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lunes, 22 de enero de 2018

LAS MUJERES NO SOMOS MERCANCÍA ELECTORAL




No descubro nada nuevo si digo que hay elecciones en Catalunya. Tampoco si afirmo que, por más que algunos partidos -el socialista básicamente- se esfuercen en poner en la agenda política y de debate electoral cuestiones sociales, el día día de campaña lo marca el sempiterno "procés", la matraca independentista. Aun así, algunas tenemos obsesión (somos raritas, qué le vamos a hacer) por comparar programas y ver qué dicen unos y otros sobre cuestiones tan "baladís" como las relacionadas con políticas de género, con violencias machistas o con la lucha contra todo tipo de discriminaciones a las que, en pleno siglo XXI, nos vemos todavía sometidas las mujeres, aunque las leyes estipulen lo contrario. 

Las sorpresas aparecen en esta ocasión no sólo por las omisiones, aunque los silencios suelen ser elocuentes, sino también y sobre todo por las propuestas. Algunos partidos se han quitado definitivamente la máscara y se han lanzado en brazos del neoliberalismo sexual más alocado. Así, sin protección ni nada. A la brava. Lo cierto es que de algunos ya lo sospechábamos, porque practican el neoliberalismo en todas las facetas propositivas imaginables. Hay uno de cuyo nombre no es que no me acuerde sino que lo ha cambiado tantas veces que ya no me aclaro, pero que concurre esta vez bajo las siglas de Junts per Catalunya. Bien, pues los herederos de la Convergència de Jordi Pujol ahora prometen, dirigiéndose preferentemente al colectivo homosexual, que podrán alquilar vientres con todas las garantías. Yo les diría a los posibles votantes del prófugo Puigdemont que piensen otorgarle su confianza por esa promesa que, cuando menos, no se lleven a engaño. Habrá, en todo caso, vientres de alquiler para los que tengan dinero para pagar a una mujer que en cambio no lo tenga y lo necesite para subsistir o para pagarse la carrera que ellos mismos ya se encargaron de que tuviera unas tasas por las nubes, de las más caras de toda España. Por cierto, los recortes en becas y las subidas de tasas universitarias los hicieron junto con sus socios de ERC en Junts pel Sí y con el apoyo de la CUP. 

Como digo, eso me ha sorprendido bastante poco, porque ya se les suponía. Lo otro que me he encontrado escudriñando programas electorales no es que haya logrado asombrarme, porque ya apuntaban maneras los seguidores de la alcaldesa Colau, pero no deja por eso de romperme mis esquemas de roja feminista. Y sí, lo soy, qué le voy a hacer, soy socialista y feminista porque otra cosa no sé, pero eso sí que lo tenemos los y las socialistas, que solemos ser feministas hasta el punto de que nos inventamos leyes que persiguen igualar las mujeres a los hombres o que quieren conseguir la erradicación de la violencia de género. Lo que verdaderamente me ha sacado de mis casillas ha sido la declaración, negro sobre blanco, en el programa de Catalunya en Comú Podem de que están por “regularizar” la prostitución. Y más aun sabiendo que lo hacen, según afirman, “para garantizar los derechos sociales de las personas que ejercen la prostitución y para que nunca más tengamos que lamentar feminicidios y abusos contra trabajadoras sexuales como la que se produjo hace unos días en el Raval de Barcelona” Así de ancha se quedaba hace unos días en redes sociales una asesora de la formación en contestación a la alcaldesa de Santa Coloma de Gramenet, Núria Parlon, y a mí misma, que habíamos afeado a las Comuns que llevasen esa propuesta en su programa. “Lo que verdaderamente me ha sacado de mis casillas ha sido la declaración, negro sobre blanco, en el programa de Catalunya en Comú Podem de que están por “regularizar” la prostitución.” 

Para empezar, decirles que hablar de trabajadoras sexuales ya es en sí mismo una barbaridad. El sexo no es un trabajo, el sexo sólo es libre cuando se ejerce en igualdad de condiciones y sin intercambio económico de por medio. Jamás cuando existe ejercicio del poder patriarcal, ni cuando se parte de la base de que  las mujeres estamos para satisfacer a los hombres. Eso es lo que estamos enseñando a los niños y chicos aun hoy en día. Y peor sería todavía si “regularizamos” como oficio o profesión la prostitución. Para que, como bien señala Ana de Miguel, ya desde pequeños crezcan pensando que esa niña tan mona que comparte aula y patio con ellos quizás esté a su servicio por unos euros cuando crezca un poco más. Esa niña que el día de mañana se formará, buscará trabajo, no lo encontrará de aquella profesión para la que se formó pero en la oficina de colocación le ofrecerán un magnífico puesto de prostituta. Eso ya pasa en países como Alemania donde se ha “regularizado” la prostitución. No sé ustedes, pero yo eso no lo quiero ni para mi hija ni para nadie. 

Por otra parte, ignorar que en más del 90% de los casos detrás de una mujer prostituida hay una red mafiosa de trata de personas con fines de explotación sexual, dicho de otro modo, esclavitud sexual, es cerrar los ojos a la realidad. Por eso desde el socialismo, desde la izquierda real y feminista, somos abolicionistas. Estamos no por regularizar, no por legalizar esas mafias, sino por perseguir a los prostituidores, a los proxenetas, por penalizar el uso de la prostitución, como ha hecho con mucho éxito Suecia, y por ofrecer alternativas sociales y laborales a las mujeres que, por la causa que sea, se dedican a la prostitución. Porque casi ninguna está satisfecha con lo que hace. Algunas, la mayoría, están asqueadas y un gran número quieren salir de ese mundo. Si no, lean este reciente reportaje titulado “Ser puta en Barcelona”, o el último libro de Mabel Lozano en el que explica las escalofriantes “vivencias” de un esclavista, un proxeneta y tratante de mujeres.
 

