nueva campaña titulada "No mires a otro lado", en la que el mensaje es que la lucha contra la violencia de género concierne a toda la sociedad y nadie puede inhibirse de su responsabilidad, tampoco a la hora de denunciar situaciones de este tipo. Igualmente, las delegaciones y subdelegaciones del Gobierno están recibiendo fondos para reforzar las actuaciones de las unidades de violencia sobre las mujeres. 

Esto no va de hacer declaraciones. Va de actuar contra la máxima expresión de la desigualdad: la violencia de género. Y el Gobierno de Pedro Sánchez lo está haciendo con la mayor diligencia. 


Artículo publicado en La Hora Digital el 23 de noviembre de 2018

lunes, 22 de octubre de 2018

HOMBRES QUE CREEN EN LA IGUALDAD



En un artículo publicado hace poco hablaba de los hombres que no aman a las mujeres. Me refería a hombres con poder que por sus manifestaciones, comportamientos y decisiones atacan a las mujeres por el hecho de serlo y contribuyen a ahondar en el machismo, la discriminación y la injusticia. Hoy voy a hablar de otro tipo de hombres que afortunadamente abundan cada día más. Son personas que, independientemente de su sexo, entienden que nuestra obligación como sociedad es trabajar y luchar por la igualdad real entre hombres y mujeres. Son gente que está convencida, como lo estamos las mujeres feministas, de que esa igualdad traería consigo un cambio radical en la manera de organizarnos y de relacionarnos. 

Estos hombres son conscientes de que luchando en este bando están renunciando a privilegios. Se han criado siendo hombres, con todo lo que eso lleva implícito. No han vivido generalmente en sus carnes la zozobra que supone que te "piropeen" por la calle con apelativos que se supone que te tienen que halagar pero que en realidad te intimidan, te ultrajan y hasta te atemorizan. No saben por experiencia propia qué se siente cuando deambulas de noche y notas que alguien sigue tus pasos. Tampoco les han preguntado nunca en ninguna entrevista de trabajo si tienen hijos o hijas, o si tienen planes de futuro en ese sentido. Y, en caso de que se lo hayan preguntado, ha pesado positivamente en su candidatura, porque ser padre te convierte en hombre responsable y laboralmente fiable.

Los hombres que comparten lucha con las mujeres nunca se han enfrentado a un juez que les haya preguntado si cerraron bien las piernas cuando alguien quiso violarles. Ni se han sentido insultados al escuchar defensas denodadas con trasfondo capitalista y patriarcal de su "libertad" para consentir la mercantilización de sus cuerpos a través de la prostitución o los vientres de alquiler. 

Son un colectivo que, eso sí, sufren ataques por parte de los mismos que nos atacan a nosotras cuando nos salimos de los cánones establecidos y socialmente estandarizados. Algunos intentan descalificarles diciendo que son una pandilla de "homosexuales" (no suelen usar un lenguaje tan políticamente correcto, por descontado, sino que utilizan otros calificativos más malsonantes y despectivos, porque buscan insultar, no catalogar) A nosotras nos llaman desde "mojigatas" a "putas", pasando por un largo catálogo de adjetivos a cual más lindo. Otros pasan sin cortarse a las amenazas, como también hacen más veces de lo que pudiera imaginarse con nosotras. Lo viene diciendo desde hace años Miguel Lorente: el nuevo machismo, su versión 2.0 a la que el profesor llama posmachismo, se apoya en el descrédito de las personas que se posicionan a favor de la igualdad. Y ahí vale todo y contra todo el o la que se mueva para cambiar lo que ellos defienden, que es la sociedad patriarcal. 


Cada vez son más, los hombres igualitarios, aunque su crecimiento es lento. Algunos están comprometidos con otros movimientos sociales y los hay que lo están con partidos políticos. En el que yo milito, el partido socialista, hay unos cuantos. Por algún motivo a muchos hombres que no son machistas o no se reconocen como tales aún les cuesta comprometerse públicamente con la defensa de la igualdad, quizás porque saben que implica renuncias, o quizás por el qué dirán, o por evitar ser señalados, estigmatizados e increpados. O un poco por todos esos motivos.

