miércoles, 28 de noviembre de 2018

NO VALE MIRAR A OTRO LADO 


El Gobierno está desarrollando el Pacto de Estado contra la Violencia de Género que el Congreso aprobó en septiembre de 2017. El ejecutivo de Pedro Sánchez le está dando cumplimiento, sin mirar hacia otro lado e intentando recuperar el tiempo perdido por un PP que nunca creyó en él, que sólo se vio arrastrado y no tuvo más remedio que asumirlo. 

Este domingo, 25 de noviembre, se conmemora el Día Internacional por la Erradicación de la Violencia contra las Mujeres. Un día en torno al cual se articula la visibilización de la lucha contra las violencias machistas. Afortunadamente, es una cuestión que ha conseguido calar en la agenda política, en la mediática y que está permeando en la sociedad, aunque con distintas graduaciones. Una cuestión de suma gravedad que se está empezando a abordar más allá del 25N. 
Foto: La Hora Digital

Sin duda, es el feminismo el que está marcando su agenda y, en ella, éste es un tema prioritario y urgente. Para el anterior Gobierno del PP, en cambio, no lo fue. Sólo accedió a sentarse a negociar el Pacto de Estado cuando perdió la mayoría absoluta. Lo pactó, lo aprobó pero no lo dotó económicamente en los Presupuestos del Estado de este año. De nuevo fue la oposición, encabezada por el PSOE, quien forzó a través de enmiendas el cumplimiento de los compromisos económicos que incluye. Tampoco impulsaron los populares ninguna medida de las más de doscientas que configuran ese acuerdo que es de mínimos, sí, pero que está anclado en el consenso. 

El pasado mes de junio, nada más vencer en la moción de censura y conformar un ejecutivo, Pedro Sánchez hizo gala del feminismo intrínseco a su gobierno y pasó a los hechos. La primera ley que el grupo socialista llevó al Congreso fue la que modifica la Orgánica del Poder Judicial y que contempla la formación de los operadores jurídicos para que puedan abordar adecuadamente los casos de violencia contra las mujeres. Para que no se produzcan sentencias como la de la violación de los Sanfermines, conocida como de La Manada. Ahora se trabaja para reformar el Código Penal en lo que afecta a delitos sexuales, de manera que, sin un sí explícito, todo lo demás sea un no rotundo. 

En agosto, una nueva iniciativa legislativa recogía algunas medidas urgentes para el desarrollo del Pacto de Estado. Entre ellas, la devolución de competencias en esta materia a los municipios, que es donde se atiende, en primera instancia y desde la proximidad, a tantas y tantas mujeres que sufren violencia de género. A las medidas recogidas en el decreto del 3 de agosto se sumarán otras hasta completar en los próximos meses, con la mayor celeridad posible y confiemos que con consensos, el desarrollo legal del Pacto. Entre otras cosas, la ley debe proteger más y mejor a los y las menores, garantizar a las mujeres víctimas mayor acompañamiento, asesoramiento, atención y protección y perfeccionar la tipificación de algunos delitos, como los del ámbito digital.

El acuerdo que salió del Congreso lo está cumpliendo el Gobierno y está transfiriendo las partidas a Comunidades Autónomas (120 millones de euros) y Ayuntamientos (20 millones de euros) En los Presupuestos Generales del Estado de 2019 se incrementará además la cantidad destinada a los municipios y alcanzará la cifra de 40 millones de euros, el doble de lo comprometido en el acuerdo.  En lo que al Gobierno de España se refiere, se están ejecutando los restantes 80 millones que el Pacto destinaba a sus competencias. Esta misma semana, el ministerio del Interior ha presentado una nueva campaña titulada "No mires a otro lado", en la que el mensaje es que la lucha contra la violencia de género concierne a toda la sociedad y nadie puede inhibirse de su responsabilidad, tampoco a la hora de denunciar situaciones de este tipo. Igualmente, las delegaciones y subdelegaciones del Gobierno están recibiendo fondos para reforzar las actuaciones de las unidades de violencia sobre las mujeres. 

Esto no va de hacer declaraciones. Va de actuar contra la máxima expresión de la desigualdad: la violencia de género. Y el Gobierno de Pedro Sánchez lo está haciendo con la mayor diligencia. 


