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lunes, 20 de abril de 2020

LA VIOLENCIA DE GÉNERO TAMBIÉN LA PARAMOS UNIDAS


La mayoría de la ciudadanía de este país y parte de la del resto del mundo está confinada entre cuatro paredes. Nuestro espacio vital se ha reducido, en algunos casos más que en otros porque, también en pandemia, los recursos económicos se traducen generalmente en más o menos metros cuadrados habitables y más o menos confort en nuestros hogares. Muchas personas pasamos ese confinamiento con nuestras familias. Otras, sobre todo la población de más edad, pasan esta reclusión en soledad. 

Las tecnologías de la información y las redes sociales que han proliferado gracias a esas tecnologías nos ayudan a sortear el aislamiento. Pero, posibilidades económicas y tecnológicas aparte, hay una segmento de la sociedad que lo está pasando especialmente mal: las mujeres que viven en su día a día el infierno de la violencia de género y a las que ahora les toca convivir más que nunca con sus maltratadores. Incluso en los casos en que se trate de parejas controladoras con las que no conviven, las redes, aplicaciones de mensajería y de videoconferencias pueden convertirse estos días en un medio más de acoso y maltrato psicológico. Las cifras, aún provisionales, del mes de marzo, corroboran los temores de un incremento de casos. El teléfono de atención 016 recibió el mes pasado un 12'43% más de llamadas en los quince primeros días de confinamiento, respecto al mismo período del año anterior y las consultas online se incrementaron en un 269'57%. Entre los días 14 y 29 de marzo, hubo un 18'21% más de llamadas que en los mismos días del mes anterior, y un 286'3% más de consultas online. 

El problema sigue existiendo porque el machismo es un virus persistente que se adapta a las nuevas coyunturas. Tras las paredes que nos protegen hay mujeres que están ahora permanentemente vigiladas. Por eso es tan importante que el entorno de las posibles víctimas, familiares y amigos pero también el vecindario, esté muy atento estos días y denuncie por ellas cuando sea necesario.

El Pacto de Estado en materia de Violencia de Género aprobado por el Congreso de los Diputados en 2017 proponía en sus más de doscientas medidas diversas herramientas, legales, jurídicas pero también sociales. El Gobierno, reforzando algunas de esas medidas, así como lo establecido en la Ley Integral de 2004, y adaptando la atención a las víctimas  a las necesidades especiales derivadas de la declaración del estado de alarma, ha aprobado un Real Decreto-Ley de medidas urgentes. Antes, durante los primeros días de confinamiento, impulsó ya un Plan de Contingencia contra la violencia de género ante la crisis del COVID-19 que incluía una guía específica. 

Entre las medidas que contemplan estas actuaciones gubernamentales, está la declaración como servicios esenciales de todos aquellos relacionados con la asistencia integral a las mujeres víctimas, así como la garantía de prestación de los servicios de información y asesoramiento jurídico, el teléfono 016 y los de emergencias, si bien por vía telemática, durante las veinticuatro horas del día. Además, se ha puesto en marcha un nuevo servicio de atención psicólógica por mensajería instantánea, con dos líneas de atención. Igualmente, se garantiza la normalidad del servicio telefónico de atención y protección, ATENPRO, y continúan funcionando los servicios de seguimiento por medios telemáticos, en cumplimeinto de las medidas cautelares y penas de prohibición de aproximación.

En estos momentos de crisis sanitaria y social, todas las administraciones deben velar, más que nunca si cabe, por el bienestar de la ciudadanía. Aquellas más próximas, como los ayuntamientos o las comunidades autónomas, podrán disponer de los remanentes del Pacto de Estado ya transferidos para asistir a las mujeres que sufren malos tratos.  Las administraciones públicas, además, deben adaptar los servicios que prestan a las especiales circunstancias. Es por eso que los servicios de acogida no solo continúan a disposición de las víctimas de violencia de género sino que a los centros de emergencia, acogida y pisos tutelados se añaden - cuando en los recursos ordinarios no haya disponibilidad de plazas- alojamientos turísticos. Y no únicamente para las mujeres víctimas de violencia de género sino también para las que lo son de explotación sexual y trata con fines de explotación sexual. 

El Gobierno no ha dejado nunca solas a las mujeres que sufren violencia machista y no lo va a hacer tampoco ahora. Aunque haya partidos del arco parlamentario, situados a la extrema derecha, que pidan la derogación de las leyes y medidas que la combaten. Ellas, esas mujeres, forman parte del colectivo de personas más vulnerables que sufren de manera especial ante una crisis, sea esta del tipo que sea, y la ocasionada por la pandemia no es una excepción. El combate contra la violencia de género, para erradicarla de nuestra sociedad, es y seguirá siendo una prioridad.


