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miércoles, 5 de julio de 2017

ELLAS COBRAN MENOS


De nuevo llaman mi atención los datos del INE reflejados en la Encuesta Anual de Estructura Salarial. De nuevo la brecha salarial aparece como nota destacada en el conjunto de números y estadísticas: El salario medio anual femenino es en España un 22'9% inferior al masculino. Nada nuevo en el panorama laboral, y eso es justamente lo preocupante. El Gobierno habla continuamente de recuperación, pero mira a otro lado, e incluso intenta negar la evidencia, cuando escucha en sede parlamentaria o en medios de comunicación referencias a esa discriminación laboral que, en cambio, no tiene nada de sutil. Al contrario, se trata de una diferencia salarial por razón de sexo tan contundente y tan evidente, que la alarma debería ser general y la respuesta, inmediata.

Podemos encontrar, de hecho solemos escuchar, excusas de mal pagador, como dicen en mi tierra. Pero, en el fondo del problema, subyace el más rancio machismo arraigado en nuestra sociedad, la diferenciación de roles y la estereotipación de la función social femenina. Cuestiones que mi generación creyó ilusoriamente superadas, no solo no desaparecen sino que irrumpen con una fuerza inusitada. 


Hace unas semanas pregunté al presidente de RTVE, cumpliendo con la misión de control que tenemos encomendada las personas que ejercemos como diputados en el Congreso, por la presencia de mujeres en cargos directivos en la televisión pública. En este caso, como en la administración General del Estado, o como en la autonómica o local, estamos hablando de empleo público al que, en principio, se accede por pruebas selectivas u oposiciones. Pues bien, aún así, aún tratándose de acceso por méritos objetivamente medidos, que generalmente facilitan la ecuanimidad y dificultan la diferenciación salarial por razón de sexo, encontramos discriminación, en tanto en cuanto la discrecionalidad en los nombramientos entra en escena. De otra manera no se explica que un 72'1% de las personas en cargos directivos en la Corporación sean hombres, frente a únicamente un 27'8% de mujeres. Tampoco de otra manera podríamos dar respuesta al hecho de que las mujeres solo accedieron en la radiotelevisión pública española al 34% de los complementos salariales por disponibilidad en 2016, o que ese año desplazaran a los Sanfermines - que ahora empiezan de nuevo- a 12 mujeres de una delegación de 69, mientras que a los Juegos Olímpicos de Río fueran 24 de un total de 158 profesionales, con el agravio en cuestión de visibilidad que ello comporta pero también de menor acceso a complementos salariales y dietas que implica. 

Es un ejemplo, éste, que ilustra cómo muchas veces se camufla, especialmente en el ámbito del empleo público, la brecha salarial, escondida en un marasmo de complementos salariales que sí obedecen a decisiones discrecionales y que siempre terminan afectando de manera negativa y discriminatoria a las mujeres. En el ámbito laboral privado, y mientras no se adopten medidas contundentes para evitarlo y perseguirlo, las discriminaciones suelen ser mucho menos sutiles, aunque frecuentemente adoptan forma de contrataciones a tiempo parcial, empleo temporal o menores remuneraciones en sectores feminizados, generalmente asociados al cuidado de las personas. 

Podemos nadar en la autocomplacencia, como suele hacer la ministra Fátima Báñez, podemos convencernos a nosotras mismas de que estamos saliendo del agujero que horadó la crisis económica, pero la realidad es tozuda y nos indica que no sólo las mujeres en activo cobran menos que los hombres sino que las pensionistas y jubiladas aún difieren mucho más en sus percepciones salariales en comparación con ellos. Según el Informe de Igualdad entre mujeres y hombres en la Unión Europea publicado recientemente, las mujeres pensionistas españolas cobran un 36'1% menos que los hombres en esa circunstancia, un dato que en 2008 estaba en el 33%. Y, en lo referente al acceso a las pensiones, la brecha en España es de un 26%, mientras que la media europea se sitúa en el 6'2%. 

Otros y otras, a diferencia de lo que hace -o no hace- la ministra del ramo, pensamos que hay que actuar y que debemos hacerlo con diligencia. Y proponemos el desarrollo de una legislación que actúe a favor de la igualdad salarial, un marco normativo que dignifique el empleo, derogando la reforma laboral. Y queremos permisos de paternidad y maternidad iguales e intransferibles. 

En un país en el que una de cada tres mujeres trabaja a tiempo parcial, la mayoría porque no encuentra otro empleo, un país en el que un 29% de las mujeres en edad de estar activas laboralmente no lo están y en el que solo un 4'3% de los puestos directivos lo ocupan ellas, tenemos un problema. Y la mejor manera de empezar a resolverlo es aceptando que existe, que es grave y que las soluciones que requiere son urgentes. 



martes, 9 de mayo de 2017

VIOLENCIA DE GÉNERO Y RTVE


Mucho se ha escrito, dicho, analizado y recomendado sobre el tratamiento mediático de la violencia de género. Pero a pesar de ello, los medios de comunicación y particularmente las televisiones continúan haciendo oídos sordos y siguen abordando de una manera extremadamente irresponsable esta cuestión que se debate en sede parlamentaria con la intención de alcanzar, a corto plazo, un Pacto de Estado.

La responsabilidad de los medios, de sus cargos directivos y de los y las periodistas es incuestionable, a la par que ineludible. Si, además, estamos hablando de medios públicos, la no asunción de esa responsabilidad es una desatención a la legalidad vigente.

