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miércoles, 5 de diciembre de 2018

NUESTRO CUERPO Y EL CAPITALISMO 

Acción, reacción. Las feministas estamos hartas de que el capitalismo busque excusas y cómplices que parapeten e intenten justificar su pretensión de utilizarnos a las mujeres como objetos para seguir lucrando las arcas de algunos. Lo hemos gritado en las calles de las principales ciudades con motivo del 25 de noviembre, Día Internacional por la Erradicación de la Violencia hacia las Mujeres. No consentiremos que ni partidos políticos ni tampoco algunas organizaciones que se reclaman feministas pero que han optado por una deriva peligrosa para los objetivos del feminismo, usurpen nuestros lemas, tergiversen y manipulen nuestras profundas convicciones, o nos descalifiquen. Lo acabamos de vivir con algunos cansinos intentos de defensa de dos cuestiones que atacan al núcleo de los derechos de las mujeres, a través de la mercantilización de sus cuerpos disfrazada, con mayor o menor habilidad, de libertad sexual: la prostitución y los vientres de alquiler.

En Barcelona, la alcaldesa Ada Colau continúa haciendo proselitismo del proxenetismo. Así, tal cual, sin ruborizarse. Lo último, el Consejo de la Juventud de la capital catalana coorganizaba con Aprosex y Otras una charla titulada "Feminismo y trabajo sexual".  En un equopamiento declarado de interés histórico por el ayuntamiento. Desde que accedió a la alcaldía, Colau ha tenido como una de sus principales obsesiones el apoyo y legalización de la prostitución. Ya en 2015 intentó una regularización de los locales, acogiéndose a una propuesta de Ciudadanos, pero las críticas lideradas por el PSC la obligaron a retractarse. Ante la polémica inscripción de los estatutos del sindicato Otras, de nuevo la alcaldesa y su gobierno salieron en su defensa y en contra del empeño del Gobierno socialista de deshacer el entuerto que le costó el cargo a una directora general  del Ministerio de Trabajo. 

Este intento, felizmente fallido, de legalización de un sindicato que pasaba por defender los derechos de las mujeres que ejercen la prostitución cuando en realidad defendía los de la patronal - ergo, no es un sindicato - no es sino una de las muestras de rearme y ofensiva del capitalismo frente a un movimiento feminista que está poniendo en evidencia sus ansias depredadoras. Algunos medios se han hecho ya eco del dinero que mueve los hilos del fracasado "sindicato de prostitutas", y no es dinero del que se beneficien ellas precisamente. A pesar de ello, instituciones, partidos políticos y personas que se reclaman feministas - luego deberían defender verdaderamente los derechos de las mujeres, máxime de las más vulnerables- apoyan estos postulados tras los que se esconde el neoliberalismo más feroz. Como dice Rosa Cobo en "La prostitución en el corazón del capitalismo", a medida que se han globalizado las políticas económicas neoliberales, ha ido en aumento la industria del sexo. Una industria que, no olvidemos, está indefectiblemente ligada a la trata de seres humanos con fines de explotación sexual. Ya en 2014, una resolución del Parlamento Europeo consideraba la prostitución como un fenómeno con innegable componente de género y una forma de esclavitud incompatible con la dignidad de la persona y sus derechos fundamentales.

Otros intentos del capitalismo para hacer negocio con el cuerpo de las mujeres, pasan por legalizar algo que es rotundamente ilegal en España: los vientres de alquiler. Y no, no los voy a llamar como quiere Ciudadanos o Son Nuestros Hijos, con eufemismos del tipo "gestación subrogada" porque prefiero llamar a las cosas por su nombre. Esta semana han aparecido carteles en Madrid y Barcelona defendiendo esta práctica ilegal con uno de los lemas más emblemáticos de la lucha feminista, el que sirve para defender el derecho de las mujeres a abortar: "Nosotras parimos, nosotras decidimos". Y ahí está el error, que no es tal sino un burdo intento de manipulación. Las mujeres que deciden abortar, lo hacen en conciencia. Lo hacen por mil causas que se resumen, básicamente,  en que no quieren o no pueden traer al mundo a una criatura en el momento en el que la naturaleza ha decidido convertirlas en gestantes. Hay incluso abortos que salvan vidas de mujeres, no lo olvidemos. En cambio, las mujeres que venden sus vientres para gestar el hijo o hija de otros son, en el mejor de los casos, personas con alta vulnerabilidad que de la misma manera que venden su vientre podrían terminar vendiendo, por necesidad, un riñón o su propia sangre. Y quienes gestan para otros, lo hacen con un alto precio para su libertad y para su salud mental y física. Yo, a eso, no le llamo libertad sino esclavitud.

En la madrileña plaza de Callao se han iluminado pantallas publicitarias que cuestan mucho dinero con un reclamo feminista utilizado por una asociación pro vientres de alquiler. Sus defensores usan la misma estratagema que los proxenetas al presentar mujeres supuestamente libres y pretendidamente elegidas al azar entre el colectivo para defender la causa. En "El Proxeneta", Mabel Lozano recoge el testimonio de un ex empresario del ramo arrepentido y cuenta como la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne, ANELA, dedica ingentes recursos a la creación de foros en Internet y redes sociales para lavar la cara a la prostitución. Amelia Tiganus, - que igual que El Proxeneta también lo ha vivido desde dentro, en este caso como víctima-, dijo hace poco que hay gente infiltrada en el feminismo para frenar la ofensiva contra la prostitución. Gente aliada con el capital, con los que son capaces de utilizar a las mujeres más vulnerables para enriquecerse, sin ningún escrúpulo. Algunos partidos que aún no se han definido respecto a estos temas y otros que lo han hecho del lado del capital y del patriarcado mientras se reclaman de izquierdas y feministas, deberían hacérselo mirar. 