Puede que no sepan que no sólo de renuncias vive el hombre igualitario. También hay beneficios y recompensas. Más allá de la satisfacción de contribuir a la lucha por la justicia social, la de estos hombres comprometidos con la igualdad es también una búsqueda de lo que se ha dado en llamar "nuevas masculinidades". Entienden que para cambiar la sociedad y hacerla más igualitaria, los primeros que tienen que cambiar son ellos. Saben que tienen que evolucionar la mirada masculina y sobre todo la patriarcal hacia la homosexualidad. Que tienen que vivir de otra manera su sexualidad y la manera de relacionarse con las mujeres. Que pueden ser sensibles y vivir más intensamente la afectividad, sin corsés que les repriman. O que en el rol de cuidadores pueden encontrar un acercamiento a sus hijos y a sus seres queridos que de otra manera se estarían perdiendo. De hecho, entre ellos se encuentran los principales defensores de los permisos igualitarios. Se trata, en definitiva, de agitar y remover los cimientos de la cultura patriarcal en la que los han socializado para construirse de nuevo en un mundo en el que cada uno y cada una sea al margen de si ha nacido hombre o mujer. 

Desde hace una docena de años, la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (AHIGE), y asociaciones hermanas como la catalana Homes Igualitaris, vienen convocando ruedas de hombres en el mes de octubre, hacia el día 20 de este mes. Con estos actos pretenden visibilizar su rechazo a la violencia de género. En ellos también somos bienvenidas las mujeres pero el principal objetivo ese día es mostrar a la sociedad su postura contraria y la de la mayoría de los hombres a esa violencia. El resto del año se les ve en todo tipo de actos reivindicativos, en manifestaciones y concentraciones. No suelen entender que haya una parte del feminismo que les aparte y hasta les mire mal. Yo tampoco lo entiendo porque sé que no quieren usurpar ningún lugar en una lucha que las feministas llevamos abanderando desde hace ya siglos. La inmensa mayoría sólo quieren acompañarnos y apoyarnos. Y les necesitamos, no ya las feministas, sino la sociedad entera. Sin el compromiso de los hombres con la igualdad no avanzaremos, o lo haremos más lentamente y probablemente de manera más traumática. Por eso hoy he querido reconocerles y visibilizarles en este artículo. ¡Va por vosotros, compañeros de lucha!

Post publicado en Tribuna Feminista el 19 de octubre de 2018 

miércoles, 17 de octubre de 2018

HOMBRES QUE NO AMAN A LAS MUJERES



El machismo más rancio anda enrabietado. Los que lo practican cual religión incuestionable porque saben que sólo así pueden aspirar a conservar unos privilegios que ven amenazados, se están dando cuenta de que las mujeres hemos dicho alto y claro "hasta aquí hemos llegado". Ven como una parte de la sociedad, la que cree en la igualdad y de la que formamos parte no sólo mujeres sino cada vez más hombres, está cuestionando y combatiendo su estatus. Pero no están dispuestos a ceder y darse por vencidos así como así. Son demasiados siglos de ejercicio del dominio patriarcal como para tirarlos por el desagüe. Lo que siempre ha sido, siga siendo. Palabra de machista.

Esta misma semana hemos tenido varias muestras de esa resistencia combativa del machismo. El patriarcado tiene poderosos aliados, gente bien posicionada que defiende sus postulados y que además, como en los casos que han sido noticia estos días, no tienen ningún pudor en exhibir esa militancia en contra de las mujeres, de nuestros derechos y libertades. Algunos jueces y políticos se cuentan entre esos aliados y tenemos muestras para parar un tren en éstos y otros sectores. 

Nos desayunábamos el jueves con una noticia sobre un magistrado de un juzgado de violencia sobre la mujer de Madrid que despreciaba e insultaba a una mujer víctima de malos tratos psicológicos, amenazas y coacciones a la que le sometía su ya ex marido. La policía le había otorgado una valoración de riesgo extremo pero el juez no sólo pareció no creerla sino que se mofó de ella con la complicidad de la fiscal y la abogada que le acompañaban. El "fallo" fue que la cámara de la sala donde se produjo tamaño despropósito verbal e intencional, continuaba grabando. 


La Asociación de Mujeres Juristas Themis ha pedido en un comunicado que el Consejo General del Poder Judicial establezca criterios que fijen el perfil de los titulares de los Juzgados de Violencia sobre la Mujer para que estén libres de prejuicios de género. Mientras, en el Congreso de los Diputados, se tramita la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial para aplicar medidas urgentes del Pacto de Estado de Violencia de Género. 