Artículo publicado en El Plural el 2 de abril de 2020



martes, 24 de marzo de 2020


VIOLENCIA EN TIEMPOS DE PANDEMIA



La crisis del coronavirus nos ha situado ante el espejo como sociedad. Son muchos los aspectos de nuestra manera de organizarnos que se están poniendo en cuestión. Estamos en parón y en estado shock colectivo. Nuestras rutinas diarias se han trastocado. No somos libres de salir a la calle cuando queramos. Es más, debemos permanecer en encierro domiciliario y transitar únicamente con motivo justificado. Muchas personas dejan de trabajar temporalmente o tele trabajan desde casa. Entre ellos ¿cuántos maltratadores habrá? ¿cuántas víctimas de violencia de género? Para ellas, la convivencia prolongada con su pareja aumenta preocupantemente el riesgo.

Los medios de comunicación únicamente hablan de un tema, la pandemia vírica. La última hora de la alerta sanitaria manda. Parece como si el resto de problemas hubieran quedado aparcados. Nada más lejos de la realidad. Ellas, las víctimas de violencia de género, continúan sufriendo. Y tienen que saber que continúa habiendo alguien al otro lado. Necesitan saber que, pese a que el mundo parece girar en torno a un virus desconocido al que hay que combatir, no se cierran los servicios a los que pueden acudir en busca de ayuda. Siguen disponibles servicios como el teléfono 016, donde se ha implantado el teletrabajo, las fuerzas de seguridad o los juzgados de violencia sobre la mujer. Estos últimos continúan realizando guardias y asegurando el dictado de órdenes de protección, así como cualquier medida cautelar en materia de violencia contra las mujeres y menores. Así lo establecen las nuevas directrices del Ministerio de Justicia para la prestación de servicios esenciales en juzgados y tribunales durante la vigencia del estado de alarma para la contención del COVID19.

Tardaremos más o tardaremos menos pero venceremos, unidos y unidas por supuesto, al coronavirus. Pero la violencia de género continuará, el virus del machismo letal seguirá atacando a nuestra sociedad a menos que unamos fuerzas como lo estamos haciendo contra esta terrible pandemia que nos amenaza y que se expande. Por eso decidimos hace ya más de dos años que estábamos ante una cuestión de Estado. Y, como tal, la abordamos desde los poderes públicos.

Hemos tardado muy poco en armarnos política y socialmente contra el coronavirus. Tenía que ser así para evitar que se propague descontroladamente. Una vez lo superemos, nos tendremos que sentar a reflexionar sobre los peligros que nos acechan en un mundo globalizado e interconectado, deberemos intentar que no se repita la pandemia.
Bastante más nos costó alcanzar consensos políticos sobre la amenaza real de la violencia de género, y no porque las cifras de su contagio y mortalidad fuesen precisamente insignificantes. Aunque el PP de Casado vaya ahora presumiendo de haber aprobado el Pacto de Estado en materia de Violencia de Género bajo la presidencia de Rajoy, es sobradamente conocido que sólo se sentó a negociarlo en 2017, cuando ya habían perdido la mayoría absoluta, nunca antes, a pesar de que el PSOE lo pedía, haciéndose eco de las demandas del movimiento feminista, desde 2014.

Son indudablemente días aciagos, estos que estamos viviendo. Días en los que nos replanteamos muchas cosas, tanto desde el punto de vista personal como social. Le damos vueltas a todo porque esta situación nos ha otorgado algo que escasea en nuestro mundo desenfrenado: tiempo libre de algunas obligaciones y menos prisas. Puede ser una ocasión de oro para replantearnos también si queremos seguir siendo una sociedad en la que no pase semana, a veces ni siquiera un día, sin que tengamos que lamentar un nuevo asesinato. Una sociedad en la que las violencias sexuales proliferan y en la que, al amparo de la ley no escrita que ensalza la mercantilización del cuerpo de las mujeres, bajo el pretexto del mito de la libre elección, se asume como lícitos entretenimientos, también durante el confinamiento, la pornografía y la prostitución.

Probablemente haya llegado la hora de que digamos que ya no más violencias machistas. Y que nos lo creamos de veras y lo pongamos en práctica. Evidentemente no es suficiente con asumir que tenemos un gran problema, tendremos que comprometernos individual y colectivamente, tal y como estamos haciendo con el COVID19.

