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lunes, 20 de abril de 2020

LA VIOLENCIA DE GÉNERO TAMBIÉN LA PARAMOS UNIDAS


La mayoría de la ciudadanía de este país y parte de la del resto del mundo está confinada entre cuatro paredes. Nuestro espacio vital se ha reducido, en algunos casos más que en otros porque, también en pandemia, los recursos económicos se traducen generalmente en más o menos metros cuadrados habitables y más o menos confort en nuestros hogares. Muchas personas pasamos ese confinamiento con nuestras familias. Otras, sobre todo la población de más edad, pasan esta reclusión en soledad. 

Las tecnologías de la información y las redes sociales que han proliferado gracias a esas tecnologías nos ayudan a sortear el aislamiento. Pero, posibilidades económicas y tecnológicas aparte, hay una segmento de la sociedad que lo está pasando especialmente mal: las mujeres que viven en su día a día el infierno de la violencia de género y a las que ahora les toca convivir más que nunca con sus maltratadores. Incluso en los casos en que se trate de parejas controladoras con las que no conviven, las redes, aplicaciones de mensajería y de videoconferencias pueden convertirse estos días en un medio más de acoso y maltrato psicológico. Las cifras, aún provisionales, del mes de marzo, corroboran los temores de un incremento de casos. El teléfono de atención 016 recibió el mes pasado un 12'43% más de llamadas en los quince primeros días de confinamiento, respecto al mismo período del año anterior y las consultas online se incrementaron en un 269'57%. Entre los días 14 y 29 de marzo, hubo un 18'21% más de llamadas que en los mismos días del mes anterior, y un 286'3% más de consultas online. 

El problema sigue existiendo porque el machismo es un virus persistente que se adapta a las nuevas coyunturas. Tras las paredes que nos protegen hay mujeres que están ahora permanentemente vigiladas. Por eso es tan importante que el entorno de las posibles víctimas, familiares y amigos pero también el vecindario, esté muy atento estos días y denuncie por ellas cuando sea necesario.

El Pacto de Estado en materia de Violencia de Género aprobado por el Congreso de los Diputados en 2017 proponía en sus más de doscientas medidas diversas herramientas, legales, jurídicas pero también sociales. El Gobierno, reforzando algunas de esas medidas, así como lo establecido en la Ley Integral de 2004, y adaptando la atención a las víctimas  a las necesidades especiales derivadas de la declaración del estado de alarma, ha aprobado un Real Decreto-Ley de medidas urgentes. Antes, durante los primeros días de confinamiento, impulsó ya un Plan de Contingencia contra la violencia de género ante la crisis del COVID-19 que incluía una guía específica. 

Entre las medidas que contemplan estas actuaciones gubernamentales, está la declaración como servicios esenciales de todos aquellos relacionados con la asistencia integral a las mujeres víctimas, así como la garantía de prestación de los servicios de información y asesoramiento jurídico, el teléfono 016 y los de emergencias, si bien por vía telemática, durante las veinticuatro horas del día. Además, se ha puesto en marcha un nuevo servicio de atención psicólógica por mensajería instantánea, con dos líneas de atención. Igualmente, se garantiza la normalidad del servicio telefónico de atención y protección, ATENPRO, y continúan funcionando los servicios de seguimiento por medios telemáticos, en cumplimeinto de las medidas cautelares y penas de prohibición de aproximación.

En estos momentos de crisis sanitaria y social, todas las administraciones deben velar, más que nunca si cabe, por el bienestar de la ciudadanía. Aquellas más próximas, como los ayuntamientos o las comunidades autónomas, podrán disponer de los remanentes del Pacto de Estado ya transferidos para asistir a las mujeres que sufren malos tratos.  Las administraciones públicas, además, deben adaptar los servicios que prestan a las especiales circunstancias. Es por eso que los servicios de acogida no solo continúan a disposición de las víctimas de violencia de género sino que a los centros de emergencia, acogida y pisos tutelados se añaden - cuando en los recursos ordinarios no haya disponibilidad de plazas- alojamientos turísticos. Y no únicamente para las mujeres víctimas de violencia de género sino también para las que lo son de explotación sexual y trata con fines de explotación sexual. 

El Gobierno no ha dejado nunca solas a las mujeres que sufren violencia machista y no lo va a hacer tampoco ahora. Aunque haya partidos del arco parlamentario, situados a la extrema derecha, que pidan la derogación de las leyes y medidas que la combaten. Ellas, esas mujeres, forman parte del colectivo de personas más vulnerables que sufren de manera especial ante una crisis, sea esta del tipo que sea, y la ocasionada por la pandemia no es una excepción. El combate contra la violencia de género, para erradicarla de nuestra sociedad, es y seguirá siendo una prioridad.