Unas horas antes de conocer la infame noticia sobre el magistrado, en la localidad turolense de Alcañiz, un concejal de Ciudadanos no tuvo reparo en pronunciar una sarta de comentarios machistas en los que, además, la protagonista era su propia mujer. Y lo hizo en un pleno municipal para fijar su posición sobre un tema relacionado con la educación concertada. Al parecer, aquello le evocó recuerdos de su mujer con uniforme de falda colegial. Evidentemente, venía muy a cuento.

No nos habíamos recuperado del susto cuando nos enteramos de que en la localidad malagueña de Torrox el alcalde, del PP, le encuentra una parte positiva al asesinato machista que había tenido lugar días antes, el de Manuela. Cuál, se preguntarán: que así Torrox sale en los medios. La calidad humana del personaje queda en evidencia, sobran las palabras. Pero como alcalde que está orgulloso de que su pueblo salga en la tele porque en él se ha producido un asesinato, cabría decir que "es de traca".

A la par, el ahora líder del PP, Pablo Casado, insiste en que el aborto no es un derecho y que van a proponer medidas de apoyo a las mujeres para que no aborten. Dice Casado que el aborto es un fracaso. ¿De quién, señor Casado? ¿De la sociedad? ¿De la mujer que se ve abocado a ello? ¿O de usted como político? No digo esto último porque sí. Si a estas alturas ustedes, la derecha, quieren quitarnos lo que es uno de nuestros derechos más reivindicados, luchados y que más nos ha costado conseguir, entonces es que no han entendido nada, y menos a las mujeres. Miren, si no, lo que está pasando al otro lado del Atlántico, en Brasil, donde millones de mujeres han salido a las calles a protestar contra Jair Bolsonaro bajo el lema "Él, no". Tiene tras de sí un largo historial de declaraciones machistas, homófobas y racistas. El domingo hay elecciones y parece bien posicionado. Pero más del 52% de las mujeres no quieren saber nada con él y lo gritan a los cuatro vientos. Veremos qué ocurre.

Y, por si fuera poco, otro político del que ya prácticamente nada nos sorprende, el presidente norteamericano Donald Trump, se ha burlado de una de las varias mujeres que han denunciado a su candidato al Tribunal Supremo. Mujer a la que, como el juez español, tampoco cree.

Todo esto ocurre, además, en la semana que sucede a otra con balance especialmente crítico en cuanto a víctimas mortales de violencia de género se refiere. Asuman, los mencionados y otros militantes del machismo como ellos, su cuota de responsabilidad añadida a la que como sociedad ya tenemos todos y todas. Y, lo que es más importante, cambien de actitud, avergüéncense, pidan perdón y no lo vuelvan a hacer nunca más. Ah, y, si puede ser y no es mucha molestia, dimitan, dejen sus cargos y váyanse a sus casas a hacer acto de contricción. Todos y especialmente todas, saldremos ganando.

martes, 28 de agosto de 2018

EL PP Y LAS MUJERES, O CÓMO RETROCEDER EN DERECHOS

En pleno estío y descanso vacacional, el PP ha decidido que ya no le hace falta disimular. Y se ha echado al monte. Lo ha hecho en muchos aspectos y lo ha perpetrado en compañía de su partido hermano - ideológicamente hablando - , esto es, de Ciudadanos. Las mujeres y nuestros derechos no nos libramos de esa nueva deriva o, para ser más, exactos, de ese ataque de sinceridad. Porque, para qué vamos a andarnos con rodeos: ni el PP ni C's han sido nunca partidos feministas, ni siquiera por aproximación. Pero mientras el PP ha estado gobernando y lo ha hecho, como en los últimos dos años, en minoría, no le ha quedado más remedio que disimular, aunque fuera a medias, y aceptar acuerdos tan importantes como el Pacto de Estado sobre violencia de género al que las y los socialistas le arrastramos literalmente.

Sabido es que la cabra tira al monte y el PP a la derecha, que es su espacio natural. Y eso es lo que ha hecho en los últimos meses, desde la oposición y con un nuevo liderazgo, más joven pero igual de conservador y tan carente de preocupación por los derechos de las mujeres como que el anterior. Así, a la primera de cambio Pablo Casado y otros y otras líderes y lideresas populares, han mostrado sus cartas machistas: En la ponencia de su Congreso, en julio pasado, consideraba el aborto como un fracaso de la sociedad. Su vicesecretaria de Estudios, Andrea Levy, manifestó el pasado miércoles que le preocupa que el aborto sea un derecho y, para terminar de arreglarlo, mienten respecto al regreso a un supuesto consenso, el de la ley de 1985, que nunca existió porque alguien votó en contra. Para ser exactos, fue la formación de la que es heredera el PP, Alianza Popular, la que no sólo votó en contra sino que recurrió aquella ley de supuestos del gobierno socialista de Felipe González ante el Tribunal Constitucional. 