En estos días de reclusión doméstica, el Estado de Derecho no se paraliza, no desaparece por arte de magia, a pesar de que a los individuos se nos recomiende desaparecer de las calles. Sigue atento a las necesidades de asistencia y protección de las mujeres y menores que sufren todo tipo de violencias machistas. Pero, cada una de las personas que estamos en casa confinadas para frenar la pandemia, tenemos que estar también atentas a nuestro entorno para denunciar estas situaciones. En el último informe anual del Observatorio contra la violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial, hecho público esta semana, su presidenta. Ángeles Carmona, reclama “mayor implicación de familiares y entornos cercanos a la hora de denunciar y no consentir situaciones de malos tratos”. Esa implicación ayuda a ganar terreno, dice Carmona, para combatir la violencia de género y contribuye a que la víctima deje de sentirse sola y desamparada.

Nos lo debemos como sociedad pero, sobre todo, se lo debemos a ellas. Unidas y unidos venceremos al virus y también al machismo.



Artículo publicado en Tribuna Feminista el 18 de marzo de 2020




miércoles, 30 de mayo de 2018

LOS ACUERDOS HAY QUE CUMPLIRLOS, MINISTRA MONTSERRAT



El Pacto de Estado en materia de Violencia de Género tendrá finalmente la dotación de 200 millones de euros comprometida para este año.  Lo ha conseguido la fuerza del movimiento feminista, de todas las mujeres y hombres que salieron a la calle en numerosas ocasiones, pero especialmente el 8 de marzo y el pasado 16 de mayo. Y también, en sede parlamentaria, el tesón del partido socialista, que ha obligado al Gobierno del PP a suscribir este necesario acuerdo.

El Partido Popular sólo quiso hacerse una fotografía, únicamente se sentó y acordó con el resto de grupos parlamentarios el Pacto de Estado porque se vio contra las cuerdas y en minoría. El PSOE urgía a la necesidad de ese acuerdo ya desde 2014, pero no quebró la impasividad del Gobierno hasta que éste se vio en minoría.

Pero, llegado el primer año en que debía reflejarse el acuerdo en los Presupuestos Generales del Estado, la ministra Dolors Montserrat no se mostró dispuesta a cumplir lo que su grupo parlamentario había aprobado en el Congreso de los Diputados.  El grupo socialista instó, ya en el mes de enero, a que se diera cumplimiento a ese compromiso y antes de terminar 2017 pedimos al Ejecutivo que dispusiese un crédito extraordinario, en previsión de que los presupuestos se prorrogasen por un tiempo incierto. Pero no lo hizo, no hizo nada.

Las mujeres que sufren violencia machista no pueden esperar, no pueden estar a merced de la pesada y trasnochada maquinaria ideológica de la derecha a la que, no sin mucho esfuerzo, conseguimos arrancar acuerdos para que luego se dedique a atascarlos. Pero tampoco puede atender las dudas y vaivenes de una izquierda que se las da de nueva y más feminista que nadie pero que sólo contribuye a la gesticulación, sin ningún tipo de proactividad. La sociedad ya no tiene más paciencia, ni nosotros tampoco.
El compromiso del partido socialista al movimiento feminista se materializó, en cambio, desde el minuto uno, en propuestas e iniciativas, supliendo a un Gobierno que ni quiere ni sabe, ni quiere saber. Presentados los Presupuestos Generales del Estado e iniciada su tramitación en el Congreso, comprobamos que el PP había reducido el compromiso del Pacto de al menos 200 millones de euros para este año a tan sólo 80 millones, los correspondientes a las competencias del Gobierno. Ante tamaña burla, presentamos dos enmiendas, una de veinte millones de euros para el desarrollo de los acuerdos del Pacto de Estado en materia de Violencia de Género desde la proximidad, esto es, desde los ayuntamientos. Y otra por valor de cien millones para transferencias con destino a las Comunidades Autónomas. Faltaban nada más ni nada menos que 120 millones.

A finales de la semana pasada supimos que el PP había pactado una nueva migaja presupuestaria con los partidos que les prestan apoyo para aprobar las cuentas. Cincuenta millones más, pero continuaban faltando otros setenta. Nuevamente, tratando a las mujeres y abordando un problema de Estado como es la violencia machista como si de una cuestión residual se tratara. Nuevamente incumpliendo lo pactado.

Esta semana, al borde de la aprobación del presupuesto, el PP se ha visto cercado, acorralado por la presión y la negociación del grupo socialista con el resto de grupos del arco parlamentario. Ante la soledad, escoge pacto. Pero sabemos que continúa sin convencerse, sin querer.