Artículo publicado en El Plural el 2 de abril de 2020



miércoles, 28 de noviembre de 2018

NO VALE MIRAR A OTRO LADO 


El Gobierno está desarrollando el Pacto de Estado contra la Violencia de Género que el Congreso aprobó en septiembre de 2017. El ejecutivo de Pedro Sánchez le está dando cumplimiento, sin mirar hacia otro lado e intentando recuperar el tiempo perdido por un PP que nunca creyó en él, que sólo se vio arrastrado y no tuvo más remedio que asumirlo. 

Este domingo, 25 de noviembre, se conmemora el Día Internacional por la Erradicación de la Violencia contra las Mujeres. Un día en torno al cual se articula la visibilización de la lucha contra las violencias machistas. Afortunadamente, es una cuestión que ha conseguido calar en la agenda política, en la mediática y que está permeando en la sociedad, aunque con distintas graduaciones. Una cuestión de suma gravedad que se está empezando a abordar más allá del 25N. 
Foto: La Hora Digital

Sin duda, es el feminismo el que está marcando su agenda y, en ella, éste es un tema prioritario y urgente. Para el anterior Gobierno del PP, en cambio, no lo fue. Sólo accedió a sentarse a negociar el Pacto de Estado cuando perdió la mayoría absoluta. Lo pactó, lo aprobó pero no lo dotó económicamente en los Presupuestos del Estado de este año. De nuevo fue la oposición, encabezada por el PSOE, quien forzó a través de enmiendas el cumplimiento de los compromisos económicos que incluye. Tampoco impulsaron los populares ninguna medida de las más de doscientas que configuran ese acuerdo que es de mínimos, sí, pero que está anclado en el consenso. 

El pasado mes de junio, nada más vencer en la moción de censura y conformar un ejecutivo, Pedro Sánchez hizo gala del feminismo intrínseco a su gobierno y pasó a los hechos. La primera ley que el grupo socialista llevó al Congreso fue la que modifica la Orgánica del Poder Judicial y que contempla la formación de los operadores jurídicos para que puedan abordar adecuadamente los casos de violencia contra las mujeres. Para que no se produzcan sentencias como la de la violación de los Sanfermines, conocida como de La Manada. Ahora se trabaja para reformar el Código Penal en lo que afecta a delitos sexuales, de manera que, sin un sí explícito, todo lo demás sea un no rotundo. 

En agosto, una nueva iniciativa legislativa recogía algunas medidas urgentes para el desarrollo del Pacto de Estado. Entre ellas, la devolución de competencias en esta materia a los municipios, que es donde se atiende, en primera instancia y desde la proximidad, a tantas y tantas mujeres que sufren violencia de género. A las medidas recogidas en el decreto del 3 de agosto se sumarán otras hasta completar en los próximos meses, con la mayor celeridad posible y confiemos que con consensos, el desarrollo legal del Pacto. Entre otras cosas, la ley debe proteger más y mejor a los y las menores, garantizar a las mujeres víctimas mayor acompañamiento, asesoramiento, atención y protección y perfeccionar la tipificación de algunos delitos, como los del ámbito digital.

El acuerdo que salió del Congreso lo está cumpliendo el Gobierno y está transfiriendo las partidas a Comunidades Autónomas (120 millones de euros) y Ayuntamientos (20 millones de euros) En los Presupuestos Generales del Estado de 2019 se incrementará además la cantidad destinada a los municipios y alcanzará la cifra de 40 millones de euros, el doble de lo comprometido en el acuerdo.  En lo que al Gobierno de España se refiere, se están ejecutando los restantes 80 millones que el Pacto destinaba a sus competencias. Esta misma semana, el ministerio del Interior ha presentado una nueva campaña titulada "No mires a otro lado", en la que el mensaje es que la lucha contra la violencia de género concierne a toda la sociedad y nadie puede inhibirse de su responsabilidad, tampoco a la hora de denunciar situaciones de este tipo. Igualmente, las delegaciones y subdelegaciones del Gobierno están recibiendo fondos para reforzar las actuaciones de las unidades de violencia sobre las mujeres. 

Esto no va de hacer declaraciones. Va de actuar contra la máxima expresión de la desigualdad: la violencia de género. Y el Gobierno de Pedro Sánchez lo está haciendo con la mayor diligencia. 


Artículo publicado en La Hora Digital el 23 de noviembre de 2018

lunes, 22 de enero de 2018

¿QUÉ VALEN LAS MUJERES?