Algo similar están haciendo con el Pacto de Estado sobre Violencia de Género que suscribieron con el resto de fuerzas políticas hace un año. la aprobación en la comisión de Igualdad del Congreso el 28 de julio de 2017 fue unánime y sólo Podemos se desmarcó con una abstención en la aprobación plenaria dos meses después. EL PP asintió en los dos casos. Ahora, tras casi un año de inacción, tras nueve meses en el que el Gobierno de Rajoy no ejecutó ninguna de las medidas del Pacto y aún menos desarrolló legislativamente lo que estaba obligado a hacer,  intenta desmarcarse con excusas peregrinas.


El nuevo Gobierno, presidido por Pedro Sánchez y con la vicepresidencia de Carmen Calvo que además se responsabiliza de las políticas de Igualdad, ha querido recuperar cuanto antes el tiempo perdido por el PP. Porque nos continúan matando y porque ya vamos tarde con el desarrollo de las medidas del Pacto de Estado. Por eso, en el último Consejo de Ministros antes de la breve pausa vacacional, el Ejecutivo aprobó el Real Decreto-Ley 9/2018, de 3 de agosto, de medidas urgentes para el desarrollo del Pacto de Estado contra la violencia de género. Entre otras medidas, el Real Decreto fija los criterios de distribución de la cantidad asignada en 2018 a los municipios para la asistencia a las víctimas desde la proximidad, a quienes se devuelven sus competencias; modifica la Ley Orgánica 1/2004 de violencia de género en diferentes aspectos con la finalidad de incrementar y mejorar la protección y asistencia a las mujeres que sufren violencia machista, así como para la acreditación de su condición de víctimas, algo estrechamente ligado al reconocimiento de sus derechos. Y no será necesaria la interposición de denuncia. También se refiere el RDL a los y las menores que sufren estas situaciones, de manera que deja de ser necesario el consentimiento de padre - en estos casos, el maltratador- y madre para su atención y asistencia psicológica, en el ejercicio de la patria potestad.


Todo ello está recogido en las 214 medidas del Pacto de Estado, aprobado, insisto y recuerdo por el PP. Y si este partido pretende romper la necesaria unidad contra la violencia machista con el argumento de que no se justifica la aprobación de un Real Decreto-Ley por la urgencia de las medidas, que se lo diga a todas y cada una de las familias destrozadas por la violencia más terrible que sufre nuestra sociedad. Lamentablemente, son ya más de 950 las víctimas mortales de la violencia machista en España desde que tenemos cifras. Muchísimas más las que día a día la están padeciendo y que necesitan una actuación decidida y sin excusas tanto de los poderes públicos como de la sociedad en su conjunto.

A esta ofensiva contra el Pacto de Estado iniciada por el partido Popular se ha sumado alguna organización de jueces, mientras que otras han salido en su defensa. En contra del argumento esgrimido por la asociación Francisco de Vitoria, de que las medidas no han sido "meditadas, debatidas y examinadas" - cuando lo fueron en sede parlamentaria durante meses y están aprobadas por el Congreso de los Diputados- otra asociación no menos representativa, Juezas y Jueces para la Democracia, acaba de publicar un comunicado en el que asegura que "no podemos afirmar la inexistencia de urgencia alguna para alcanzar la puesta en práctica de las medidas" y añade que "más bien consideramos necesarias e imprescindibles las reformas legislativas encaminadas a conseguir su efectividad".

El debate sobre las medidas del Pacto ya tuvo lugar, ahora hace falta dotarlo y ejecutarlo, que es lo que está haciendo el gobierno socialista de Pedro Sánchez. Sabemos  que el PP nunca tuvo auténtica voluntad de hacer ni creyó de verdad en la necesidad de esas medidas. Lo único que se le pide es lealtad al pacto que suscribió y, sobre todo, decencia ante las mujeres que sufren día a día esta violencia injustificable. Y, respecto al aborto, menos mentiras y tengan claro que las mujeres no daremos ni un paso atrás en nuestros derechos. Ni en éste ni en ningún otro. Entre otras cosas, porque nos va la vida en ello.