A partir de ahora, la lucha continúa. Entre otras cosas, deberemos afrontar de inmediato, tras la aprobación de los presupuestos, las condiciones de las transferencias que desde el Gobierno de Rajoy se harán a las Comunidades Autónomas y a los ayuntamientos, para que ejecuten la parte del Pacto de Estado que es de su competencia. No vale, como ha ocurrido con otras partidas en ejercicios anteriores, que jueguen con la imposibilidad de su ejecución porque estamos ya a mitad de año. Y resta un paquete de reformas legales muy importante, todas ellas contempladas en el Pacto. Algunas ya las tiene sobre la mesa el Congreso, en forma de Proposiciones de Ley registradas por el partido socialista.

Sabemos  que nos queda un largo camino por recorrer. Una senda que será complicada para las mujeres y para la lucha contra el machismo, especialmente contra la violencia machista. Y somos conscientes, debemos serlo todas y todos, de que ese recorrido será mucho más tortuoso mientras al mando esté el PP apoyado en Ciudadanos y otros partidos sin ideario feminista. Aun así, nos tendrá enfrente y vigilantes.

Artículo publicado en El País, conjuntamente con Carmen Rocío Cuello, portavoz del Grupo parlamentario Socialista en la Comisión de Seguimiento del pacto de Estado sobre Violencia de Género del Congreso.

lunes, 22 de enero de 2018

¿QUÉ VALEN LAS MUJERES?



Ninguneo, palabrería, postureo y pasotismo. El Gobierno aplica esta máxima en la cuasi totalidad de las materias, aunque cuando se trata de abordar un problema tan grave y tan serio como los asesinatos machistas que se suceden año tras año, mes tras mes, semana tras semana, algo nos hace pensar que el estómago de nuestros gobernantes, y por ende el de la sociedad en que vivimos, tiene unas tragaderas demasiado grandes. Lo digo sobre todo porque hace apenas dos meses el Congreso de los Diputados aprobó por unanimidad una iniciativa que insta al Gobierno a disponer al menos 200 millones de euros, hubiera o no nuevos presupuestos, para las medidas del Pacto de Estado sobre Violencia de Género que la misma cámara había aprobado en septiembre del pasado año. Ahora, iniciado el nuevo año, toca habilitar esas partidas. Es más, hay muchas medidas entre las aprobadas hace ya más de tres meses que no necesitan de incremento presupuestario, sino únicamente de predisposición y ganas de llevarlas a cabo cuanto antes. Entre ellas, modificaciones legales que deberían entrar en el Congreso tan pronto como empiece, en febrero, el nuevo período de sesiones.
 Algunas de esas medidas pueden ser determinantes para trazar un camino hacia la plena igualdad, hacia la igualdad real entre hombres y mujeres. Un camino que pase por la educación y que facilite la lucha contra la violencia porque en su estela veamos el destierro del machismo de la sociedad. Otras, apuntan hacia la mejora de la seguridad de las víctimas, con mayores garantías para ellas y para sus hijos e hijas, cuando los haya.
 No estamos hablando de un problema residual, ni puntual. En los últimos quince años, más de 900 hombres han asesinado en España a sus parejas o ex parejas. Es una cuestión estructural que, como tal, requiere de ingentes esfuerzos para conseguir que cambie. Si echamos la vista atrás y observamos el gran dolor infligido por la banda terrorista ETA en nuestro país, veremos que la cifra de asesinatos en algo más de 40 años se acerca a la de mujeres asesinadas en sólo tres lustros. Sin ánimo de caer en reduccionismos, una rápida regla de tres nos llevaría a la escalofriante cifra de casi 2500 mujeres asesinadas en cuarenta años. ¿Cómo es posible que lo toleremos y que el Estado no dedique todos los recursos posibles a luchar contra semejante problema? Es más, cabría preguntarse qué valor le damos como sociedad a la vida de una mujer para que no nos echemos en masa a la calle cada vez que una de nosotras es asesinada.
 Desde luego no es sencillo acabar con este problema - tampoco lo fue acabar con ETA- y por supuesto el Pacto de Estado no es la panacea, pero sí es un punto de partida imprescindible no sólo por las medidas que contiene sino porque es un espejo en el que la sociedad española debe poder reflejarse. Por eso, precisamente, es si cabe más indignante la inacción gubernamental. ¿Cómo podemos pedirle a la ciudadanía que avance desde una actitud pasiva hacia una proactiva en contra de la violencia machista si el Gobierno mira hacia otro lado o simplemente hace ver que hace pero sin tomar en verdad las decisiones que pueden cambiar el estatus quo de las víctimas?
 Por eso mismo es igualmente irresponsable la actitud de un partido como Podemos, que se abstuvo en su aprobación, aún a sabiendas - porque estuvo presente y participó del arduo proceso de gestación y negociación de las 214 medidas- que no fue nada sencillo alcanzar un mínimo común denominador, pero que lo pactado, si se realiza en su totalidad, puede significar un avance muy importante.
 Desde luego el esfuerzo que se requiere tiene que ir más allá del ámbito político. Y ahí también debemos señalar culpables. ¿O es que es de recibo el juicio paralelo en casos como el de la violación múltiple de los san Fermines? ¿Es justo acaso que la víctima deba probar que lo fue, hasta el punto de que se admita como prueba el seguimiento a la mujer violada en los días siguientes a serlo, insinuando que no puede ni debe tener vida social? ¿Es normal que en casos como el de la tristemente desaparecida y asesinada Diana Quer los medios de comunicación juzgaran a la víctima hasta el punto de culparla de su propia desaparición y de lo que le hubiera podido ocurrir?
 Tampoco ayuda la insolidaridad de la otra mitad de la sociedad. Salvo honrosas excepciones, los hombres siguen considerando el combate por la igualdad y contra la violencia de género como algo que nos atañe únicamente a nosotras. Craso error. Se trata de una lucha en la que nos tenemos que embarcar todas y todos para que tenga garantía de éxito. Como ejemplo, el de la ajedrecista Anna Muzychuck que se apeó recientemente de un campeonato mundial que se celebraba en Arabia Saudí porque no quiso ser deportista de segunda ni someterse a las discriminatorias costumbres islámicas. Aún estoy esperando que los hombres que competían en ese campeonato hiciesen lo propio, es decir, renunciaran, para evidenciar que en pleno siglo XXI es inaceptable una situación como esta.
 Encontraríamos, sin duda, muchos más ejemplos porque el engranaje de la violencia machista es muy complejo y se compone de múltiples piezas. Su versatilidad es casi infinita porque el machismo es capaz de mutar y adaptarse al ritmo de los tiempos. Pero el daño que produce es siempre el mismo y tiene siempre como objetivo el sometimiento de la mitad de la sociedad que somos las mujeres a la otra mitad. En su combate, el primer impulso está claro que debe partir del Gobierno, desde la responsabilidad máxima que ostenta, y debe irradiar en la sociedad con la máxima capilaridad. ¡Señor Rajoy, ya está tardando!