Ninguneo, palabrería, postureo y pasotismo. El Gobierno aplica esta máxima en la cuasi totalidad de las materias, aunque cuando se trata de abordar un problema tan grave y tan serio como los asesinatos machistas que se suceden año tras año, mes tras mes, semana tras semana, algo nos hace pensar que el estómago de nuestros gobernantes, y por ende el de la sociedad en que vivimos, tiene unas tragaderas demasiado grandes. Lo digo sobre todo porque hace apenas dos meses el Congreso de los Diputados aprobó por unanimidad una iniciativa que insta al Gobierno a disponer al menos 200 millones de euros, hubiera o no nuevos presupuestos, para las medidas del Pacto de Estado sobre Violencia de Género que la misma cámara había aprobado en septiembre del pasado año. Ahora, iniciado el nuevo año, toca habilitar esas partidas. Es más, hay muchas medidas entre las aprobadas hace ya más de tres meses que no necesitan de incremento presupuestario, sino únicamente de predisposición y ganas de llevarlas a cabo cuanto antes. Entre ellas, modificaciones legales que deberían entrar en el Congreso tan pronto como empiece, en febrero, el nuevo período de sesiones.
 Algunas de esas medidas pueden ser determinantes para trazar un camino hacia la plena igualdad, hacia la igualdad real entre hombres y mujeres. Un camino que pase por la educación y que facilite la lucha contra la violencia porque en su estela veamos el destierro del machismo de la sociedad. Otras, apuntan hacia la mejora de la seguridad de las víctimas, con mayores garantías para ellas y para sus hijos e hijas, cuando los haya.
 No estamos hablando de un problema residual, ni puntual. En los últimos quince años, más de 900 hombres han asesinado en España a sus parejas o ex parejas. Es una cuestión estructural que, como tal, requiere de ingentes esfuerzos para conseguir que cambie. Si echamos la vista atrás y observamos el gran dolor infligido por la banda terrorista ETA en nuestro país, veremos que la cifra de asesinatos en algo más de 40 años se acerca a la de mujeres asesinadas en sólo tres lustros. Sin ánimo de caer en reduccionismos, una rápida regla de tres nos llevaría a la escalofriante cifra de casi 2500 mujeres asesinadas en cuarenta años. ¿Cómo es posible que lo toleremos y que el Estado no dedique todos los recursos posibles a luchar contra semejante problema? Es más, cabría preguntarse qué valor le damos como sociedad a la vida de una mujer para que no nos echemos en masa a la calle cada vez que una de nosotras es asesinada.
 Desde luego no es sencillo acabar con este problema - tampoco lo fue acabar con ETA- y por supuesto el Pacto de Estado no es la panacea, pero sí es un punto de partida imprescindible no sólo por las medidas que contiene sino porque es un espejo en el que la sociedad española debe poder reflejarse. Por eso, precisamente, es si cabe más indignante la inacción gubernamental. ¿Cómo podemos pedirle a la ciudadanía que avance desde una actitud pasiva hacia una proactiva en contra de la violencia machista si el Gobierno mira hacia otro lado o simplemente hace ver que hace pero sin tomar en verdad las decisiones que pueden cambiar el estatus quo de las víctimas?
 Por eso mismo es igualmente irresponsable la actitud de un partido como Podemos, que se abstuvo en su aprobación, aún a sabiendas - porque estuvo presente y participó del arduo proceso de gestación y negociación de las 214 medidas- que no fue nada sencillo alcanzar un mínimo común denominador, pero que lo pactado, si se realiza en su totalidad, puede significar un avance muy importante.
 Desde luego el esfuerzo que se requiere tiene que ir más allá del ámbito político. Y ahí también debemos señalar culpables. ¿O es que es de recibo el juicio paralelo en casos como el de la violación múltiple de los san Fermines? ¿Es justo acaso que la víctima deba probar que lo fue, hasta el punto de que se admita como prueba el seguimiento a la mujer violada en los días siguientes a serlo, insinuando que no puede ni debe tener vida social? ¿Es normal que en casos como el de la tristemente desaparecida y asesinada Diana Quer los medios de comunicación juzgaran a la víctima hasta el punto de culparla de su propia desaparición y de lo que le hubiera podido ocurrir?
 Tampoco ayuda la insolidaridad de la otra mitad de la sociedad. Salvo honrosas excepciones, los hombres siguen considerando el combate por la igualdad y contra la violencia de género como algo que nos atañe únicamente a nosotras. Craso error. Se trata de una lucha en la que nos tenemos que embarcar todas y todos para que tenga garantía de éxito. Como ejemplo, el de la ajedrecista Anna Muzychuck que se apeó recientemente de un campeonato mundial que se celebraba en Arabia Saudí porque no quiso ser deportista de segunda ni someterse a las discriminatorias costumbres islámicas. Aún estoy esperando que los hombres que competían en ese campeonato hiciesen lo propio, es decir, renunciaran, para evidenciar que en pleno siglo XXI es inaceptable una situación como esta.
 Encontraríamos, sin duda, muchos más ejemplos porque el engranaje de la violencia machista es muy complejo y se compone de múltiples piezas. Su versatilidad es casi infinita porque el machismo es capaz de mutar y adaptarse al ritmo de los tiempos. Pero el daño que produce es siempre el mismo y tiene siempre como objetivo el sometimiento de la mitad de la sociedad que somos las mujeres a la otra mitad. En su combate, el primer impulso está claro que debe partir del Gobierno, desde la responsabilidad máxima que ostenta, y debe irradiar en la sociedad con la máxima capilaridad. ¡Señor Rajoy, ya está tardando!


