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martes, 17 de marzo de 2020

MACHISMO EN LOS ESCAÑOS


El machismo ultraderechista anda suelto por los escaños del Congreso y el Senado y se muestra irreverente, ajeno a la cortesía parlamentaria que antaño era moneda común en las dos cámaras. Llaman "presidentes" a las presidentas Meritxell Batet y Pilar Llop, en una patética escenificación de desafío rancio de macho bravío.  El “zasca” de la presidenta de la Cámara Alta contestando a un parlamentario de Vox con un rotundo "gracias, señora senadora" aún resuena, días más tarde, en las paredes del Senado. Pero en estos tiempos de impactos en redes, las praxis maleducadas y zafias se contagian a la velocidad del rayo, de manera que en la Cámara Baja fue un diputado de Ciudadanos quien le dio a escoger a Batet entre el tratamiento de "Presidenta o Presidente". 

Insisten esas ínclitas señorías ultraderechistas en el negacionismo de la violencia de género. Y lo hacen sin sonrojarse, pese a que en un mismo día, como lamentablemente ha ocurrido de manera reciente, dos hombres asesinen a sus parejas por el hecho de ser mujeres y por considerarlas carentes de derechos, de libertad, de respeto y de capacidad de decisión, como reza en su exposición de motivos la vigente Ley  de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Si alguien cree que no hay ninguna relación entre el repunte de la violencia machista y los exabruptos misóginos de algunos políticos, debe tener claro que lo único que estos consiguen es alentar a los hombres que son violentos y debilitar a las mujeres que están sufriendo maltrato. Ya es bastante duro para una víctima de violencia de género decidirse a denunciar, superar el miedo, los sentimientos de culpa, la vergüenza y las dudas sobre si las creerán o no como para, encima, escuchar a algunos de los representantes de la ciudadanía cuestionar la propia existencia de la pesadilla que están viviendo. 

El reconocimiento de una violencia específica contra las mujeres, que trasciende el ámbito privado y que se manifiesta como expresión más brutal de la desigualdad existente en la sociedad entre mujeres y hombres, se produjo con la aprobación de la ley integral en 2004. Trece años más tarde, superada la mayoría absoluta del Partido Popular, el Congreso alcanzó un Pacto de Estado en materia de Violencia de Género. Esos consensos no pueden ni deben romperse. Está en juego la vida de demasiadas mujeres. 

Estamos ante la expresión política de una nueva cara del machismo, que siempre es suficientemente hábil como para adaptarse a los tiempos, para sobrevivir a los avances, por otra parte irrefrenables, del feminismo. Sus fuentes son la falsedad y la manipulación de datos. Apelan a las denuncias falsas aunque esté reiterada y estadísticamente probado que son sumamente anecdóticas. Pretenden defender al violento presentando a su víctima como verdugo. Y hablan de violencia doméstica con el ánimo de confundir, a sabiendas de que se refiere a un fenómeno sin el componente de género que ya tiene otro marco normativo con el que se castiga a las personas que agreden dentro del ámbito familiar.

Mientras esto ocurre, la sociedad se rebela y se organiza, en movimientos que se hacen globales, contra las agresiones machistas, exigiendo igualdad real para las mujeres, denunciando y señalando a los machistas violentos. El 8 de marzo y el 25 de noviembre, días señalados en el calendario, dan notoriedad al grito de “Basta ya” que suena todo el año, cada vez más alto y decidido. Existen organizaciones de hombres que dan un paso adelante para mostrar su rechazo a los violentos, porque la mayoría no lo son. Solo hace falta que esa mayoría haga evidente su contrariedad, como lo hacen las mujeres.

Movimientos como el "MeToo" han hecho caer como castillos de naipes el prestigio de personalidades públicas cuya verdadera cara ha quedado al descubierto. Así, Plácido Domingo ha terminado pidiendo perdón a las víctimas de sus reiterados acosos sexuales a lo largo y ancho del orbe y del tiempo. Y se ha declarado culpable en un juicio al productor Harvey Weinstein. Mujeres valientes denunciado a sus acosadores, a sus violadores, y otras muchas, y muchos, les han creído. El Ministerio de Cultura ha anunciado la cancelación de recitales del tenor español que reconoció su responsabilidad en las acusaciones de acoso sexual lanzadas contra él, actitud que contrasta con la de personajes públicos y políticos incrédulos hasta hace nada ante las denuncias de las mujeres acosadas.

