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jueves, 4 de abril de 2019

CARTA ABIERTA A PABLO CASADO 



Señor Pablo Casado, presidente del Partido Popular,

Por la presente quiero hacerle llegar el sentir de una ciudadana comprometida con la lucha por la igualdad, a la par que representante electa en los comicios generales de junio de 2016. Como mujer, me siento interpelada cuando usted ataca nuestros derechos y libertades proponiendo involucionar hasta 1985, fecha de aprobación de la antigua ley de plazos del aborto. 

Como madre de una mujer muy joven (a la que tuve porque así lo decidí libremente) me estremezco sólo de pensar que mi hija pudiera quedarse embarazada sin desearlo y se viera privada de poder abortar, si así lo quisiera, dentro de las 14 primeras semanas de gestación como establece la ley vigente desde 2010 que ustedes ya pretendieron reformar sin éxito hace unos años. O que no pudiera decidir interrumpir su embarazo hasta la semana 22 si optara primeramente por continuar pero seguir adelante pusiera en peligro su vida o descubriera que el feto padece una grave anomalía o enfermedad. O que tuviera que hacerlo en la clandestinidad, sin garantías sanitarias ni seguridad alguna. Porque eso es lo único que consigue la prohibición del aborto, no acabar con las interrupciones del embarazo, que se continúan practicando igualmente o incluso en mayor medida, sin controles ni garantías para las mujeres. Eso es lo que pasa en todos los países que lo prohíben y lo que ocurría en éste antes de la regulación. Las personas con más recursos, no obstante, no tienen que sufrir. Pueden, si lo desean, votarle a usted con una mano para que les quite a las trabajadoras el derecho al aborto y, con la otra, comprar el billete para viajar a cualquier país extranjero para abortar ellas o sus hijas, como hacían en los lejanos años a los que nos quiere usted devolver.

Como diputada socialista, me enerva que el primer partido de la oposición se entregue en brazos de la reacción machista ante el avance del feminismo y decida seguir los pasos de la ultraderecha filofranquista gracias a la que usted gobierna en Andalucía y aspira a gobernar España entera. Ante la evidencia del avance de las políticas sociales del Gobierno de Pedro Sánchez,  dada la falta de propuestas de los conservadores para sacar adelante el país y sobradamente conocido el gran problema de su partido, atravesado mortalmente por los casos de corrupción que afloran día sí y día también, no tiene otra cosa que hacer que emprenderla con la mitad de la población. Eso y envolverse en la bandera de España, claro. 


Como feminista, no me voy a quedar quieta ni callada. No lo he hecho nunca, nací con la rebeldía en mis entrañas. Nunca me doblegué ante una sociedad que me quería sumisa y en "mi sitio", bajo los mandatos del patriarcado. Voy a defender mis derechos y los de mis hermanas con uñas y dientes, con la palabra y con los hechos, pidiendo a todas las mujeres de este país que, si no quieren volver a los nada añorados por nosotras años setenta, no les voten jamás a ustedes ni a Ciudadanos y, por supuesto, tampoco a la ultraderecha recién llegada a la representación política. 

Como mujer, no consiento que se me tome por tonta. Sus mentiras o posverdades, como está de moda llamar ahora a la tergiversación de conceptos y realidades, tienen las patas cortas. No es verdad que la actual ley del aborto incite a las mujeres a interrumpir su embarazo. Las cifras dicen exactamente lo contrario. Desde la aprobación de la actual ley, vigente desde 2010, hemos bajado en casi 20.000 abortos. Es mentira que se use el aborto cual método anticonceptivo o que haya "barra libre", como usted dice. La regulación es estricta y hay controles y garantías para determinar si hay motivo de aborto más allá de las 14 semanas. Y se informa a todas las mujeres adecuadamente, de hecho deben transcurrir tres días desde que se proporciona esa información hasta que se practica el aborto, así lo determina el artículo 14. Es importante que exista un marco legal adecuado como el actual y no lo es menos el restablecimiento, para evitar embarazos no deseados, de una adecuada educación afectivo-sexual y reproductiva que ustedes sacaron de las aulas.   