Artículo publicado el 7 de enero de 2018 en Tribuna Feminista 

lunes, 30 de octubre de 2017

ESTO NO ES VIOLENCIA MACHISTA


Uno de los principales desafíos a los que se enfrenta el Gobierno de España en los últimos tiempos es, sin duda, el de resolver el problema de Cataluña, en relación con las aspiraciones independentistas de su actual gobierno. Y uno de los retos que afronta la sociedad española y que algunas y algunos - cada vez más- estamos resueltos a resolver, es el de la violencia de género. Hasta aquí, creo que todo el mundo estaría de acuerdo. Bien. Lo que no procede, lo que resulta a todas a luces inaceptable, es utilizar un tema tan serio y tan dramático como la violencia machista como símil para ilustrar la relación entre Catalunya y España. Es, sencillamente mezquino. Y está pasando.

Desde las filas independentistas están llenando las redes de mensajes que asimilan el supuesto maltrato proveniente del Gobierno de España hacia Catalunya con el que sufren las mujeres víctimas de violencia de género. Mensajes del tipo "España es un marido maltratador¨ lanzado por Pilar Rahola ya en 2009 y retuiteado por el actual President de la Generalitat de Catalunya, Carles Puigdemont, marcaban la pauta para un nivel discursivo de dudosa catadura moral que ha continuado hasta nuestros días. Y que ha eclosionado con la tormenta perfecta del independentismo a la que asistimos desde hace ya algunas semanas. Desde el feminismo socialista se está denunciando con insistencia esta práctica. 

El súmum se produjo este miércoles, cuando una de las diputadas que participó en la subcomisión del Pacto de Estado sobre Violencia denero en el Congreso de los Diputados, Ángela Rodríguez, de En Marea, tuiteó: "¿Quién trae el dinero a casa? Eres mía. Haces lo que yo te diga. Te pago lo que me da la gana. Cambiad esposa por Catalunya y lo tenéis". Una diputada que se abstuvo, con todo su grupo, con el conjunto de representantes de Podemos, en la votación del Pacto de Estado. Leyendo tamaña barbaridad en twitter alcanzo a comprender las causas profundas de tan poca empatía con las víctimas de malos tratos demostrada en la aprobación del Pacto el 28 de septiembre.