Artículo publicado en La Hora Digital el 23 de noviembre de 2018

lunes, 22 de octubre de 2018

HOMBRES QUE CREEN EN LA IGUALDAD



En un artículo publicado hace poco hablaba de los hombres que no aman a las mujeres. Me refería a hombres con poder que por sus manifestaciones, comportamientos y decisiones atacan a las mujeres por el hecho de serlo y contribuyen a ahondar en el machismo, la discriminación y la injusticia. Hoy voy a hablar de otro tipo de hombres que afortunadamente abundan cada día más. Son personas que, independientemente de su sexo, entienden que nuestra obligación como sociedad es trabajar y luchar por la igualdad real entre hombres y mujeres. Son gente que está convencida, como lo estamos las mujeres feministas, de que esa igualdad traería consigo un cambio radical en la manera de organizarnos y de relacionarnos. 

Estos hombres son conscientes de que luchando en este bando están renunciando a privilegios. Se han criado siendo hombres, con todo lo que eso lleva implícito. No han vivido generalmente en sus carnes la zozobra que supone que te "piropeen" por la calle con apelativos que se supone que te tienen que halagar pero que en realidad te intimidan, te ultrajan y hasta te atemorizan. No saben por experiencia propia qué se siente cuando deambulas de noche y notas que alguien sigue tus pasos. Tampoco les han preguntado nunca en ninguna entrevista de trabajo si tienen hijos o hijas, o si tienen planes de futuro en ese sentido. Y, en caso de que se lo hayan preguntado, ha pesado positivamente en su candidatura, porque ser padre te convierte en hombre responsable y laboralmente fiable.

Los hombres que comparten lucha con las mujeres nunca se han enfrentado a un juez que les haya preguntado si cerraron bien las piernas cuando alguien quiso violarles. Ni se han sentido insultados al escuchar defensas denodadas con trasfondo capitalista y patriarcal de su "libertad" para consentir la mercantilización de sus cuerpos a través de la prostitución o los vientres de alquiler. 

Son un colectivo que, eso sí, sufren ataques por parte de los mismos que nos atacan a nosotras cuando nos salimos de los cánones establecidos y socialmente estandarizados. Algunos intentan descalificarles diciendo que son una pandilla de "homosexuales" (no suelen usar un lenguaje tan políticamente correcto, por descontado, sino que utilizan otros calificativos más malsonantes y despectivos, porque buscan insultar, no catalogar) A nosotras nos llaman desde "mojigatas" a "putas", pasando por un largo catálogo de adjetivos a cual más lindo. Otros pasan sin cortarse a las amenazas, como también hacen más veces de lo que pudiera imaginarse con nosotras. Lo viene diciendo desde hace años Miguel Lorente: el nuevo machismo, su versión 2.0 a la que el profesor llama posmachismo, se apoya en el descrédito de las personas que se posicionan a favor de la igualdad. Y ahí vale todo y contra todo el o la que se mueva para cambiar lo que ellos defienden, que es la sociedad patriarcal. 


Cada vez son más, los hombres igualitarios, aunque su crecimiento es lento. Algunos están comprometidos con otros movimientos sociales y los hay que lo están con partidos políticos. En el que yo milito, el partido socialista, hay unos cuantos. Por algún motivo a muchos hombres que no son machistas o no se reconocen como tales aún les cuesta comprometerse públicamente con la defensa de la igualdad, quizás porque saben que implica renuncias, o quizás por el qué dirán, o por evitar ser señalados, estigmatizados e increpados. O un poco por todos esos motivos.

Puede que no sepan que no sólo de renuncias vive el hombre igualitario. También hay beneficios y recompensas. Más allá de la satisfacción de contribuir a la lucha por la justicia social, la de estos hombres comprometidos con la igualdad es también una búsqueda de lo que se ha dado en llamar "nuevas masculinidades". Entienden que para cambiar la sociedad y hacerla más igualitaria, los primeros que tienen que cambiar son ellos. Saben que tienen que evolucionar la mirada masculina y sobre todo la patriarcal hacia la homosexualidad. Que tienen que vivir de otra manera su sexualidad y la manera de relacionarse con las mujeres. Que pueden ser sensibles y vivir más intensamente la afectividad, sin corsés que les repriman. O que en el rol de cuidadores pueden encontrar un acercamiento a sus hijos y a sus seres queridos que de otra manera se estarían perdiendo. De hecho, entre ellos se encuentran los principales defensores de los permisos igualitarios. Se trata, en definitiva, de agitar y remover los cimientos de la cultura patriarcal en la que los han socializado para construirse de nuevo en un mundo en el que cada uno y cada una sea al margen de si ha nacido hombre o mujer. 