Tenemos la responsabilidad política y social de responder como es debido a lo que puede y debe ser el último coletazo del machismo resistente. Debemos hacerlo con seriedad, legislando para proteger más y mejor a las víctimas y combatiendo los discursos que las ningunean y que alientan a los maltratadores. Callar no es una opción. 


viernes, 24 de noviembre de 2017

VACUNEMOS A LA JUVENTUD CONTRA EL MACHISMO


Se lo dije hace unos días a la ministra Dolors Montserrat en la sesión de control al Gobierno: tenemos un grave problema. La violencia de género no sólo es una lacra en la sociedad actual sino que lo continuará siendo en el futuro a menos que eduquemos y concienciemos a la juventud. Y es que, según el último informe de la FAD, casi uno de cada tres jóvenes la normaliza la vilencia de género, cree que es normal que en una relación de pareja heterosexual haya cierto grado de posesión, de dominio o incluso de violencia del hombre hacia la mujer. Desde luego, algo estamos haciendo muy mal, y si no lo remediamos, lo pagaremos muy caro las mujeres durante muchas generaciones.

El machismo, germen de la violencia contra las mujeres, está incrustado en nuestra sociedad. El último Eurobarómetro  de la Comisión Europea desvela que el 44% de los europeos considera que el sitio "natural" para la mujer es la casa, el ámbito de lo doméstico, mientras que el del hombre es el de lo público, ganar el sustento de la familia. Vamos, como en las cavernas, ni más ni menos. Ese porcentaje es la media de los países de la UE, y en España se sitúa en el 29%. Es decir, prácticamente el mismo porcentaje de personas que en este país creen que las mujeres tenemos que fregar y nada más, y que tenemos que hacerlo nosotras porque nacimos mujeres, lo encontramos cuando nos fijamos en los jóvenes y les preguntamos por la violencia machista. Insisto, preocupante. 

Cuando, hace quince o veinte años, el término violencia de género no estaba en la agenda política ni social, cuando no teníamos una Ley específica, cuando no era habitual que saliéramos a la calle a gritar "NI Una Más, Ni Una Menos, nos queremos vivas", como hacemos ahora las mujeres, y afortunadamente cada vez más hombres, entonces quizás hubiéramos podido entender que un tercio de la población no sólo no condenase sino que normalizara el maltrato. Pero ha pasado el tiempo, tenemos ley, incluso acabamos de aprobar un Pacto de Estado. ¿Qué está fallando entonces para que no únicamente la población adulta sino los más jóvenes continúen pensando así?

El recorte de los últimos años en educación llevado a cabo por el Gobierno del PP tendrá algo que ver. La falta de formación específica del profesorado y la supresión de la asignatura de Educación para la Ciudadanía no favorecen en absoluto una adecuada instrucción de chicos y chicas, de niños y niñas, en igualdad, ni facilita que reciban educación para alejarlos de actitudes machistas y cercanas a la violencia de género. Además, las redes sociales y la mensajería instantánea han propiciado la aparición de nuevas formas de violencia. Éstas adoptan la forma de actitudes de control y con demasiada frecuencia son ejercidas hacia las jóvenes adolescentes por parte de sus parejas.

Otro aspecto en el que tampoco avanzamos es la manera de abordar las cuestiones relacionadas con la igualdad entre hombres y mujeres por parte de los medios de comunicación y en general el sector del audiovisual. Y eso es fundamental en una sociedad en la que los y las más jóvenes pasan horas y horas delante de las pantallas, sean éstas las del ordenador o tablet, smartphone o incluso el cine, visionando vídeos en YouTube, usando aplicaciones, jugando con videojuegos o viendo series. Y, es más, como bien señala Ana de Miguel , buena parte de los jóvenes construyen su imaginario sexual a través del visionado de pornografía. Y en ese mundo hay secuencias terribles de violencia hacia las mujeres. El Pacto de Estado incluye también, a propuestas del grupo socialista, muchas medidas relacionadas con medios. Pero el Gobierno todavía no las ha puesto en marcha, aunque en su mayoría no dependen de incrementos presupuestarios.

La responsabilidad que tenemos como sociedad, la que tenemos las personas que nos dedicamos a la política, y en especial la que tienen los gobiernos, es inmensa. No erradicaremos la violencia machista si no construimos una sociedad más igualitaria, en la que sea el respeto hacia las mujeres el esté normalizado, y no la violencia. Y hay que empezar por los y las que que aún están construyendo su personalidad. Cito -como cité el miércoles pasado en el Congreso- a la presidenta de Mujeres Juezas, Gloria Poyatos: "El machismo es una enfermedad de transmisión social y su vacuna está en la educación". Vacunemos, pues, sin mayor dilación, a niños y jóvenes, porque mañana será demasiado tarde.

martes, 9 de mayo de 2017

VIOLENCIA DE GÉNERO Y RTVE


Mucho se ha escrito, dicho, analizado y recomendado sobre el tratamiento mediático de la violencia de género. Pero a pesar de ello, los medios de comunicación y particularmente las televisiones continúan haciendo oídos sordos y siguen abordando de una manera extremadamente irresponsable esta cuestión que se debate en sede parlamentaria con la intención de alcanzar, a corto plazo, un Pacto de Estado.