Artículo publicado el 7 de enero de 2018 en Tribuna Feminista 

lunes, 30 de octubre de 2017

ESTO NO ES VIOLENCIA MACHISTA


Uno de los principales desafíos a los que se enfrenta el Gobierno de España en los últimos tiempos es, sin duda, el de resolver el problema de Cataluña, en relación con las aspiraciones independentistas de su actual gobierno. Y uno de los retos que afronta la sociedad española y que algunas y algunos - cada vez más- estamos resueltos a resolver, es el de la violencia de género. Hasta aquí, creo que todo el mundo estaría de acuerdo. Bien. Lo que no procede, lo que resulta a todas a luces inaceptable, es utilizar un tema tan serio y tan dramático como la violencia machista como símil para ilustrar la relación entre Catalunya y España. Es, sencillamente mezquino. Y está pasando.

Desde las filas independentistas están llenando las redes de mensajes que asimilan el supuesto maltrato proveniente del Gobierno de España hacia Catalunya con el que sufren las mujeres víctimas de violencia de género. Mensajes del tipo "España es un marido maltratador¨ lanzado por Pilar Rahola ya en 2009 y retuiteado por el actual President de la Generalitat de Catalunya, Carles Puigdemont, marcaban la pauta para un nivel discursivo de dudosa catadura moral que ha continuado hasta nuestros días. Y que ha eclosionado con la tormenta perfecta del independentismo a la que asistimos desde hace ya algunas semanas. Desde el feminismo socialista se está denunciando con insistencia esta práctica. 

El súmum se produjo este miércoles, cuando una de las diputadas que participó en la subcomisión del Pacto de Estado sobre Violencia denero en el Congreso de los Diputados, Ángela Rodríguez, de En Marea, tuiteó: "¿Quién trae el dinero a casa? Eres mía. Haces lo que yo te diga. Te pago lo que me da la gana. Cambiad esposa por Catalunya y lo tenéis". Una diputada que se abstuvo, con todo su grupo, con el conjunto de representantes de Podemos, en la votación del Pacto de Estado. Leyendo tamaña barbaridad en twitter alcanzo a comprender las causas profundas de tan poca empatía con las víctimas de malos tratos demostrada en la aprobación del Pacto el 28 de septiembre.

Utilizar la violencia de género para manipular sentimientos es vil, es mezquino y es injusto con las mujeres que la sufren. No dice nada bueno de la causa que se pretende defender, sea la que sea. Y menos aún de sus defensores cuando utilizan estas argucias. Dice, eso sí, que no saben qué es la violencia machista. Dice que no les importa en absoluto el sufrimiento de las mujeres víctimas de esa violencia. Dice, en definitiva, que banalizan un tema tan grave como la violencia de género. 

Estamos ante una cuestión que adquiere una dimensión suficientemente  grave como para que no sea objeto de símiles que no contribuyen sino a relegarlo y relativizarlo. Una cuestión de Estado, que ha sido objeto de más de sesenta comparecencias en sede parlamentaria y que ha merecido el esfuerzo, mayor por parte de unos grupos que de otros pero colectivo en todo caso, para alcanzar un acuerdo a partir del cual las cosas empiecen a cambiar. 

Estamos ante una muestra más de la lógica patriarcal, según la cual aquello que tiene como protagonistas a las mujeres es secundario. Sabemos que ningún asesinato machista abre portadas ni informativos. Sabemos que titular "muere una mujer" en lugar de "mujer asesinada¨ demuestra la poca sensibilidad y responsabilidad que para con los asesinatos machistas tienen aún demasiados medios y periodistas. Y ahora tenemos que asistir a una nueva vuelta de tuerca en este ninguneo plagado de injusticia. Y lo más lamentable es que incluso mujeres que van por la vida y por la política dándoselas de feministas, nos llevan a ese terreno pantanoso del que luchamos por salir. Pues no, señoras y señores, la independencia no tiene nada que ver con la violencia machista. Es otra cosa. Hagan el favor de no confundir, respeten a las mujeres que la sufren y, si tienen un ratito, luchen por ellas.