Desde hace una docena de años, la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (AHIGE), y asociaciones hermanas como la catalana Homes Igualitaris, vienen convocando ruedas de hombres en el mes de octubre, hacia el día 20 de este mes. Con estos actos pretenden visibilizar su rechazo a la violencia de género. En ellos también somos bienvenidas las mujeres pero el principal objetivo ese día es mostrar a la sociedad su postura contraria y la de la mayoría de los hombres a esa violencia. El resto del año se les ve en todo tipo de actos reivindicativos, en manifestaciones y concentraciones. No suelen entender que haya una parte del feminismo que les aparte y hasta les mire mal. Yo tampoco lo entiendo porque sé que no quieren usurpar ningún lugar en una lucha que las feministas llevamos abanderando desde hace ya siglos. La inmensa mayoría sólo quieren acompañarnos y apoyarnos. Y les necesitamos, no ya las feministas, sino la sociedad entera. Sin el compromiso de los hombres con la igualdad no avanzaremos, o lo haremos más lentamente y probablemente de manera más traumática. Por eso hoy he querido reconocerles y visibilizarles en este artículo. ¡Va por vosotros, compañeros de lucha!

Post publicado en Tribuna Feminista el 19 de octubre de 2018 

miércoles, 17 de octubre de 2018

HOMBRES QUE NO AMAN A LAS MUJERES



El machismo más rancio anda enrabietado. Los que lo practican cual religión incuestionable porque saben que sólo así pueden aspirar a conservar unos privilegios que ven amenazados, se están dando cuenta de que las mujeres hemos dicho alto y claro "hasta aquí hemos llegado". Ven como una parte de la sociedad, la que cree en la igualdad y de la que formamos parte no sólo mujeres sino cada vez más hombres, está cuestionando y combatiendo su estatus. Pero no están dispuestos a ceder y darse por vencidos así como así. Son demasiados siglos de ejercicio del dominio patriarcal como para tirarlos por el desagüe. Lo que siempre ha sido, siga siendo. Palabra de machista.

Esta misma semana hemos tenido varias muestras de esa resistencia combativa del machismo. El patriarcado tiene poderosos aliados, gente bien posicionada que defiende sus postulados y que además, como en los casos que han sido noticia estos días, no tienen ningún pudor en exhibir esa militancia en contra de las mujeres, de nuestros derechos y libertades. Algunos jueces y políticos se cuentan entre esos aliados y tenemos muestras para parar un tren en éstos y otros sectores. 

Nos desayunábamos el jueves con una noticia sobre un magistrado de un juzgado de violencia sobre la mujer de Madrid que despreciaba e insultaba a una mujer víctima de malos tratos psicológicos, amenazas y coacciones a la que le sometía su ya ex marido. La policía le había otorgado una valoración de riesgo extremo pero el juez no sólo pareció no creerla sino que se mofó de ella con la complicidad de la fiscal y la abogada que le acompañaban. El "fallo" fue que la cámara de la sala donde se produjo tamaño despropósito verbal e intencional, continuaba grabando. 


La Asociación de Mujeres Juristas Themis ha pedido en un comunicado que el Consejo General del Poder Judicial establezca criterios que fijen el perfil de los titulares de los Juzgados de Violencia sobre la Mujer para que estén libres de prejuicios de género. Mientras, en el Congreso de los Diputados, se tramita la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial para aplicar medidas urgentes del Pacto de Estado de Violencia de Género. 

Unas horas antes de conocer la infame noticia sobre el magistrado, en la localidad turolense de Alcañiz, un concejal de Ciudadanos no tuvo reparo en pronunciar una sarta de comentarios machistas en los que, además, la protagonista era su propia mujer. Y lo hizo en un pleno municipal para fijar su posición sobre un tema relacionado con la educación concertada. Al parecer, aquello le evocó recuerdos de su mujer con uniforme de falda colegial. Evidentemente, venía muy a cuento.