Utilizar la violencia de género para manipular sentimientos es vil, es mezquino y es injusto con las mujeres que la sufren. No dice nada bueno de la causa que se pretende defender, sea la que sea. Y menos aún de sus defensores cuando utilizan estas argucias. Dice, eso sí, que no saben qué es la violencia machista. Dice que no les importa en absoluto el sufrimiento de las mujeres víctimas de esa violencia. Dice, en definitiva, que banalizan un tema tan grave como la violencia de género. 

Estamos ante una cuestión que adquiere una dimensión suficientemente  grave como para que no sea objeto de símiles que no contribuyen sino a relegarlo y relativizarlo. Una cuestión de Estado, que ha sido objeto de más de sesenta comparecencias en sede parlamentaria y que ha merecido el esfuerzo, mayor por parte de unos grupos que de otros pero colectivo en todo caso, para alcanzar un acuerdo a partir del cual las cosas empiecen a cambiar. 

Estamos ante una muestra más de la lógica patriarcal, según la cual aquello que tiene como protagonistas a las mujeres es secundario. Sabemos que ningún asesinato machista abre portadas ni informativos. Sabemos que titular "muere una mujer" en lugar de "mujer asesinada¨ demuestra la poca sensibilidad y responsabilidad que para con los asesinatos machistas tienen aún demasiados medios y periodistas. Y ahora tenemos que asistir a una nueva vuelta de tuerca en este ninguneo plagado de injusticia. Y lo más lamentable es que incluso mujeres que van por la vida y por la política dándoselas de feministas, nos llevan a ese terreno pantanoso del que luchamos por salir. Pues no, señoras y señores, la independencia no tiene nada que ver con la violencia machista. Es otra cosa. Hagan el favor de no confundir, respeten a las mujeres que la sufren y, si tienen un ratito, luchen por ellas. 


miércoles, 4 de enero de 2017

¡BASTA YA!


Acaba de empezar un año nuevo, un nuevo año en el que todo es viejo. Todo es viejo y cansino. Por eso no puedo menos que gritar ¡basta ya! Basta ya de machismos rancios y de justificaciones injustificables. Basta de posmachistas difrazados de nuevos igualitarios. Basta de juristas convencidos de que existe un orden natural de las cosas que empuja a los hombres a usar - pobrecitos ellos - su fuerza bruta contra las mujeres, porque no la pueden controlar. Basta de maltratadores reclamando un trato igualitario en la custodia de sus hijos. Basta de periodistas irresponsables reproduciendo con absoluta indiferencia y falta de compromiso, titulares incorrectos. ¡Porque no se mueren, sino que las matan!

Estamos hartas de que nos maten, pero más hartas aún estamos de que demasiados machistas disfrazados de sabios con altavoz gratuito intenten explicarnos que, por más que nos esforcemos, la violencia contra las mujeres es algo que siempre ha existido y siempre existirá. No es utópico creer en un mundo en el que todos y todas seamos iguales, en el que nadie pertenezca a nadie, Y en el que ninguna persona se crea en absoluto superior, por el mero hecho de haber nacido con un determinado sexo, a otra. Si fuera así, aún viviríamos en cavernas y ellos nos seguirían arrastrando de los pelos, garrote en mano. Ah, no, que alguno aún lo sigue haciendo...


No ayudan aquellas y aquellos que, igualmente disfrazados de lo que no son, gritan en pos del poder de decisión de las mujeres sobre sus propios cuerpos para contribuir, de esa manera, a lo que no es otra cosa que una interesada mercantilización de los cuerpos femeninos. No seamos cándidos, no nos dejemos engañar, nada es "gratuito" en este mundo globalizado y a merced de los intereses neoliberales. Ni siquiera nuestros cuerpos, quizás ellos aún menos...

No ayudan los que dejan de traducir en compromisos presupuestarios lo que de boquilla defienden. La lucha contra el machismo y contra su peor expresión, la violencia contra las mujeres, necesita de mucho compromiso y dedicación, también de compromiso y dedicación presupuestaria. Hay que invertir en educación, en coeducación, en recursos para prevenir y para proteger de una manera efectiva a las mujeres maltratadas y a sus hijos e hijas. 

No ayudan los que, por dejadez, por inercia o por verdadero interés en que así sea, siguen reproduciendo en su día a día, de palabra y con hechos, los estereotipos de género que están, más de lo que nos podemos imaginar, en la raíz más profunda de los crímenes machistas. 

