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viernes, 24 de noviembre de 2017

VACUNEMOS A LA JUVENTUD CONTRA EL MACHISMO


Se lo dije hace unos días a la ministra Dolors Montserrat en la sesión de control al Gobierno: tenemos un grave problema. La violencia de género no sólo es una lacra en la sociedad actual sino que lo continuará siendo en el futuro a menos que eduquemos y concienciemos a la juventud. Y es que, según el último informe de la FAD, casi uno de cada tres jóvenes la normaliza la vilencia de género, cree que es normal que en una relación de pareja heterosexual haya cierto grado de posesión, de dominio o incluso de violencia del hombre hacia la mujer. Desde luego, algo estamos haciendo muy mal, y si no lo remediamos, lo pagaremos muy caro las mujeres durante muchas generaciones.

El machismo, germen de la violencia contra las mujeres, está incrustado en nuestra sociedad. El último Eurobarómetro  de la Comisión Europea desvela que el 44% de los europeos considera que el sitio "natural" para la mujer es la casa, el ámbito de lo doméstico, mientras que el del hombre es el de lo público, ganar el sustento de la familia. Vamos, como en las cavernas, ni más ni menos. Ese porcentaje es la media de los países de la UE, y en España se sitúa en el 29%. Es decir, prácticamente el mismo porcentaje de personas que en este país creen que las mujeres tenemos que fregar y nada más, y que tenemos que hacerlo nosotras porque nacimos mujeres, lo encontramos cuando nos fijamos en los jóvenes y les preguntamos por la violencia machista. Insisto, preocupante. 

Cuando, hace quince o veinte años, el término violencia de género no estaba en la agenda política ni social, cuando no teníamos una Ley específica, cuando no era habitual que saliéramos a la calle a gritar "NI Una Más, Ni Una Menos, nos queremos vivas", como hacemos ahora las mujeres, y afortunadamente cada vez más hombres, entonces quizás hubiéramos podido entender que un tercio de la población no sólo no condenase sino que normalizara el maltrato. Pero ha pasado el tiempo, tenemos ley, incluso acabamos de aprobar un Pacto de Estado. ¿Qué está fallando entonces para que no únicamente la población adulta sino los más jóvenes continúen pensando así?

El recorte de los últimos años en educación llevado a cabo por el Gobierno del PP tendrá algo que ver. La falta de formación específica del profesorado y la supresión de la asignatura de Educación para la Ciudadanía no favorecen en absoluto una adecuada instrucción de chicos y chicas, de niños y niñas, en igualdad, ni facilita que reciban educación para alejarlos de actitudes machistas y cercanas a la violencia de género. Además, las redes sociales y la mensajería instantánea han propiciado la aparición de nuevas formas de violencia. Éstas adoptan la forma de actitudes de control y con demasiada frecuencia son ejercidas hacia las jóvenes adolescentes por parte de sus parejas.

Otro aspecto en el que tampoco avanzamos es la manera de abordar las cuestiones relacionadas con la igualdad entre hombres y mujeres por parte de los medios de comunicación y en general el sector del audiovisual. Y eso es fundamental en una sociedad en la que los y las más jóvenes pasan horas y horas delante de las pantallas, sean éstas las del ordenador o tablet, smartphone o incluso el cine, visionando vídeos en YouTube, usando aplicaciones, jugando con videojuegos o viendo series. Y, es más, como bien señala Ana de Miguel , buena parte de los jóvenes construyen su imaginario sexual a través del visionado de pornografía. Y en ese mundo hay secuencias terribles de violencia hacia las mujeres. El Pacto de Estado incluye también, a propuestas del grupo socialista, muchas medidas relacionadas con medios. Pero el Gobierno todavía no las ha puesto en marcha, aunque en su mayoría no dependen de incrementos presupuestarios.

La responsabilidad que tenemos como sociedad, la que tenemos las personas que nos dedicamos a la política, y en especial la que tienen los gobiernos, es inmensa. No erradicaremos la violencia machista si no construimos una sociedad más igualitaria, en la que sea el respeto hacia las mujeres el esté normalizado, y no la violencia. Y hay que empezar por los y las que que aún están construyendo su personalidad. Cito -como cité el miércoles pasado en el Congreso- a la presidenta de Mujeres Juezas, Gloria Poyatos: "El machismo es una enfermedad de transmisión social y su vacuna está en la educación". Vacunemos, pues, sin mayor dilación, a niños y jóvenes, porque mañana será demasiado tarde.