No nos habíamos recuperado del susto cuando nos enteramos de que en la localidad malagueña de Torrox el alcalde, del PP, le encuentra una parte positiva al asesinato machista que había tenido lugar días antes, el de Manuela. Cuál, se preguntarán: que así Torrox sale en los medios. La calidad humana del personaje queda en evidencia, sobran las palabras. Pero como alcalde que está orgulloso de que su pueblo salga en la tele porque en él se ha producido un asesinato, cabría decir que "es de traca".

A la par, el ahora líder del PP, Pablo Casado, insiste en que el aborto no es un derecho y que van a proponer medidas de apoyo a las mujeres para que no aborten. Dice Casado que el aborto es un fracaso. ¿De quién, señor Casado? ¿De la sociedad? ¿De la mujer que se ve abocado a ello? ¿O de usted como político? No digo esto último porque sí. Si a estas alturas ustedes, la derecha, quieren quitarnos lo que es uno de nuestros derechos más reivindicados, luchados y que más nos ha costado conseguir, entonces es que no han entendido nada, y menos a las mujeres. Miren, si no, lo que está pasando al otro lado del Atlántico, en Brasil, donde millones de mujeres han salido a las calles a protestar contra Jair Bolsonaro bajo el lema "Él, no". Tiene tras de sí un largo historial de declaraciones machistas, homófobas y racistas. El domingo hay elecciones y parece bien posicionado. Pero más del 52% de las mujeres no quieren saber nada con él y lo gritan a los cuatro vientos. Veremos qué ocurre.

Y, por si fuera poco, otro político del que ya prácticamente nada nos sorprende, el presidente norteamericano Donald Trump, se ha burlado de una de las varias mujeres que han denunciado a su candidato al Tribunal Supremo. Mujer a la que, como el juez español, tampoco cree.

Todo esto ocurre, además, en la semana que sucede a otra con balance especialmente crítico en cuanto a víctimas mortales de violencia de género se refiere. Asuman, los mencionados y otros militantes del machismo como ellos, su cuota de responsabilidad añadida a la que como sociedad ya tenemos todos y todas. Y, lo que es más importante, cambien de actitud, avergüéncense, pidan perdón y no lo vuelvan a hacer nunca más. Ah, y, si puede ser y no es mucha molestia, dimitan, dejen sus cargos y váyanse a sus casas a hacer acto de contricción. Todos y especialmente todas, saldremos ganando.

martes, 28 de agosto de 2018

EL PP Y LAS MUJERES, O CÓMO RETROCEDER EN DERECHOS

En pleno estío y descanso vacacional, el PP ha decidido que ya no le hace falta disimular. Y se ha echado al monte. Lo ha hecho en muchos aspectos y lo ha perpetrado en compañía de su partido hermano - ideológicamente hablando - , esto es, de Ciudadanos. Las mujeres y nuestros derechos no nos libramos de esa nueva deriva o, para ser más, exactos, de ese ataque de sinceridad. Porque, para qué vamos a andarnos con rodeos: ni el PP ni C's han sido nunca partidos feministas, ni siquiera por aproximación. Pero mientras el PP ha estado gobernando y lo ha hecho, como en los últimos dos años, en minoría, no le ha quedado más remedio que disimular, aunque fuera a medias, y aceptar acuerdos tan importantes como el Pacto de Estado sobre violencia de género al que las y los socialistas le arrastramos literalmente.

Sabido es que la cabra tira al monte y el PP a la derecha, que es su espacio natural. Y eso es lo que ha hecho en los últimos meses, desde la oposición y con un nuevo liderazgo, más joven pero igual de conservador y tan carente de preocupación por los derechos de las mujeres como que el anterior. Así, a la primera de cambio Pablo Casado y otros y otras líderes y lideresas populares, han mostrado sus cartas machistas: En la ponencia de su Congreso, en julio pasado, consideraba el aborto como un fracaso de la sociedad. Su vicesecretaria de Estudios, Andrea Levy, manifestó el pasado miércoles que le preocupa que el aborto sea un derecho y, para terminar de arreglarlo, mienten respecto al regreso a un supuesto consenso, el de la ley de 1985, que nunca existió porque alguien votó en contra. Para ser exactos, fue la formación de la que es heredera el PP, Alianza Popular, la que no sólo votó en contra sino que recurrió aquella ley de supuestos del gobierno socialista de Felipe González ante el Tribunal Constitucional. 