La responsabilidad de los medios, de sus cargos directivos y de los y las periodistas es incuestionable, a la par que ineludible. Si, además, estamos hablando de medios públicos, la no asunción de esa responsabilidad es una desatención a la legalidad vigente.

Formo parte de la subcomisión del Congreso de los Diputados para un Pacto de Estado sobre la Violencia de Género. Llevamos cerca de 60 comparecencias y en una buena parte de ellas se ha abordado, sea de manera plena o colateral, este tema, el del papel de los medios en el abordaje y prevención de la violencia machista. Hace unos días, en la Comisión Mixta de Control Parlamentario de la Corporación RTVE y sus Sociedades, le formulé al presidente de esa Corporación, José Antonio Sánchez, una pregunta sobre qué actuaciones se llevan a cabo para dar cumplimiento a lo que indica al respecto la Ley integral contra la violencia de género. Y, claro, le ofrecí mi parecer: que en absoluto se está cumpliendo el mandato de la ley y, lo que es peor, en algunos programas como La Mañana o en Hora Punta, de Javier Cárdenas, se vulnera esa ley, así como la Ley de Igualdad, de la que hace poco conmemoramos el décimo aniversario.

Fue en La Mañana de La Uno donde se vendió como exclusiva una entrevista al violador de Pirámides, autor confeso de al menos 140 violaciones. Una información tendenciosa, con referencia sólo al autor del delito, tratando al victimario como víctima y evitando cualquier alusión a las mujeres que agredió sexualmente. Una auténtica vergüenza. Y no fue un desliz. La violencia de género se ha tratado con alarmante frivolidad, con irresponsabilidad y con banalización en ese programa, que cuenta con tertulianos habituales que defienden falacias como la existencia extendida y sistemática de denuncias falsas. Cuando está probado que son pura anécdota y que cuando existen, se detectan y se persiguen con la pena que merecen. Las denuncias falsas no son el problema, el problema son los miles de casos, denunciados o no, que se continúan dando en nuestro país.

Y sobre el programa de Javier Cárdenas no me extenderé. Es sobradamente conocida la frivolidad, demostraciones de machismo y difusión de estereotipos sexistas en este y otros programas que ha presentado. El presidente de RTVE, por cierto, se mostró sorprendido y aseguró que no se ha enterado de que "en RTVE se fomente la imagen de la mujer como objeto sexual". Pues ese es el problema, señor Sánchez, que no se entera ni se quiere enterar. Que le da absolutamente igual el contenido de esos programas y otros que emite la primera cadena de la televisión pública estatal. Que la igualdad brilla por su ausencia en TVE, que el Plan de Igualdad interno no se cumple, que no forma adecuadamente en igualdad a sus profesionales para que no se repita día tras día ese tratamiento inadecuado en forma de opiniones, imágenes o contenidos.

Dice el profesor de periodismo y doctor en Ciencias de la Información José María Calleja que hasta que los medios pusieron la cámara en el punto de vista de las mujeres, pasaron muchos años pero que, actualmente, esos mismos medios de comunicación siguen sin tener una posición beligerante frente a la violencia de género. Posición beligerante que sí demostraron tener en un problema asimilable como fue el terrorismo etarra. Es cierto. Los medios abordan este tema como si se tratase de un problema particular y como si estuviéramos ante un simple suceso. Por eso ofrecen detalles morbosos y dan validez al testimonio de cualquiera. Por eso, cuando nos cuentan un caso, no lo contextualizan, lo narran sin molestarse en enmarcarlo en el verdadero problema que hay detrás de todos los casos de violencia de género: la desigualdad y el machismo.

Yo recuerdo el primer caso de violencia de género que tuve que cubrir en mi carrera profesional como periodista. Apenas se habían iniciado los años 90 del pasado siglo y el concepto de violencia de género no era el más usado. Entonces aún se hablaba de crímenes pasionales y se justificaba al agresor - que terminó suicidándose tras asesinar a su mujer y a su hijo- argumentando que padeció enajenación mental transitoria. Vamos, que le dio un aire, que se le cruzaron los cables, y acabó con la vida "de los que más quería" y, al darse cuenta de lo que había hecho, se quitó de en medio. Han pasado los años y, afortunadamente, hoy sabemos que esos asesinatos son calculados, premeditados y, sobre todo, que tienen un denominador común, se suicide o no el autor: se trata de violencia ejercida sobre la mujer por el hecho de ser mujer y el machismo y la desigualdad subyacen en todos los casos. También recuerdo como en aquellos años era relativamente habitual que fuentes policiales justificaran algún caso de agresión de un marido a su mujer, que terminaba en desistimiento o en retirada de la denuncia porque "algo habría hecho para que le levantara la mano".... Tal cual aunque, lógicamente, nunca reproduje - por sentido común y por honor a la verdad- semejante sentencia en mis crónicas. Un sentido común y una defensa de la víctima que en demasiadas ocasiones, aun hoy en día, encuentro a faltar en algunos compañeros y compañeras de profesión.