No ayuda nada ni nadie que no se comprometa de verdad con esta lucha que es la de todos y la de todas. Ni obispos, ni magistrados, ni periodistas, ni políticos, ni nadie que deje de hacerlo, que deje de comprometerse, está libre de culpa. Y los y las que ostentan esas y otras responsabilidades con proyección pública y poder de decisión o de influencia son, somos, especialmente culpables.

Cada uno de los asesinatos machistas de este 2017 - en el que lamentablemente ya se ha puesto el contador a cero y ha empezado a girar de nuevo desde el primer día- caerá sobre nuestras conciencias como una losa. Todos y todas somos responsables. Unos más que otros, cierto, pero todo el mundo puede contribuir a que el ¡basta ya! se empiece a tornar pronto en un ¡ahora empezamos a ir mejor! Que nuestros deseos se conviertan en realidad sólo depende de nosotros y de nosotras. Luchemos por conseguirlo.










miércoles, 20 de julio de 2016

¡QUEREMOS UN PACTO DE ESTADO, YA! 


Sí, queremos, necesitamos, nos urge un Pacto de Estado contra la violencia de género y tiene que ser YA. Esto es insoportable. No podemos, ni queremos, esperar más. Tanto inmovilismo, tanta pasividad del gobierno de Rajoy, resulta insultante y exasperante. Hoy se ha producido un nuevo asesinato machista, esta vez en Benicàssim. Pero ya no es cuestión de dónde, ni siquiera de cuántos. Lamentablemente las cifras se quedan en la obsolescencia con demasiada celeridad. Son muchos los asesinatos, muchas las mujeres víctimas, muchas las asesinadas, más las agredidas, las violadas y las violentadas. Y los casos ocurren en todas partes. Importan, eso sí, las personas, las mujeres que sufren, cada una de ellas con nombre y apellidos.

Pero, con el inmenso drama que todo ello acarrea, lo peor es contemplar la inacción del gobierno en funciones y la del que le precedió, el que estaba en plenas funciones, que es el mismo. El mismo que ha recortado dotaciones presupuestarias para la lucha contra la violencia de género. El mismo que se queda tan ancho al privar al alumnado de una asignatura que educa y previene contra la violencia de género y el machismo, como es educación para la ciudadanía. El mismo que en la LRSAL le quita a la administración más cercana a la ciudadanía, los ayuntamientos, la competencia de asistir a las víctimas del machismo. Lamentable a la par que intolerable.

La violencia de género es un problema que afecta anualmente a unas 700.000 mujeres en España. Ya sé que prometí no hablar de cifras, pero es que es muy grave que ante la dimensión de la tragedia la derecha no haga nada por acabar con este problema con mayúsculas. Digo la derecha y digo bien, porque las y los socialistas impulsamos la ley integral cuando gobernamos y reclamamos y seguimos reclamando desde la oposición que se tomen medidas. Hoy, sin ir más lejos, un día después de constituirse el Congreso de los Diputados, el primer día de facto de andadura de la XII Legislatura ya hemos presentado una batería de quince iniciativas parlamentarias, una de ellas precisamente relativa a la promover un Pacto de Estado contra la violencia de género. 

Decía ayer mi admirado Miguel Lorente, una autoridad en la materia, que está fallando todo en relación con la erradicación de la violencia machista porque los políticos no toman la iniciativa. Tienes toda la razón, Miguel. Estamos ante un problema social de calado sobre todo porque, como bien dices, la sociedad parece no tomarse aún lo suficientemente en serio el tema, no parece consciente de la gravedad del asunto. Las cifras y la reiteración de las noticias sobre estos asesinatos, unido a la frivolidad con que la mayoría de medios abordan el asunto, hacen que corramos el riesgo de acostumbrarnos y darlo por irremediable. Lorente sentencia que lo que tardemos en erradicar la violencia será inversamente proporcional a los medios que pongamos para cambiar la realidad. 