Como ciudadana, me indigna y hasta me avergüenza que la derecha de este país argumente que hay que dejar de abortar y tener más niños porque, si no, no podremos pagar las pensiones. Y aún más que lo diga tras dedicarse durante los últimos siete años - hasta que les echamos del Gobierno por corruptos- a recortar derechos de las trabajadoras. Su reforma laboral precarizó el trabajo y condenó a millones de mujeres a salarios ínfimos, jornadas parciales no deseadas y aumentó la brecha salarial. No fue la crisis, fue el PP quien hizo eso. La falta de estabilidad laboral, unida a las nulas políticas en pro de la conciliación y la corresponsabilidad, componen un cóctel perfecto para que la natalidad se sitúe bajo mínimos. 

Políticas pensadas para hacer un poco más fácil la vida de las personas, mujeres y hombres, que les permitan plantearse la paternidad y maternidad sin miedo a no poder cuidar de esos hijos por horarios infames, acciones encaminadas a fomentar el empleo digno, subida del Salario Mínimo Interprofesional, equiparación de permisos de paternidad y maternidad, leyes para combatir la brecha salarial y perseguir las desigualdades en las remuneraciones de mujeres y hombres a igual trabajo y responsabilidad, impulso a la red de escuelas públicas de cero a tres años, más recursos para la dependencia, un acuerdo para mejorar las condiciones de las y los autónomos... Todo ello, contemplado por el gobierno socialista y plasmado en los Presupuestos Generales del Estado, sí que contribuye a invertir la peligrosa curva descendente de la natalidad. Pero sus propuestas involucionistas, retrógradas y patriarcales no sirven para nada de lo que dicen perseguir. 


Por si no se acuerda, ya luchamos contra la reforma que pretendía Gallardón, que en 2014 acabó por dimitir tras tirar la toalla. Su partido también renunció a modificar la ley, excepto en lo que se refería a las menores de 18 años. Y la retiró por la oposición dentro incluso del PP y porque las encuestas mostraban el rechazo de la mayoría de la sociedad a esa propuesta. ¿Por qué, entonces, insiste usted en ello, señor Casado? ¿Sus amigos de Hazte Oír, a quienes el ministerio de Justicia acaba de revocar la declaración de utilidad pública por transfobos, le pasan factura por sus apoyos? Sea como sea, advertidas quedan todas las mujeres de este país, para que tomen buena nota cuando sean convocadas a las urnas. 

Hace cinco años, dimos la batalla política y ciudadana en defensa de nuestros derechos, cuando intentaron recortarlos. Y la seguiremos dando. El Tren de la Libertad salió el 1 de febrero de 2014 y continúa en la estación, dispuesto a arrancar cuando sea necesario.  



martes, 28 de agosto de 2018

EL PP Y LAS MUJERES, O CÓMO RETROCEDER EN DERECHOS

En pleno estío y descanso vacacional, el PP ha decidido que ya no le hace falta disimular. Y se ha echado al monte. Lo ha hecho en muchos aspectos y lo ha perpetrado en compañía de su partido hermano - ideológicamente hablando - , esto es, de Ciudadanos. Las mujeres y nuestros derechos no nos libramos de esa nueva deriva o, para ser más, exactos, de ese ataque de sinceridad. Porque, para qué vamos a andarnos con rodeos: ni el PP ni C's han sido nunca partidos feministas, ni siquiera por aproximación. Pero mientras el PP ha estado gobernando y lo ha hecho, como en los últimos dos años, en minoría, no le ha quedado más remedio que disimular, aunque fuera a medias, y aceptar acuerdos tan importantes como el Pacto de Estado sobre violencia de género al que las y los socialistas le arrastramos literalmente.

Sabido es que la cabra tira al monte y el PP a la derecha, que es su espacio natural. Y eso es lo que ha hecho en los últimos meses, desde la oposición y con un nuevo liderazgo, más joven pero igual de conservador y tan carente de preocupación por los derechos de las mujeres como que el anterior. Así, a la primera de cambio Pablo Casado y otros y otras líderes y lideresas populares, han mostrado sus cartas machistas: En la ponencia de su Congreso, en julio pasado, consideraba el aborto como un fracaso de la sociedad. Su vicesecretaria de Estudios, Andrea Levy, manifestó el pasado miércoles que le preocupa que el aborto sea un derecho y, para terminar de arreglarlo, mienten respecto al regreso a un supuesto consenso, el de la ley de 1985, que nunca existió porque alguien votó en contra. Para ser exactos, fue la formación de la que es heredera el PP, Alianza Popular, la que no sólo votó en contra sino que recurrió aquella ley de supuestos del gobierno socialista de Felipe González ante el Tribunal Constitucional. 