Y no me vengan con el cuento de que así, legalizando esa esclavitud, van a evitar tragedias como la que ocurrió hace poco en Barcelona, con el asesinato de una mujer que se dedicaba a la prostitución. Precisamente, eso se evita haciendo justo lo contrario. Optando por lo que hizo Suecia, donde no ha habido ni un asesinato de prostitutas a manos de un cliente o de un proxeneta desde que, en 1999, se legisló contra la compra de sexo. En cambio, en Alemania, donde se optó por lo que quiere hacer Catalunya en Comú Podem, en el mismo período se han registrado más de setenta asesinatos en el mismo período.
 

Así que, mujeres de Catalunya, reflexionen por favor el próximo día 21 de diciembre y piensen a quién le ofrecen su voto. Piensen en ustedes mismas, en sus hijas, en sus nietas, en esas jóvenes o no tan jóvenes que ya tienen bastante con padecer el azote de la reforma laboral del PP, que contó además con el apoyo de los convergentes, y que les condena a la más absoluta precariedad laboral. ¿De verdad quieren que, encima, tengan que elegir entre ejercer de prostitutas o verse privadas de la prestación del paro? Yo lo tengo muy claro, yo votaré al candidato del partido que defiende a las mujeres, a Miquel Iceta. Artículo publicado el pasado 16 de diciembre de 2017 en Tribuna Feminista


lunes, 30 de octubre de 2017

ESTO NO ES VIOLENCIA MACHISTA


Uno de los principales desafíos a los que se enfrenta el Gobierno de España en los últimos tiempos es, sin duda, el de resolver el problema de Cataluña, en relación con las aspiraciones independentistas de su actual gobierno. Y uno de los retos que afronta la sociedad española y que algunas y algunos - cada vez más- estamos resueltos a resolver, es el de la violencia de género. Hasta aquí, creo que todo el mundo estaría de acuerdo. Bien. Lo que no procede, lo que resulta a todas a luces inaceptable, es utilizar un tema tan serio y tan dramático como la violencia machista como símil para ilustrar la relación entre Catalunya y España. Es, sencillamente mezquino. Y está pasando.

Desde las filas independentistas están llenando las redes de mensajes que asimilan el supuesto maltrato proveniente del Gobierno de España hacia Catalunya con el que sufren las mujeres víctimas de violencia de género. Mensajes del tipo "España es un marido maltratador¨ lanzado por Pilar Rahola ya en 2009 y retuiteado por el actual President de la Generalitat de Catalunya, Carles Puigdemont, marcaban la pauta para un nivel discursivo de dudosa catadura moral que ha continuado hasta nuestros días. Y que ha eclosionado con la tormenta perfecta del independentismo a la que asistimos desde hace ya algunas semanas. Desde el feminismo socialista se está denunciando con insistencia esta práctica. 

El súmum se produjo este miércoles, cuando una de las diputadas que participó en la subcomisión del Pacto de Estado sobre Violencia denero en el Congreso de los Diputados, Ángela Rodríguez, de En Marea, tuiteó: "¿Quién trae el dinero a casa? Eres mía. Haces lo que yo te diga. Te pago lo que me da la gana. Cambiad esposa por Catalunya y lo tenéis". Una diputada que se abstuvo, con todo su grupo, con el conjunto de representantes de Podemos, en la votación del Pacto de Estado. Leyendo tamaña barbaridad en twitter alcanzo a comprender las causas profundas de tan poca empatía con las víctimas de malos tratos demostrada en la aprobación del Pacto el 28 de septiembre.

Utilizar la violencia de género para manipular sentimientos es vil, es mezquino y es injusto con las mujeres que la sufren. No dice nada bueno de la causa que se pretende defender, sea la que sea. Y menos aún de sus defensores cuando utilizan estas argucias. Dice, eso sí, que no saben qué es la violencia machista. Dice que no les importa en absoluto el sufrimiento de las mujeres víctimas de esa violencia. Dice, en definitiva, que banalizan un tema tan grave como la violencia de género. 

Estamos ante una cuestión que adquiere una dimensión suficientemente  grave como para que no sea objeto de símiles que no contribuyen sino a relegarlo y relativizarlo. Una cuestión de Estado, que ha sido objeto de más de sesenta comparecencias en sede parlamentaria y que ha merecido el esfuerzo, mayor por parte de unos grupos que de otros pero colectivo en todo caso, para alcanzar un acuerdo a partir del cual las cosas empiecen a cambiar. 

Estamos ante una muestra más de la lógica patriarcal, según la cual aquello que tiene como protagonistas a las mujeres es secundario. Sabemos que ningún asesinato machista abre portadas ni informativos. Sabemos que titular "muere una mujer" en lugar de "mujer asesinada¨ demuestra la poca sensibilidad y responsabilidad que para con los asesinatos machistas tienen aún demasiados medios y periodistas. Y ahora tenemos que asistir a una nueva vuelta de tuerca en este ninguneo plagado de injusticia. Y lo más lamentable es que incluso mujeres que van por la vida y por la política dándoselas de feministas, nos llevan a ese terreno pantanoso del que luchamos por salir. Pues no, señoras y señores, la independencia no tiene nada que ver con la violencia machista. Es otra cosa. Hagan el favor de no confundir, respeten a las mujeres que la sufren y, si tienen un ratito, luchen por ellas.