Formo parte de la subcomisión del Congreso de los Diputados para un Pacto de Estado sobre la Violencia de Género. Llevamos cerca de 60 comparecencias y en una buena parte de ellas se ha abordado, sea de manera plena o colateral, este tema, el del papel de los medios en el abordaje y prevención de la violencia machista. Hace unos días, en la Comisión Mixta de Control Parlamentario de la Corporación RTVE y sus Sociedades, le formulé al presidente de esa Corporación, José Antonio Sánchez, una pregunta sobre qué actuaciones se llevan a cabo para dar cumplimiento a lo que indica al respecto la Ley integral contra la violencia de género. Y, claro, le ofrecí mi parecer: que en absoluto se está cumpliendo el mandato de la ley y, lo que es peor, en algunos programas como La Mañana o en Hora Punta, de Javier Cárdenas, se vulnera esa ley, así como la Ley de Igualdad, de la que hace poco conmemoramos el décimo aniversario.

Fue en La Mañana de La Uno donde se vendió como exclusiva una entrevista al violador de Pirámides, autor confeso de al menos 140 violaciones. Una información tendenciosa, con referencia sólo al autor del delito, tratando al victimario como víctima y evitando cualquier alusión a las mujeres que agredió sexualmente. Una auténtica vergüenza. Y no fue un desliz. La violencia de género se ha tratado con alarmante frivolidad, con irresponsabilidad y con banalización en ese programa, que cuenta con tertulianos habituales que defienden falacias como la existencia extendida y sistemática de denuncias falsas. Cuando está probado que son pura anécdota y que cuando existen, se detectan y se persiguen con la pena que merecen. Las denuncias falsas no son el problema, el problema son los miles de casos, denunciados o no, que se continúan dando en nuestro país.

Y sobre el programa de Javier Cárdenas no me extenderé. Es sobradamente conocida la frivolidad, demostraciones de machismo y difusión de estereotipos sexistas en este y otros programas que ha presentado. El presidente de RTVE, por cierto, se mostró sorprendido y aseguró que no se ha enterado de que "en RTVE se fomente la imagen de la mujer como objeto sexual". Pues ese es el problema, señor Sánchez, que no se entera ni se quiere enterar. Que le da absolutamente igual el contenido de esos programas y otros que emite la primera cadena de la televisión pública estatal. Que la igualdad brilla por su ausencia en TVE, que el Plan de Igualdad interno no se cumple, que no forma adecuadamente en igualdad a sus profesionales para que no se repita día tras día ese tratamiento inadecuado en forma de opiniones, imágenes o contenidos.

Dice el profesor de periodismo y doctor en Ciencias de la Información José María Calleja que hasta que los medios pusieron la cámara en el punto de vista de las mujeres, pasaron muchos años pero que, actualmente, esos mismos medios de comunicación siguen sin tener una posición beligerante frente a la violencia de género. Posición beligerante que sí demostraron tener en un problema asimilable como fue el terrorismo etarra. Es cierto. Los medios abordan este tema como si se tratase de un problema particular y como si estuviéramos ante un simple suceso. Por eso ofrecen detalles morbosos y dan validez al testimonio de cualquiera. Por eso, cuando nos cuentan un caso, no lo contextualizan, lo narran sin molestarse en enmarcarlo en el verdadero problema que hay detrás de todos los casos de violencia de género: la desigualdad y el machismo.

Yo recuerdo el primer caso de violencia de género que tuve que cubrir en mi carrera profesional como periodista. Apenas se habían iniciado los años 90 del pasado siglo y el concepto de violencia de género no era el más usado. Entonces aún se hablaba de crímenes pasionales y se justificaba al agresor - que terminó suicidándose tras asesinar a su mujer y a su hijo- argumentando que padeció enajenación mental transitoria. Vamos, que le dio un aire, que se le cruzaron los cables, y acabó con la vida "de los que más quería" y, al darse cuenta de lo que había hecho, se quitó de en medio. Han pasado los años y, afortunadamente, hoy sabemos que esos asesinatos son calculados, premeditados y, sobre todo, que tienen un denominador común, se suicide o no el autor: se trata de violencia ejercida sobre la mujer por el hecho de ser mujer y el machismo y la desigualdad subyacen en todos los casos. También recuerdo como en aquellos años era relativamente habitual que fuentes policiales justificaran algún caso de agresión de un marido a su mujer, que terminaba en desistimiento o en retirada de la denuncia porque "algo habría hecho para que le levantara la mano".... Tal cual aunque, lógicamente, nunca reproduje - por sentido común y por honor a la verdad- semejante sentencia en mis crónicas. Un sentido común y una defensa de la víctima que en demasiadas ocasiones, aun hoy en día, encuentro a faltar en algunos compañeros y compañeras de profesión.

Pero ya es suficiente. Es hora de que ese tipo de comentarios, justificaciones y sesgos, de que ese tratamiento mediático y por ende social de la violencia de género quede del todo desterrado. No nos podemos permitir continuar así. Es urgente un pacto mediático, un compromiso serio, empezando por los medios públicos como RTVE, para que se aborde este problema como lo que es, una cuestión de Estado en cuyo combate debe implicarse toda la sociedad. Y es deber del presidente de la Corporación, en la parte que le corresponde, velar porque así sea.