lunes, 7 de noviembre de 2016

7N: UN AÑO DESPUÉS, PEOR AÚN


Hoy, 7 de noviembre, se cumple un año desde que medio millón de personas recorriéramos las calles de Madrid para reclamar el fin de la violencia de género, la erradicación del machismo y el impulso de las políticas y acciones certeras desde el Gobierno para conseguir hacer realidad esos objetivos. Yo estuve allí, junto a miles de mujeres y hombres, jóvenes y menos jóvenes. Ha pasado un año y no seguimos igual, sino que estamos mucho peor. Lejos de poder decir con firmeza y convicción que estamos en el buen camino, que hemos empezado a sembrar y pronto recogeremos la primera cosecha, hemos visto como en materia de violencias de género estamos en un charco cada vez más profundo, en un lodazal que amenaza con convertirse en arenas movedizas capaces de engullir todos los logros que conseguimos durante años mediante el impulso de leyes como las de Igualdad o contra al violencia de género. La falta de recursos económicos, presupuestarios, y de una estrategia concretada en un Pacto de Estado contra el terrorismo machista y las violencias de género hacen temer un futuro muy negro en este terreno. 

La realidad, un año después de aquella manifestación multitudinaria en la que pusimos rabia y rechazo a la violencia e ilusión a partes iguales, arroja un balance catastrófico: La reducción del presupuesto del Estado para combatir la violencia de género no se revierte. Tampoco se mejora la inversión ni las acciones preventivas y educativas, que redunden en una mayor conciencia igualitaria en la sociedad y especialmente entre nuestra juventud. La LOMCE no lo contempla, eliminó una asignatura que contribuía a esa formación en igualdad como era Educación para al Ciudadanía. A la vez, la protección policial a las víctimas de violencia machista sigue cayendo y se sitúa actualmente en la mitad de lo que suponía la valoración de riesgo de violencia en el año 2010, cuando gobernaba aún el partido socialista. 

Ante la ausencia de un Pacto de Estado contra la Violencia Machista, el gobierno sigue contemplando impasible cómo hay hombres que maltratatan y asesinan a mujeres porque parten de un concepto de posesión y de falta de respeto hacia la individualidad y la libertad personal, porque practican una concepción de las relaciones afectivas basada en el patriarcado y el androcentrismo como eje transversal. Y ante nuestros ojos demasiado acostumbrados a las consecuencias de esa concepción del mundo - que no por cotidiana es aceptable - siguen pasando casos de violaciones y agresiones sexuales de las que son víctimas 1'5 millones de mujeres en este país, casi un tercio menores de edad. Toleramos con inusitada falta de indignación la cosificación, el uso del cuerpo de la mujer como reclamo publicitario, así como la prostitución y la trata de seres humanos con fines de explotación sexual. 

El gobierno central y demasiadas comunidades autónomas poco "motivadas" manifiestan una preocupante falta de acción y decisión. A la vez, una red de municipios en toda España, la mayoría de signo progresista, impulsa acciones para erradicar esa lacra social, manifestación de la violencia de género, que es la compra de servicios sexuales y la explotación de mujeres y niñas con esa finalidad. Hace poco más de un mes se celebró en mi ciudad, Santa Coloma de Gramenet, bajo el auspicio de la alcaldesa Núria Parlon, la primera asamblea estatal de municipios libres de trata. Es el mismo municipio que,como otros sensibilizados por el problema de violencia machista, la combate como puede y con los escasos recursos y competencias de que dispone. El mismo que hoy precisamente empieza un seminario sobre el tema, convencido de que hace falta mucho trabajo para avanzar. Sería hora de que se sumaran esfuerzos y recursos contra las violencias machistas desde otras administraciones que, paradójicamente, reclaman para sí las competencias.

Nos falta todavía, como sociedad, una mayor toma de conciencia, aunque vamos dando pequeños pasos hacia la igualdad. Necesitamos una sacudida del concepto y la organización patriarcal del mundo, de nuestra sociedad. Pero eso no pasará por generación espontánea, sin una firme, decidida y estratégica acción política unida al compromiso social, que incida en la raíz del problema.

Un año después del 7N, en Madrid y a lo largo de toda la geografía española se suceden nuevas concentraciones y manifestaciones, menos multitudinarias que aquella porque se realizan de manera descentralizada, pero no menos contundentes ni resueltas. La resignación no hace avanzar el mundo, sino que es la acción la que motiva el cambio. Como decía hace doce meses en las dos entradas que sobre las movilizaciones del 7N publiqué en este blog, el camino a recorrer es largo, pero ya es hora de iniciarlo. Toca colocarlo en el centro de la agenda política. En las calles y en la conciencia de la ciudadanía afortunadamente ya está calando. 


lunes, 1 de febrero de 2016

YO ESTUVE EN EL TREN DE LA LIBERTAD


Hoy se cumplen dos años de la multitudinaria manifestación del Tren de la Libertad. Miles de mujeres y de hombres nos manifestamos aquel sábado 1 de febrero de 2014 desde Atocha hasta los alrededores del Congreso de los Diputados reclamando el mantenimiento del derecho al aborto. La iniciativa partió de un grupo de feministas de Gijón que decidieron movilizarse contra la intención del gobierno del PP, y en particular del entonces ministro de Justicia Alberto Ruiz Gallardón, de reformar la vigente Ley de salud sexual y reproductiva y de interrupción voluntaria del embarazo.