Algo similar están haciendo con el Pacto de Estado sobre Violencia de Género que suscribieron con el resto de fuerzas políticas hace un año. la aprobación en la comisión de Igualdad del Congreso el 28 de julio de 2017 fue unánime y sólo Podemos se desmarcó con una abstención en la aprobación plenaria dos meses después. EL PP asintió en los dos casos. Ahora, tras casi un año de inacción, tras nueve meses en el que el Gobierno de Rajoy no ejecutó ninguna de las medidas del Pacto y aún menos desarrolló legislativamente lo que estaba obligado a hacer,  intenta desmarcarse con excusas peregrinas.


El nuevo Gobierno, presidido por Pedro Sánchez y con la vicepresidencia de Carmen Calvo que además se responsabiliza de las políticas de Igualdad, ha querido recuperar cuanto antes el tiempo perdido por el PP. Porque nos continúan matando y porque ya vamos tarde con el desarrollo de las medidas del Pacto de Estado. Por eso, en el último Consejo de Ministros antes de la breve pausa vacacional, el Ejecutivo aprobó el Real Decreto-Ley 9/2018, de 3 de agosto, de medidas urgentes para el desarrollo del Pacto de Estado contra la violencia de género. Entre otras medidas, el Real Decreto fija los criterios de distribución de la cantidad asignada en 2018 a los municipios para la asistencia a las víctimas desde la proximidad, a quienes se devuelven sus competencias; modifica la Ley Orgánica 1/2004 de violencia de género en diferentes aspectos con la finalidad de incrementar y mejorar la protección y asistencia a las mujeres que sufren violencia machista, así como para la acreditación de su condición de víctimas, algo estrechamente ligado al reconocimiento de sus derechos. Y no será necesaria la interposición de denuncia. También se refiere el RDL a los y las menores que sufren estas situaciones, de manera que deja de ser necesario el consentimiento de padre - en estos casos, el maltratador- y madre para su atención y asistencia psicológica, en el ejercicio de la patria potestad.


Todo ello está recogido en las 214 medidas del Pacto de Estado, aprobado, insisto y recuerdo por el PP. Y si este partido pretende romper la necesaria unidad contra la violencia machista con el argumento de que no se justifica la aprobación de un Real Decreto-Ley por la urgencia de las medidas, que se lo diga a todas y cada una de las familias destrozadas por la violencia más terrible que sufre nuestra sociedad. Lamentablemente, son ya más de 950 las víctimas mortales de la violencia machista en España desde que tenemos cifras. Muchísimas más las que día a día la están padeciendo y que necesitan una actuación decidida y sin excusas tanto de los poderes públicos como de la sociedad en su conjunto.

A esta ofensiva contra el Pacto de Estado iniciada por el partido Popular se ha sumado alguna organización de jueces, mientras que otras han salido en su defensa. En contra del argumento esgrimido por la asociación Francisco de Vitoria, de que las medidas no han sido "meditadas, debatidas y examinadas" - cuando lo fueron en sede parlamentaria durante meses y están aprobadas por el Congreso de los Diputados- otra asociación no menos representativa, Juezas y Jueces para la Democracia, acaba de publicar un comunicado en el que asegura que "no podemos afirmar la inexistencia de urgencia alguna para alcanzar la puesta en práctica de las medidas" y añade que "más bien consideramos necesarias e imprescindibles las reformas legislativas encaminadas a conseguir su efectividad".

El debate sobre las medidas del Pacto ya tuvo lugar, ahora hace falta dotarlo y ejecutarlo, que es lo que está haciendo el gobierno socialista de Pedro Sánchez. Sabemos  que el PP nunca tuvo auténtica voluntad de hacer ni creyó de verdad en la necesidad de esas medidas. Lo único que se le pide es lealtad al pacto que suscribió y, sobre todo, decencia ante las mujeres que sufren día a día esta violencia injustificable. Y, respecto al aborto, menos mentiras y tengan claro que las mujeres no daremos ni un paso atrás en nuestros derechos. Ni en éste ni en ningún otro. Entre otras cosas, porque nos va la vida en ello.


lunes, 25 de junio de 2018

NI GALANTES, NI FLOREROS



Leo estos días artículos varios en los que sus autores, hombres y de derechas para más señas, muestran su contrariedad por algunas iniciativas que defienden el acceso de las mujeres a las mesas de expertos y tertulias de opiniónHace unos días, un grupo de cincuenta señores, académicos y profesionales, suscribieron y se erigieron como impulsores del manifiesto "Académicos españoles por la presencia femenina en las Ciencias Sociales" que luego ha recabado más adhesiones y ha superado ya las 600 firmas. El compromiso es el de no participar en mesas redondas y eventos académicos de más de dos ponentes donde no figure al menos una mujer en calidad de experta.