Es el capitalismo aliado con el patriarcado, estúpidos. Por si alguien no se había dado cuenta.

Artículo publicado en Tribuna Feminista el 29 de noviembre de 2018

miércoles, 30 de marzo de 2016

EL FALSO DEBATE SOBRE LA PROSTITUCIÓN

El anuncio de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que el gobierno municipal estudia la regulación de la prostitución en la Ciudad Condal ha provocado no pocos posicionamientos y manifiestos en contra, tanto por parte de colectivos y asociaciones feministas como de líderes políticos, la mayoría alcaldesas socialistas. No es para menos. Tamaña barbaridad sólo puede partir de una ignorancia supina sobre el asunto en cuestión o de la frivolidad más irresponsable. A cuál peor. 

Los partidarios de la legalización de la prostitución parten de la premisa tramposa de que debe ser permitida en tanto en cuanto quien la ejerza lo haga de manera libre y voluntaria. craso error. Esa es la formulación repetida como un mantra por un grupo reducido y hasta cierto punto exclusivo de personas que defienden a capa y espada su opción de ejercer la prostitución desde la libertad individual u como una profesión harto lucrativa, incluso mucho más digna que otras, como por ejemplo el servicio doméstico o la limpieza. Esa defensa ha sido difundida por la mayoría de medios de comunicación sin ningún pudor y con evidentes intereses económicos, no olvidemos el lucro que generan los anuncios de prostitución.

La realidad es, en cambio, muy distinta. la verdad que se esconde tras la prostitución, en un porcentaje abrumador de los casos, son las mafias, la trata de personas -mujeres mayoritariamente, pero también niñas y niños-, la esclavitud y el sometimiento y la vejación de esa gente que algunos y algunas nos quieren hacer creer que son libres y ejercen un oficio como cualquier otro. 


Hay aún otro análisis, el de la igualdad de género, que no debemos perder de vista en esta falsa discusión sobre la necesidad de legalizar o perseguir la prostitución. Para situarnos en esta óptica, debemos considerarla como lo que es: una forma, de las más brutales, de violencia contra las mujeres y una perpetuación de la dominación patriarcal que sí, es cierto, hace mucho que se ejerce, pero que no por ello debemos resignarnos a su continuación. Hace unas décadas, unos años incluso, casi nadie condenaba, ni privada ni públicamente, la violencia de género. Ahora, aún lejos de erradicarla, intentamos combatirla y la condenamos enérgicamente y de manera explícita. De la misma manera, debemos desterrar toda tentación de legalizar la prostitución. La sociedad con la que muchas y muchos soñamos y por la que luchamos a diario no es una sociedad en la que nuestros niños y adolescentes crezcan pensando que son superiores a las niñas porque cuando sean mayores podrán pagar por poseerlas físicamente. No es una sociedad en la que las jóvenes con menos recursos tengan que plantear la prostitución como una opción normalizada, social y legalmente aceptada. 

Ni como mujeres, ni como feministas ni como personas de izquierdas podemos ni debemos ceder ante trampas tendidas por el patriarcado y por la ideología neoliberal que no pretende otra cosa que mercantilizar el cuerpo de las mujeres. Por eso, precisamente, sorprende que lo hagan algunas representantes de la izquierda y, aún, de la autodenominada "nueva política". Es evidente la necesidad de perseguir a los proxenetas - que no a las mujeres a las que prostituyen- así como a los clientes, a los que debemos condenar socialmente de la misma manera que lo hacemos con los que ejercen violencia de género.

Hay diversos países que ya han experimentado los efectos tanto de la legalización de la prostitución como de su abolición. Holanda y Alemania optaron por la primera y ha resultado un auténtico fracaso: las desigualdades de género y de clase se han hecho más profundas, la persecución de las mafias se ha convertido en un reto complicado y muchas mujeres demandantes de empleo se han encontrado en los servicios de ocupación con ofertas para ejercer como prostitutas. Patético. Otras sociedades como la sueca, en cambio, han visto como fructificaba su opción de combatir la prostitución, acompañada de medidas sociales y de inserción laboral para las mujeres que la ejercían. En Suecia, un 60% de esas mujeres han podido cambiar de actividad, el tráfico de personas con fines de explotación sexual casi se ha erradicado y las mafias han dejado de actuar en el país, sencillamente porque ya no ven negocio allí. El Parlamento Europeo, por su parte, desaconseja a todas luces la legalización porque considera que sólo beneficia a las mafias y a los proxenetas. 

¿A qué jugamos, entonces? ¿Por qué desde algunos sectores, entre ellos algunos supuestamente progresistas, se insiste en que la legalización o incluso la regularización, son medidas a considerar? ¿Por qué se apela continuamente al derecho a elegir libremente cuando sabemos, como bien dice Ana de Miguel, que no es más que un mito? ¿O es que, si mañana alguien desesperado y sin recursos decide someterse a esclavitud para sobrevivir lo aceptaremos también con el argumento de que lo hace libremente? ¿Permitimos acaso la poligamia porque los y las participantes en ella digan que se someten voluntariamente?Afortunadamente hay voces lúcidas que apelan a la abolición de la prostitución, como las de las alcaldesas del entorno de Barcelona Núria Parlon, Núria Marín, Lluïsa Moret y Mercè Conesa, quienes junto con la de la vicepresidenta del Movimiento Democrático de Mujeres, Cristina Simó, han firmado un artículo en contra de la iniciativa de Ada Colau. O las de los impulsores y los firmantes del manifiesto Zero Macho, un colectivo de hombres que va en la misma línea que las alcaldesas. Confiemos en que no esté lejano el día en el que nos miremos en Suecia y abominemos de otros modelos fracasados. Ojalá.