Algo similar están haciendo con el Pacto de Estado sobre Violencia de Género que suscribieron con el resto de fuerzas políticas hace un año. la aprobación en la comisión de Igualdad del Congreso el 28 de julio de 2017 fue unánime y sólo Podemos se desmarcó con una abstención en la aprobación plenaria dos meses después. EL PP asintió en los dos casos. Ahora, tras casi un año de inacción, tras nueve meses en el que el Gobierno de Rajoy no ejecutó ninguna de las medidas del Pacto y aún menos desarrolló legislativamente lo que estaba obligado a hacer,  intenta desmarcarse con excusas peregrinas.


El nuevo Gobierno, presidido por Pedro Sánchez y con la vicepresidencia de Carmen Calvo que además se responsabiliza de las políticas de Igualdad, ha querido recuperar cuanto antes el tiempo perdido por el PP. Porque nos continúan matando y porque ya vamos tarde con el desarrollo de las medidas del Pacto de Estado. Por eso, en el último Consejo de Ministros antes de la breve pausa vacacional, el Ejecutivo aprobó el Real Decreto-Ley 9/2018, de 3 de agosto, de medidas urgentes para el desarrollo del Pacto de Estado contra la violencia de género. Entre otras medidas, el Real Decreto fija los criterios de distribución de la cantidad asignada en 2018 a los municipios para la asistencia a las víctimas desde la proximidad, a quienes se devuelven sus competencias; modifica la Ley Orgánica 1/2004 de violencia de género en diferentes aspectos con la finalidad de incrementar y mejorar la protección y asistencia a las mujeres que sufren violencia machista, así como para la acreditación de su condición de víctimas, algo estrechamente ligado al reconocimiento de sus derechos. Y no será necesaria la interposición de denuncia. También se refiere el RDL a los y las menores que sufren estas situaciones, de manera que deja de ser necesario el consentimiento de padre - en estos casos, el maltratador- y madre para su atención y asistencia psicológica, en el ejercicio de la patria potestad.


Todo ello está recogido en las 214 medidas del Pacto de Estado, aprobado, insisto y recuerdo por el PP. Y si este partido pretende romper la necesaria unidad contra la violencia machista con el argumento de que no se justifica la aprobación de un Real Decreto-Ley por la urgencia de las medidas, que se lo diga a todas y cada una de las familias destrozadas por la violencia más terrible que sufre nuestra sociedad. Lamentablemente, son ya más de 950 las víctimas mortales de la violencia machista en España desde que tenemos cifras. Muchísimas más las que día a día la están padeciendo y que necesitan una actuación decidida y sin excusas tanto de los poderes públicos como de la sociedad en su conjunto.

A esta ofensiva contra el Pacto de Estado iniciada por el partido Popular se ha sumado alguna organización de jueces, mientras que otras han salido en su defensa. En contra del argumento esgrimido por la asociación Francisco de Vitoria, de que las medidas no han sido "meditadas, debatidas y examinadas" - cuando lo fueron en sede parlamentaria durante meses y están aprobadas por el Congreso de los Diputados- otra asociación no menos representativa, Juezas y Jueces para la Democracia, acaba de publicar un comunicado en el que asegura que "no podemos afirmar la inexistencia de urgencia alguna para alcanzar la puesta en práctica de las medidas" y añade que "más bien consideramos necesarias e imprescindibles las reformas legislativas encaminadas a conseguir su efectividad".

El debate sobre las medidas del Pacto ya tuvo lugar, ahora hace falta dotarlo y ejecutarlo, que es lo que está haciendo el gobierno socialista de Pedro Sánchez. Sabemos  que el PP nunca tuvo auténtica voluntad de hacer ni creyó de verdad en la necesidad de esas medidas. Lo único que se le pide es lealtad al pacto que suscribió y, sobre todo, decencia ante las mujeres que sufren día a día esta violencia injustificable. Y, respecto al aborto, menos mentiras y tengan claro que las mujeres no daremos ni un paso atrás en nuestros derechos. Ni en éste ni en ningún otro. Entre otras cosas, porque nos va la vida en ello.


lunes, 1 de febrero de 2016

YO ESTUVE EN EL TREN DE LA LIBERTAD


Hoy se cumplen dos años de la multitudinaria manifestación del Tren de la Libertad. Miles de mujeres y de hombres nos manifestamos aquel sábado 1 de febrero de 2014 desde Atocha hasta los alrededores del Congreso de los Diputados reclamando el mantenimiento del derecho al aborto. La iniciativa partió de un grupo de feministas de Gijón que decidieron movilizarse contra la intención del gobierno del PP, y en particular del entonces ministro de Justicia Alberto Ruiz Gallardón, de reformar la vigente Ley de salud sexual y reproductiva y de interrupción voluntaria del embarazo.