Como complemento a este gesto de sus compañeros, acaba de nacer "Sí Con Mujeres", una plataforma formada por mujeres académicas de las ciencias sociales. Ellas se ofrecen como expertas para eventos académicos, para participar en plano de igualdad con los hombres. No es baladí este ofrecimiento, porque una de las excusas más recurrentes que esgrimen tanto medios de comunicación como las organizaciones de todo tipo de evento es la de falta de mujeres expertas. Pero, como bien dicen desde "On són les Dones", otro grupo impulsor de un manifiesto y de acciones por la paridad en el expertizaje, no hay excusa que valga para justificar la sobrerepresentación de los hombres en todo tipo de espacios y tribunas.

Antes surgieron otras voces, en representación de las mujeres de diversos sectores. En el de la cultura, por ejemplo, y entre otros, Clásicas y Modernas, que lleva años reclamando igualdad en el mundo de la cultura, o CIMA Mujeres Cineastas, en el del cine y el audiovisual. 

Ante tanta demostración de hartazgo y reivindicación de derechos, no faltan las reacciones de los machistas que rebuscan en el saco de los argumentos trasnochados con barniz de modernidad. Uno de ellos es el de la "excelencia". Esto es, "la que vale, vale, y está. Y la que no, no está". Según esta máxima, las mujeres no estamos en los ámbitos de poder ni tenemos altavoces como los hombres porque no lo merecemos. Es decir, ¿porque somos inferiores? ¿me están diciendo que somos tontas? Éste es el mismo argumento que esgrimen los detractores -y detractoras, que las hay- de las cuotas. Lamentablemente, el techo de cristal existe. Ese techo invisible pero duro y muy difícil de romper porque está construido con siglos de machismo y cultura patriarcal como cemento armado. Un techo que se alimenta de ese poder ostentado mayoritariamente por hombres que eligen a hombres y casi nunca a mujeres como partenaires, como interlocutores o como expertos. 

Otros se preguntan por qué no establecer cuotas de homosexuales o de inmigrantes, o de negros, dicen. Sencillo: las mujeres, las blancas y las negras, las homosexuales y las heterosexuales, las autóctonas y las inmigrantes somos la mitad de la sociedad. Y debemos estar correctamente representadas como lo que somos, sin ataduras ni tapones ni techos machistas que nos lo impidan. Y eso, que forma parte de la igualdad tan reivindicada y tan poco practicada aun en la actualidad, no lo vamos a conseguir las mujeres sin la solidaridad y la complicidad de los hombres que verdaderamente creen en ella. 

Está claro que ese no es el caso de los columnistas que estos días están poniendo el grito en el cielo por la acción de los hombres expertos feministas. Parece que lo consideran una traición a su mundo de "machitos", a ese patriarcado que cada vez más está en cuestión. Confunde el culo con las témporas - con perdón- quien acusa de ser mujer florero a la que accede a un puesto o a una mesa de debate tras denostar las fotografías absolutamente maasculinizadas de sus antecesores. O el que confunde la justicia de la paridad con la galantería. Una vez más, utilizan el menosprecio a las mujeres que reivindicamos nuestro papel y representación en la sociedad para no bajarse de la poltrona y seguir impidiendo que la ocupemos otras

La discrepancia, bien argumentada, forma parte del sano y democrático debate social e incluso político, aunque este último no esté dando buen ejemplo en los últimos tiempos. La descalificación, en cambio, ha sido y sigue siendo síntoma de la impotencia del machismo frente al auge reivindicativo del feminismo. Así que, por favor, señores posmachistas y caballeros de machismo rancio, esfuércense al menos en argumentar de manera creativa contra lo que ya es irremediable.



miércoles, 30 de mayo de 2018

LOS ACUERDOS HAY QUE CUMPLIRLOS, MINISTRA MONTSERRAT



El Pacto de Estado en materia de Violencia de Género tendrá finalmente la dotación de 200 millones de euros comprometida para este año.  Lo ha conseguido la fuerza del movimiento feminista, de todas las mujeres y hombres que salieron a la calle en numerosas ocasiones, pero especialmente el 8 de marzo y el pasado 16 de mayo. Y también, en sede parlamentaria, el tesón del partido socialista, que ha obligado al Gobierno del PP a suscribir este necesario acuerdo.