Pero ya es suficiente. Es hora de que ese tipo de comentarios, justificaciones y sesgos, de que ese tratamiento mediático y por ende social de la violencia de género quede del todo desterrado. No nos podemos permitir continuar así. Es urgente un pacto mediático, un compromiso serio, empezando por los medios públicos como RTVE, para que se aborde este problema como lo que es, una cuestión de Estado en cuyo combate debe implicarse toda la sociedad. Y es deber del presidente de la Corporación, en la parte que le corresponde, velar porque así sea.


viernes, 12 de febrero de 2016

RECUPEREMOS EL MINISTERIO DE IGUALDAD


La actividad parlamentaria se va activando semana a semana en el Congreso de los y las Diputados/as (por cierto, quizás deberíamos plantearnos en serio aplicar el lenguaje no sexista ni excluyente a la terminología institucional) El miércoles, 10 de febrero, quedó constituida formalmente la Comisión de Igualdad, de la que formo parte como vocal. Tenemos mucho trabajo por delante, qué duda cabe. Empezando por el Pacto institucional, social y político contra la violencia de género. Esa lacra contra la que no debemos ni podemos resignarnos y para la que sabemos que existen soluciones que darán tarde o temprano frutos. Seguramente no serán inmediatos, la tarea es ardua pero, precisamente por eso, cuanto antes la iniciemos, antes obtendremos réditos. Lógicamente, la Comisión Parlamentaria de Igualdad trabajará en muchos otros campos, como anunció su presidenta, la socialista Pilar Cancela: igualdad salarial, conciliación y usos del tiempo, visibilidad de las mujeres y su representación en los medios de comunicación, así como un largo etcétera. 

Esta semana se ha producido algo tanto o más importante que la constitución de esa comisión parlamentaria. El líder socialista, Pedro Sánchez, quien ha aceptado la propuesta de procurar constituir un nuevo gobierno, anunció ayer que quiere recuperar el Ministerio de Igualdad. Es básico que todos los temas relacionados con igualdad y género se impulsen desde un ministerio específico. Sobre todo porque sólo desde la especialización, y no es una paradoja, se puede conseguir que éste sea un tema presente en todas las acciones de gobierno. Y únicamente desde la transversalidad en la acción política se camina de verdad hacia la plena igualdad. Si nadie vela permanentemente por los intereses del cien por cien de la población, la inercia del día a día hace que todo el mundo tienda a tener poco presente, si no a olvidar, la mitad que constituimos las mujeres. Esa es la esencia y el producto de la sociedad patriarcal en la que vivimos, mal que nos pese.

Todas estas acciones constituyen buenas nuevas para las mujeres y para todas aquellas personas que creemos en la igualdad de género y que luchamos día a día por conseguirla. Cada vez somos más, hombres y mujeres, los y las que tenemos esa como una de nuestras banderas. Algunas tenemos incluso el honor y el privilegio de hacerlo desde lugares donde somos portavoces de la voluntad popular. El recientemente constituido Congreso de las personas Diputadas está cerca de la paridad. Las diputadas somos un 41% de la cámara, un récord que confiemos que se bata de nuevo en la siguiente legislatura.

En esa lucha diaria nos precedieron otras mujeres. Todo comenzó en 1931. Clara Campoamor, una de las tres diputadas en el Congreso, pronunció el histórico discurso que tanto ayudó a conseguir, ese mismo año, el sufragio femenino, que cristalizó en 1933 en las primeras elecciones en las que las mujeres ejercieron su derecho a voto. Tres años más tarde Federica Montseny se convirtió en la primera mujer Ministra en España y pionera en Europa. Aún trascurrieron unas décadas, superado el Franquismo, para que en 1977 la mesa del Congreso registrara por primera vez la presencia de una mujer, y sólo más de veinte años después, en el 2000, una mujer presidió el Congreso. 

Soy, somos, herederas de esas políticas feministas pioneras de los años treinta del pasado siglo a las que deberíamos tener mucho más presentes. Recogemos el legado de Campoamor para avanzar hacia una sociedad más justa e igualitaria, para recuperar lo perdido en estos últimos años de rodillo neoliberal caracterizado por acciones contrarias a los derechos de las mujeres. Lo haremos con mucho menos mérito que Clara, eso por supuesto. Los tiempos son complicados pero ahora somos muchas más y tenemos muchísimo más respaldo social y político que el que ella tuvo. Pero nosotras lo haremos. Otras, pueden también y no lo hacen.