A aquella primera iniciativa de las feministas asturianas se sumaron numerosos grupos de mujeres de toda la geografía española, así como partidos políticos progresistas, liderados por el partido  socialista, y sindicatos.  El resultado fue una marcha histórica que consiguió frenar la embestida del PP contra el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo, sobre su maternidad. Frenó un intento de devolvernos a las cavernas, de trasladarnos en el túnel del tiempo hasta otros tiempos en los que ni estaba permitida la contracepción ni, por supuesto, el aborto. Tiempos en los que las mujeres acudían al mercado negro para conseguir anticonceptivos y en los que, las que podían, viajaban a Londres para evitar la progresión de un embarazo en absoluto deseado. Otras perecían en el intento o sufrían graves consecuencias físicas y psicológicas al someterse a abortos clandestinos. Hasta ahí nos quería conducir el PP, pero luchamos denodadamente y conseguimos frenarlo.    

Aquel fue un triunfo importante, pero parcial. El partido en el gobierno no cejó en su empeño de reformar uno de los aspectos de la Ley que impulsó el presidente Zapatero en 2010 y les arrebató a las jóvenes de 16 y 17 años la potestad de decidir por sí mismas si querían seguir o no adelante con sus embarazos. Si eso no fuera suficientemente grave - y a pesar de que Gallardón acabó dimitiendo y que el ministro de Educación, no menos cuestionado, también fue relevado en el cargo- el gobierno de Rajoy recortó tanto como pudo la inversión en programas de educación y prevención de embarazos no deseados y acabó con la asignatura de Educación para la Ciudadanía. En definitiva, demostró que había cedido de buen grado a las presiones de la Iglesia católica y de las organizaciones provida que tantos favores en forma de manifestaciones contra el gobierno Zapatero les había hecho cuando el PP estaba en la oposición. Ni más, ni menos. 

Pasados dos años, revisando el impacto de aquella manifestación y revisionando el magnífico documental realizado por un grupo de cineastas, llego a varias conclusiones y experimento un regusto agridulce: 

1) Se puede decir que lo logramos, que hubo un antes y un después de aquella macha del Tren de la Libertad. Seguramente por eso nos animamos hace unos meses, el 7 de noviembre de 2015, a participar en otra marcha no menos multitudinaria, un clamor que recorrió las mismas y madrileñas calles, esta vez para exigir un Pacto de Estado contra las violencias machistas.  

2) A las mujeres se nos sigue infantilizando, se nos trata como a seres inferiores que debemos ser tutelados por los hombres y por el Estado. De otra manera, y por muy de derechas que sea un gobierno, no cabe en la cabeza semejante ofensiva contra unos derechos adquiridos desde hacía tanto tiempo y que buena parte de la sociedad consideraba no sólo asentados sino indiscutibles. Por la misma lógica se entiende, que no se comprende, que cueste tanto tomar medidas serias contra la violencia de género y que la sociedad tarde tanto en reaccionar contra el terrorismo machista.

3) Constatamos que la repercusión mediática de aquella macromanifestación no fue la justa ni la debida. Cualquier otra causa de tamañas dimensiones, sin ni siquiera incidir en la mitad de la población española como era el caso, hubiese acaparado muchos más titulares, portadas y aperturas de noticiarios que lo que consiguió aquel Tren de la Libertad. Lo mismo podemos decir de la repercusión del 7N de 2015. Ergo, los arquetipos patriarcales siguen asentados en las redacciones de los medios, mal nos pese. Lo sabemos y debemos combatirlos, es una cruzada imprescindible para conseguir una sociedad más igualitaria. 

4) No podemos ni debemos bajar la guardia. Las mujeres y los hombres que creemos de verdad en la igualdad somos muchos y muy combativos. Y tenemos el deber de contagiar al resto de la sociedad que permanece adormecida por el letargo patriarcal. Tenemos un compromiso. Unos y otras lo ejercen desde la sociedad civil, desde asociaciones de todo tipo. Otras y unos simplemente desde su compromiso individual. Y otras y otros, como es mi caso, desde el compromiso político firme y decidido. 

La lucha continúa y bebe de las fuentes de días históricos como aquel 1 de febrero de 2014. Para mí es una satisfacción poder decir que yo estuve allí.