El Partido Popular sólo quiso hacerse una fotografía, únicamente se sentó y acordó con el resto de grupos parlamentarios el Pacto de Estado porque se vio contra las cuerdas y en minoría. El PSOE urgía a la necesidad de ese acuerdo ya desde 2014, pero no quebró la impasividad del Gobierno hasta que éste se vio en minoría.

Pero, llegado el primer año en que debía reflejarse el acuerdo en los Presupuestos Generales del Estado, la ministra Dolors Montserrat no se mostró dispuesta a cumplir lo que su grupo parlamentario había aprobado en el Congreso de los Diputados.  El grupo socialista instó, ya en el mes de enero, a que se diera cumplimiento a ese compromiso y antes de terminar 2017 pedimos al Ejecutivo que dispusiese un crédito extraordinario, en previsión de que los presupuestos se prorrogasen por un tiempo incierto. Pero no lo hizo, no hizo nada.

Las mujeres que sufren violencia machista no pueden esperar, no pueden estar a merced de la pesada y trasnochada maquinaria ideológica de la derecha a la que, no sin mucho esfuerzo, conseguimos arrancar acuerdos para que luego se dedique a atascarlos. Pero tampoco puede atender las dudas y vaivenes de una izquierda que se las da de nueva y más feminista que nadie pero que sólo contribuye a la gesticulación, sin ningún tipo de proactividad. La sociedad ya no tiene más paciencia, ni nosotros tampoco.
El compromiso del partido socialista al movimiento feminista se materializó, en cambio, desde el minuto uno, en propuestas e iniciativas, supliendo a un Gobierno que ni quiere ni sabe, ni quiere saber. Presentados los Presupuestos Generales del Estado e iniciada su tramitación en el Congreso, comprobamos que el PP había reducido el compromiso del Pacto de al menos 200 millones de euros para este año a tan sólo 80 millones, los correspondientes a las competencias del Gobierno. Ante tamaña burla, presentamos dos enmiendas, una de veinte millones de euros para el desarrollo de los acuerdos del Pacto de Estado en materia de Violencia de Género desde la proximidad, esto es, desde los ayuntamientos. Y otra por valor de cien millones para transferencias con destino a las Comunidades Autónomas. Faltaban nada más ni nada menos que 120 millones.

A finales de la semana pasada supimos que el PP había pactado una nueva migaja presupuestaria con los partidos que les prestan apoyo para aprobar las cuentas. Cincuenta millones más, pero continuaban faltando otros setenta. Nuevamente, tratando a las mujeres y abordando un problema de Estado como es la violencia machista como si de una cuestión residual se tratara. Nuevamente incumpliendo lo pactado.

Esta semana, al borde de la aprobación del presupuesto, el PP se ha visto cercado, acorralado por la presión y la negociación del grupo socialista con el resto de grupos del arco parlamentario. Ante la soledad, escoge pacto. Pero sabemos que continúa sin convencerse, sin querer.

A partir de ahora, la lucha continúa. Entre otras cosas, deberemos afrontar de inmediato, tras la aprobación de los presupuestos, las condiciones de las transferencias que desde el Gobierno de Rajoy se harán a las Comunidades Autónomas y a los ayuntamientos, para que ejecuten la parte del Pacto de Estado que es de su competencia. No vale, como ha ocurrido con otras partidas en ejercicios anteriores, que jueguen con la imposibilidad de su ejecución porque estamos ya a mitad de año. Y resta un paquete de reformas legales muy importante, todas ellas contempladas en el Pacto. Algunas ya las tiene sobre la mesa el Congreso, en forma de Proposiciones de Ley registradas por el partido socialista.

Sabemos  que nos queda un largo camino por recorrer. Una senda que será complicada para las mujeres y para la lucha contra el machismo, especialmente contra la violencia machista. Y somos conscientes, debemos serlo todas y todos, de que ese recorrido será mucho más tortuoso mientras al mando esté el PP apoyado en Ciudadanos y otros partidos sin ideario feminista. Aun así, nos tendrá enfrente y vigilantes.