A aquella primera iniciativa de las feministas asturianas se sumaron numerosos grupos de mujeres de toda la geografía española, así como partidos políticos progresistas, liderados por el partido  socialista, y sindicatos.  El resultado fue una marcha histórica que consiguió frenar la embestida del PP contra el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo, sobre su maternidad. Frenó un intento de devolvernos a las cavernas, de trasladarnos en el túnel del tiempo hasta otros tiempos en los que ni estaba permitida la contracepción ni, por supuesto, el aborto. Tiempos en los que las mujeres acudían al mercado negro para conseguir anticonceptivos y en los que, las que podían, viajaban a Londres para evitar la progresión de un embarazo en absoluto deseado. Otras perecían en el intento o sufrían graves consecuencias físicas y psicológicas al someterse a abortos clandestinos. Hasta ahí nos quería conducir el PP, pero luchamos denodadamente y conseguimos frenarlo.    

Aquel fue un triunfo importante, pero parcial. El partido en el gobierno no cejó en su empeño de reformar uno de los aspectos de la Ley que impulsó el presidente Zapatero en 2010 y les arrebató a las jóvenes de 16 y 17 años la potestad de decidir por sí mismas si querían seguir o no adelante con sus embarazos. Si eso no fuera suficientemente grave - y a pesar de que Gallardón acabó dimitiendo y que el ministro de Educación, no menos cuestionado, también fue relevado en el cargo- el gobierno de Rajoy recortó tanto como pudo la inversión en programas de educación y prevención de embarazos no deseados y acabó con la asignatura de Educación para la Ciudadanía. En definitiva, demostró que había cedido de buen grado a las presiones de la Iglesia católica y de las organizaciones provida que tantos favores en forma de manifestaciones contra el gobierno Zapatero les había hecho cuando el PP estaba en la oposición. Ni más, ni menos. 

Pasados dos años, revisando el impacto de aquella manifestación y revisionando el magnífico documental realizado por un grupo de cineastas, llego a varias conclusiones y experimento un regusto agridulce: 

1) Se puede decir que lo logramos, que hubo un antes y un después de aquella macha del Tren de la Libertad. Seguramente por eso nos animamos hace unos meses, el 7 de noviembre de 2015, a participar en otra marcha no menos multitudinaria, un clamor que recorrió las mismas y madrileñas calles, esta vez para exigir un Pacto de Estado contra las violencias machistas.  

2) A las mujeres se nos sigue infantilizando, se nos trata como a seres inferiores que debemos ser tutelados por los hombres y por el Estado. De otra manera, y por muy de derechas que sea un gobierno, no cabe en la cabeza semejante ofensiva contra unos derechos adquiridos desde hacía tanto tiempo y que buena parte de la sociedad consideraba no sólo asentados sino indiscutibles. Por la misma lógica se entiende, que no se comprende, que cueste tanto tomar medidas serias contra la violencia de género y que la sociedad tarde tanto en reaccionar contra el terrorismo machista.

3) Constatamos que la repercusión mediática de aquella macromanifestación no fue la justa ni la debida. Cualquier otra causa de tamañas dimensiones, sin ni siquiera incidir en la mitad de la población española como era el caso, hubiese acaparado muchos más titulares, portadas y aperturas de noticiarios que lo que consiguió aquel Tren de la Libertad. Lo mismo podemos decir de la repercusión del 7N de 2015. Ergo, los arquetipos patriarcales siguen asentados en las redacciones de los medios, mal nos pese. Lo sabemos y debemos combatirlos, es una cruzada imprescindible para conseguir una sociedad más igualitaria. 

4) No podemos ni debemos bajar la guardia. Las mujeres y los hombres que creemos de verdad en la igualdad somos muchos y muy combativos. Y tenemos el deber de contagiar al resto de la sociedad que permanece adormecida por el letargo patriarcal. Tenemos un compromiso. Unos y otras lo ejercen desde la sociedad civil, desde asociaciones de todo tipo. Otras y unos simplemente desde su compromiso individual. Y otras y otros, como es mi caso, desde el compromiso político firme y decidido. 

La lucha continúa y bebe de las fuentes de días históricos como aquel 1 de febrero de 2014. Para mí es una satisfacción poder decir que yo estuve allí.