La sociedad debe concienciarse, pero nunca lo hará si sus líderes políticos no actúan. Y eso es lo que nos falta. Porque sólo cuando se actúe empezaremos a ver resultados. Sólo empezaremos a ver un cambio cuando se lleven a cabo medidas decididas como habilitar partidas presupuestarias, recursos en definitiva, destinados a la prevención y a la asistencia de las víctimas; sólo será posible empezar a ver la luz al final del túnel -un túnel que será largo, no vamos a engañarnos- cuando los ayuntamientos tengan a su disposición plenas competencias y un fondo para reforzar esa red de servicios públicos capaz de atender a las mujeres. Únicamente veremos un cambio de actitud en nuestros jóvenes, la claudicación de un machismo rancio que se reproduce generación tras generación, cuando incorporemos a todas las etapas educativas una formación específica en igualdad, educación afectivo-sexual y prevención de la violencia de género. Sólo protegeremos adecuadamente a las víctimas si formamos convenientemente a los magistrados, abogados, forenses y equipos psicosociales que intervengan en los juzgados especializados. 

Algunas y algunos lo tenemos claro. Muchos de los que tenemos responsabilidades políticas somos plenamente conscientes que con hacer balance numérico de las víctimas mensuales o anuales y encogerse de hombros no se resuelve nada. Sabemos que así sólo conseguiremos sentir impotencia y rabia, pero las cifras continuarán al alza. Ahora hace falta que los que han ganado las elecciones y aspiran a continuar gobernando este país se tomen en serio nuestras propuestas y las hagan realidad. Todos, y sobre todo los centenares de miles de víctimas de la violencia de género, saldremos ganando. Ojalá sea así, aunque permítanme dudarlo. Sea como sea, desde mi grupo parlamentario no cesaremos de exigirlo.

lunes, 2 de noviembre de 2015

EL 7N YO VOY

Más de 800 mujeres asesinadas por violencia machista son más que suficientes. En cualquier país, incluido éste, debería bastar para que fuera una cuestión de estado, un tema de primer orden y prioridad, un problema equiparable al que fue en su día el terrorismo. Y que se abordase con la misma contundencia legal y con los mismos recursos. ¿Qué ocurre, pues, para que no sea así? ¿Qué nos pasa como individuos y como sociedad para que no atendamos debidamente este problema? ¿Es que "sólo" son mujeres?  Me gustaría creer que éste es un tema de debate y preocupación social y política, pero lamentablemente está claro que no hay suficiente conciencia, no existe una condena colectiva bastante grande ni un rechazo frontal como para que nos tomemos la violencia de género como lo que verdaderamente es: una cuestión que no nos podemos permitir el lujo que continúe siendo el pan nuestro de cada día, que en todo caso, como todo acto violento en sociedad, debe ser la excepción a la norma, nunca un hecho cotidiano y colectivamente asumido, si no aceptado.

Podemos hacer muchas cosas excepto rendirnos ante una problemática de estas dimensiones, ante semejante oleada de crímenes. ¿Recuerdan que no hace tantos años los llamábamos crímenes pasionales, bajo la justificación del amor romántico y los celos como parte de ese supuesto amor? Aún me acuerdo de las palabras de un comisario, conmigo al otro lado del teléfono ejerciendo la profesión periodística, pretendiendo justificar la agresión a una mujer por parte de su marido: "algo habrá hecho que no le ha gustado a él...", dijo el policía. Me quedé estupefacta ante tamaña afirmación, escrutando en mi entonces joven mente qué podría justificar una agresión machista. No hallé respuesta, como tampoco la encuentro ahora al silencio de muchos ni a la inacción de otros tantos.

Tenemos que transformar nuestra sociedad de raíz, erradicar de ella los micromachismos del día a día, esos que nos pasan desapercibidos la mayor parte de veces, educar a los más pequeños y a nuestros jóvenes para que practiquen y defiendan la igualdad y, por supuesto, perseguir de manera implacable a los maltratadores a la vez que ofrecemos a las víctimas todos los recursos necesarios para protegerse de ellos y para salir del pozo oscuro de la violencia machista.

Mientras, iremos a manifestarnos por las calles de Madrid, seremos muchas y muchos el próximo sábado 7 de noviembre. Muchas y muchos los en la exigencia que la lucha contra la violencia machista sea una cuestión de estado en la que se comprometan toda la sociedad, sus organizaciones y sus instituciones. Reclamaremos el compromiso político, del gobierno, en esa lucha, pediremos más y mejor protección para las mujeres y también para las y los menores víctimas de violencia machista, exigiremos también el compromiso de los medios de comunicación, que tienen un papel fundamental en esta lucha sin cuartel y que demasiadas veces lo ejercen con falta de profesionalidad e incluso de dignidad. 


Como dice el Manifiesto de la Marcha Estatal contra las Violencias Machistas, "tomemos conciencia de una vez que el machismo mata y hace imposible la convivencia exigible en una democracia" Por todas las que los machistas han asesinado y para que no maten ni una más. Por ellas, y por todos y todas nosotras, el 7NYoVoy.