Artículo publicado en El País, conjuntamente con Carmen Rocío Cuello, portavoz del Grupo parlamentario Socialista en la Comisión de Seguimiento del pacto de Estado sobre Violencia de Género del Congreso.

martes, 29 de mayo de 2018

YA NO NOS CALLAMOS


Las mujeres hemos decidido que ya no pasamos ni una. Que ya estamos hartas de tanto machismo rancio. Que atrás quedaron los tiempos de la espera, los pasos hacia adelante discretos y las condescendencias. El 8 de marzo de este año fue un punto de inflexión, sin duda, pero tras ese día hemos vivido otros en los que la expresión de la indignación femenina se ha traducido en manifestaciones en las calles y en intercambios dialécticos en las redes.


No han faltado las opiniones, tan airadas y elevadas de tono como ignorantes, de personajes y personajillos que hacen gala, sin reparos ni vergüenza, de su rancio machismo. Eso sí, disfrazado casi siempre de razonamiento democrático indignado.  Una de las últimas muestras ha sido la de Francesc de Carreras, catedrático de Derecho, antiguo militante del PSUC e impulsor del "Manifiesto por un nuevo partido político", génesis de Ciudadanos. Antes tuvimos que aguantar muchas otras, como la del Premio Nobel Vargas Llosa, o la del también cofundador de Ciudadanos Arcadi Espada. 

No voy a entretenerme ni en enumerar a todos esos posmachistas -como diría mi admirado Miguel Lorente- ni mucho menos en reproducir sus exabruptos. Sobre todo porque están publicados y porque no aportan nada al verdadero debate sobre el papel que las mujeres exigimos tener en la sociedad actual. Pero también porque la auténtica protagonista del cambio que estamos viviendo es la calle, que se ha llenado de mujeres, y afortunadamente cada vez más hombres, gritando "igualdad y justicia" cuando se ha producido una sentencia impresentable como la del caso de violación múltiple conocido como el de "la manada". O como ocurrirá en unos días, el 16 de marzo, con motivo del incumplimiento del gobierno del PP con los acuerdos del Pacto de Estado de Violencia de Género.

No tengo la menor duda de que este fenómeno - que empezó a cuajarse hace ya unos años, el 1 de febrero de 2014, cuando la gran oleada feminista salió a las calles en el Tren de la Libertad- figurará en los libros de historia. Esos mismos libros que hasta el momento han silenciado la voz y el protagonismo de las mujeres en el curso de la Humanidad. Porque esa será una de las cosas que cambiaremos: tenemos que ser y seremos protagonistas a partes iguales que los hombres.

Lo que está ocurriendo en el momento y en la sociedad actual, en muchos lugares del mundo, pero de manera muy especial en España, no es una manifestación de supremacismo, no es dogmático ni tiene nada de identitario. Por más que algunos y algunas se empeñen en comparar, aunque sea metafóricamente, el nacionalismo y aún el independentismo con el feminismo o con el maltrato machista. Uno y otro tienen que ver entre sí lo mismo que la sal y el azúcar. El feminismo defiende y lucha por la igualdad entre hombres y mujeres, por los derechos humanos en definitiva. Y es por definición internacionalista. Y, si no lo es, no es tampoco feminismo. De la misma manera que las y los socialistas no entendemos nuestra ideología fuera del feminismo. El machismo que señala esa analogía sí es, en cambio, supremacista, entendido éste como la creencia o doctrina que señala que un grupo determinado -en este caso los hombres por el solo hecho de serlo- es superior a otro, en el caso que nos ocupa, las mujeres. 

La sociedad, toda ella, también los hombres que se aferran al antiguo régimen, el del reinado del machismo y la subyugación de las mujeres, tiene que digerir que ya estamos en otro momento. Un momento en el que la mitad de esa sociedad ya no acepta otra cosa que no sea un trato en plena igualdad. Que no tolera nada que no sea la mitad de todo. No porque se lo quieran dar o no, sino porque es suyo, porque es nuestro. Que no consiente que le pisoteen sus derechos, que son derechos humanos. Y que todo eso ha pasado de ser una reivindicación a ser una exigencia. A ver si nos vamos enterando.

Post publicado en Tribuna Feminista el 11 de mayo de 2018